viernes, 16 de marzo de 2012


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En Cristo.

Disfrutando la Palabra.



EL DIOS TRIUNO

Dos acontecimientos sobresalientes en la historia de la iglesia llevaron a los denominados “padres apóstolicos” a la formulación del dogma ortodoxo de la Trinidad. El primero de estos acontecimientos fue el surgimiento durante los albores del siglo II d.C. del gnosticismo como religión sincretista del cristianismo. Ya en los escritos paulinos y juanínos se encontraban rastros de esta herejía, pero no en la magnitud clara en insidiosa que sustentaba ya para el siglo II d. C. El segundo acontecimiento, fue el surgimiento de las herejías anti-trinitarias durante los siglos III y IV d.C. Dichas herejías fueron: (1) el monarquianismo, con sus dos grandes divisiones: los ebioníticos, unitarios o monarquianos dinámicos; y los monarquianos modalistas en sus dos sub-divisiones de patripasianos y de sabelianos, (2) el arrianismo y (3) el macedonianismo. Los monarquianos eran contrarios a la persona del Padre, los arrianos a la persona del Hijo y los macedonianos a la persona del Espíritu Santo. Estos dos notables acontecimientos, el surgimiento del gnosticismo y el surgimiento de las herejías anti-trinitarias, dieron paso al surgimiento de los grandes apologistas dentro de la iglesia, entre los cuales podemos mencionar a: Justino Martír (†165 d.C.), Ireneo de Lyon (130-202 d.C.), Clemente de Alejandría (†215 d.C.), Tertuliano de Cartago (160-220 d.C.) y Orígenes de Alejandría (†254). De estos cinco, el que mayor aporte brindo a la formulación del dogma Trinitario fue Tertuliano de Cartago, quien expresó el primer concepto sobre la Trinidad en su obra Contra Práxeas. Otra contribución invaluable al dogma Trinitario la realizó Atanasio de Alejandría (296-373 d.C.), con la formulación de su Credo y dentro de los debates realizados en el Concilio de Nicea (325 d.C.). Luego, dentro del transcurso de la historia eclesiástica, se sumaron los aportes realizados por Agustín de Hipona (354-430 d.C.) en su monumental obra De Trinitate, en la cual el retomo las enseñanza de los padres apostolicos que le presedieron a fin de definir claramente los dos aspectos de la Trinidad: el aspecto económico y el aspecto esencial (véase De Trinitate, Libro I, Caps. 9 y 10). Pero de toda la historia del surgimiento del dogma de la Trinidad, podemos decir, que de los padres apostólicos, los que mayor aporte hicieron a la ortodoxia de la Trinidad fueron Ireneo de Lyon, Hipólito de Roma (170-236 d.C.) y Tertuliano de Cartago al enseñar que la Trinidad poseía un aspecto económico; y los tres grandes maestros capadocios: Basilio de Cesárea (329-379 d.C.), Gregorio de Niza (330-394 d.C.) y Gregorio de Nacianzo (329-389 d.C.) los cuales enfatizaron el aspecto esencial de la Trinidad, y definieron y estandarizaron los concepción de los términos: persona, hipóstasis, esencia y sustancia, cuyos significados fueron debatidos dentro de la iglesia latina y griega por muchos años. Charles Hogde comenta lo siguiente respecto a este debate etimologico:

“Debido a que el usus loquendi de ciertos términos importantes no estaba determinado en aquel tiempo. Por ejemplo, la palabra hypostasis se empleaba en dos sentidos opuestos. Se tomaba con frecuencia en su sentido etimológico como sustancia, y es empleada por el Concilio como sinónimo de ousia. Pero ya había comenzado a ser empleado en el sentido de persona. Por cuanto expresa realidad, en oposición a lo que es fenoménico o aparente, o modo de manifestación, vino a ser empleado universalmente en la Iglesia Griega, en el segundo sentido, como salvaguarda contra la idea de una Trinidad meramente modal. Se admite que tendría que prevalecer una gran confusión si alguien dijera que hay sólo una hypostasis en la Deidad, y otro que hay tres, cuando los dos estuvieran significando la misma cosa, el uno usando la palabra en sentido de sustancia, y el otro en el de persona. En la Iglesia Latina se experimentó la misma dificultad con el uso de las palabras substantia y subsistentia. Estas palabras eran frecuentemente intercambiadas como equivalentes, y se empleaban las dos, a veces en el sentido de sustancia, y a veces en el de suppositum. El uso finalmente determinó que el primero significara sustancia o esencia, y el segundo un modo en el que existe la sustancia, esto es, suppositum. Así, según el uso establecido, en la Deidad hay una sustancia, y tres subsistencias. Para expresar la idea de una suppositum intelligens, o agente auto-consciente los griegos empleaban el término prosöpon. Pero como este término significa propiamente el rostro, el aspecto, y era empleado por los Sabelianos para expresar su doctrina del triple aspecto en el que se revelaba la Deidad, fue rechazado y se adoptó la palabra hypostasis. La palabra latina persona (de per y sono) significa propiamente una máscara llevada por un actor y a través de la que hablaba, y luego el papel o carácter que el actor representaba, por causa de esto, esta palabra tuvo dificultades hasta ser aceptada en la terminología de la teología” (Charles Hodge, Teología sistemática, Editorial Clie, Vol. I, págs. 327-328, 1991).

La Enciclopedia Teologica Sacramentum Mundi añade:

“El Dios uno existe, en tres ‘personas’ o ‘subsistencias’ o ‘hipóstasis’, que son la única naturaleza divina (physis), la única esencia (oúsía) divina, la única substancia divina (diferente de la subsistencia). Las personas son iguales, por igual eternas y omnipotentes. No se da una definición solemne de los conceptos así usados (persona, hypostasis, physis, oúsía, substancia), ni de las eventuales diferencias entre persona e hypóstasis. El sentido de estas palabras debe sacarse de una difícil correlación de los motivos que las acuñaron; de las determinaciones de estas palabras en la teología escolástica; del sentido que ellas mismas tienen en las afirmaciones dogmáticas con su oposición dialéctica de los conceptos (hypostasis-óusía); y de la circunstancia de que ‘esencia’ aquí es más fácilmente comprensible, significando el ser divino, la divinidad de estas tres personas en la absoluta identidad de esa esencia de Dios. Las manifestaciones más recientes del magisterio no han tenido en cuenta el desarrollo ulterior del concepto de ‘persona’, sino que siguen usándolo en el sentido que la palabra había recibido en las luchas antiarrianas y en la cristología” (Trinidad, K. Rahner, Enciclopedia Teológica Sacramentum Mundi, Herder, Barcelona, 1972-1975).

Y Michael Schmaus por su parte nos dice:

Los Padres griegos empleaban al principio las palabras usia e hipóstasis como expresiones sinónimas para designar las tres distintas Personas divinas de Dios, mientras que con la expresión Physis designaban por regla general la esencia única. Los capadocios (San Basilio) fueron los primeros en crear una terminología fija, designando con la palabra usía la esencia única y empleando la expresión hipóstasis para designar los tres sujetos divinos (iris hypostaseis, mía usía). Se trató de evitar la palabra Prosopon, por haber abusado de ella los sabelianos, los cuales la acomodaron a sus doctrinas. Entre los latinos fué Tertuliano el que fijó las expresiones substantia y natura, designando con ellas la esencia única, y empleó la palabra persona para designar los tres sujetos distintos de la esencia única (una substantia, tres personaé). En el tiempo que media entre Tertuliano y San Agustín se generalizó la expresión essentia, designando con ella la esencia única. Bien que los latinos hablan a veces de tres substantiae en el sentido de tres personaé (San Agustín), por lo general tratan de evitar la expresión substantia, correspondiente a la palabra griega hipóstasis, cuando hablan de las personas divinas (Michael Schmaus, Teologia Dogmatica, Vol. I: La Trinidad de Dios, Ediciones Rialp, págs. 291-292, 1960).

De toda esta histórica disputa etimologica, se llego a la conclusión que los terminos hipóstasis, sustancia y persona eran sinónimos; mientras que el termino esencia denotaba la naturaleza constitucional de la Deidad. De tal manera, que el Dios Triuno posee una sola esencia y tres hipóstasis o esencias o personas, según sea el caso. Sin embargo, hay que señalar que de estos tres términos sinónimos el mas deficiente es persona, ya que si dicho termino no es bien definido puede dar lugar, como Griffith Thomas comenta, al triteismo; puesto que los seres humanos somos tendientes a pensar que tres personas estas separadas la una de la otra, y que por mas que lo intenten nunca podrán formar un solo ser. Si bien es cierto que la Biblia nos muestra categóricamente que tanto el Padre, como el Hijo y el Espíritu poseen cualidades de personas, pues ambos razonan, poseen emociones y accionan Su voluntad individual, no obstante, los tres no son tres personas separadas la una de la otra, los tres son diferentes y distinguibles, pero nunca separados. Es sobre este aspecto de la Trinidad, el cual tiene que ver con el lado económico de la misma, que se vuelve importante mencionar y destacar el aporte brindado por el moderno reformador escoses y compañero de estudios de Karl Barth, Thomas Forsyth Torrance (1913-2007 d.C.). Torrance se percato bíblicamente que los tres de la Trinidad divina eran coinherentes, es decir, que el uno moraba dentro del otro y viceversa de forma simultánea y eterna (cf. Jn. 8:29; 10:37-38; 14:10-11; 17:21, 23); de tal manera, que es un error el concebirlos separados el uno del otro, y una herejía el considerar que el único Dios se revela en tres modos de subsistencia diferentes en un período de tiempo especifico, restándole la eternidad a cada una de las tres hipóstasis[1] de la Trinidad y Su coexistencia mutua y simultanea (cf. Jn. 1:1-2). Partiendo de todo este precedente histórico de la teología de la Trinidad podemos enunciar el siguiente concepto de la Trinidad:

“Dios es uno en esencia (Is. 44:6-8; 45:5; 1 Co. 8:4; 1 Ti. 2:5; Dt. 6:4-5; Jn. 10:30; Ef. 4:4-6); mas es tres en cuanto a Su economía o plan (Gn. 1:1, 26; 3:22; 11:7; Mt. 28:19; 3:16-17; 28:19; 1 Co. 12:3-6; 2 Co. 13:14; Jn. 14:16; 1 P.1:2, Jud. 20-21). El es tres en uno, es decir, que El es “triuno” (en latín, “tri” significa tres y “uno” significa uno). Es por eso que le llamamos el “Dios Triuno”. La esencia de Dios es una sola, sin embargo, Sus Substancias o hipóstasis son tres. En esencia, El es un solo Dios, pero en cuanto a Su economía eterna, El es el Padre, el Hijo y el Espíritu. El Padre elige (Ef. 1:3-6), el Hijo redime (Ef. 1:7-12) y el Espíritu aplica en los elegidos del Padre los logros del Hijo (Ef. 1:13-14). El Padre, como origen, es la fuente; el Hijo, como expresión, es el manantial; y el Espíritu, como trasmisión, es el fluir. Estas funciones económicas son inseparables de cada hipóstasis de la Trinidad. Nunca se nos dice que el Padre muera por el hombre, ni nunca tampoco se nos dice que el Espíritu elija. Si bien es cierto, existe una distinción económica entre los tres de la Trinidad, no obstante, no existe una separación esencial. El Padre es distinto al Hijo, el Hijo es distinto al Espíritu, y el Espíritu es distinto al Hijo y al Padre; pero no podemos decir que estén separados, ya que moran el uno en el otro (Jn. 8:29; 10:37-38; 14:10-11; 17:21, 23). La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu de la Trinidad no consiste solamente en que ellos coexisten simultáneamente y sean coiguales, sino en que ellos moran mutuamente el uno en el otro. Coexistir significa existir juntos al mismo tiempo (Jn. 1:1-2); mientras que morar el uno en el otro, según se aplica a la Trinidad, significa que el Padre, el Hijo y el Espíritu están el uno en el otro y, por ende, existen juntos eternamente. En ese sentido, cuando afirmamos que cada hipóstasis posee una función económica singular, no podemos afirmar que la realice en total independencia de las otras dos. Asimismo, también podemos afirmar que cada una de estas hipóstasis son Dios (Ro. 1:7; He. 1:8; Hch. 5:3-4). El Padre es Dios (1 P. 1:2; Ef. 1:17); el Hijo es Dios (He. 1:8; Jn. 1:1; Ro. 9:5); y el Espíritu es Dios (Hch. 5:3-4). Y sin embargo, son un solo Dios, y no tres Dioses separados. Cada una de estas hipóstasis son eternas (Is. 9:6; He. 1:12; 7:3; 9:14). El Padre es eterno (Is. 9:6); el Hijo es eterno (He. 1:12; 7:3); y el Espíritu también es eterno (He. 9:14). Y sin embargo, son un solo Dios eterno, no tres. Cada una de las hipóstasis de la Trinidad son personas (es decir, que tienen razonamiento, emociones y voluntad propia), El Padre es una persona, el Hijo es una persona y el Espíritu es una persona, sin embargo, no es apropiado llamarlas de esa manera, pues este término da lugar al triteísmo. Además, cada una de las hipóstasis de la Trinidad es Santa (Ap. 4:8; 15:4; Hch. 3:14; 1 Jn. 2:20), Verdadera (Jn. 7:28; Ap. 3:7; 1 Jn.5:6), Omnipresente (Jer. 23:24; Ef. 1:23; Sal. 139:7), Omnipotente (Gn. 17:1; Ap. 1:8; Ro. 15:19; Jer. 23:17; He. 1:3; Lc. 1:35), Omnisciente (Hch. 15:18; Jn. 21:17; 1 Co. 2:10-11), Creadora (Gn. 1:1; Jn. 1:3; Col. 1:16; Job 26:13; 33:4; Sal. 148:5), Santificadora (Jud. 1; He. 2:11; 1 P. 1:2; Ro. 15:16), Enseña (Lc. 21:15; Jn. 2:20, 15; 14:26; Gá. 1:12; Is. 48:17; 54:13), Inspirar a los profetas (Mr. 13:11; He. 1:1; 2 Co. 3:13; 2 P. 1:21; 2 Ti. 3:16), está inmersa en la resurrección de Cristo (1 Co. 6:14; Jn. 2:19; 1 P. 3:18), está inmersa en la salvación (2 Ts. 2:13; Tit. 3:4-6; 1 P. 1:2; Gá. 4:6), el Bautismo (Mt. 28:19), cada una es denominada Jehovah (Dt. 6:4; Jer. 23:6; Ez. 8:1, 3), el Señor (Ro. 10:12; Lc. 2:11; 2 Co. 3:18), el Dios de Israel (Mt. 15:31; Lc. 1:16-17; 2 S. 23:2-3), el Legislador (Ro. 7:25; Gá. 6:2; Ro. 8:2; Stg. 4:12), la Fuente de Vida (Dt. 30:20; Col. 3:4; Ro. 8:10), cada una hizo a la humanidad (Sal. 100:3; Jn. 1:3; Job 33:4), resucita a los muertos (Jn. 5:21; 6:33), comisiona para el ministerio (2 Co. 3:5; 1 Ti. 1:12; Hch. 20:28), y efectúan toda clase de operaciones espirituales (1 Co. 12:6; Col. 3:11; 1 Co. 12:11). Todo esto, lo son cada hipóstasis al mismo tiempo y no en modos ni etapas, y lo son eternamente. Por ello afirmamos y reiteramos, como ya se dijo con anterioridad, que cada una de estas tres hipóstasis coexisten eternamente al mismo tiempo entre sí, y no en modos o etapas sucesivas (Gn. 1:26; Jn. 1:1; 14:16-17; 17:5; Mt. 3:16-17; Ef. 3:14-17). Retomando este tema del morar mutuo, dijimos que cada una de las tres substancias o hipóstasis moran la una en la otra eternamente, y no son tres Dioses separados, esto quiere decir, que son coinherentes una de la otra. El Hijo nunca hizo nada separado del Padre (Jn. 5:19). El vino en el nombre del Padre (Jn. 5:43) y con El (Jn. 8:29; 16:32). El está en el Padre, y el Padre está en El (Jn. 14:10-11). Además, fue engendrado por el Espíritu Santo (Lc. 1:35; Mt. 1:18, 20) y lo hizo todo por el Espíritu (Lc. 4:1, 18a; Mt. 12:28). En el griego, como John Nelson Darby comenta, la preposición pará denota “de” y “con” a la misma vez, de tal manera que el Hijo vino del Padre y con el Padre. Esta expresión griega aparece en el evangelio de Juan en Jn. 1:6, 14, 39, 40; 4:9, 40, 52; 5:34, 41, 44; 6:45, 46; 7:29, 51; 8:26, 38, 40; 9:16, 33; 10:18; 14:17, 23, 25; 15:15, 26; 16:27, 28; 17:5, 7, 8; 19:25. La coinherencia también puede ser apreciada dentro del libro de Apocalipsis, por ejemplo: (1) En Ap. 1:4-5 al Padre se le llama “El que era, El que es y El que ha de venir”, el cual es un titulo propio del Hijo; (2) En Ap. 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14 se nos dice que es el Cristo glorificado el que habla a las iglesias, mientras que en Ap. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22 se nos dice que es el Espíritu el que habla a las iglesias; (3) En Ap. 5:6 se nos dice que el Cordero como recién inmolado que tiene siete cuernos y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios, estaba delante del trono de Dios, mientras que en Ap. 1:4 y 4:5 se nos dice que son los siete espíritus los que están delante del trono de Dios; (4) En Ap. 22:1 se nos habla del trono de Dios y del Cordero dándonos a entender con esto que no hay dos tronos sino uno solo, puesto que Dios el Padre y el Cordero son uno solo y no están separados. Por su parte, el Espíritu fue enviado de y con el Padre, y en el nombre del Hijo (Jn. 15:26; 14:26). El Espíritu vino como la realidad del Hijo, que es la realidad y la vida (Jn. 14:17; 15:26; 16:13 cf. Jn. 14:6; 8:32, 36). El Espíritu vino como el Hijo (Jn. 14:16-18; 1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17-18; Ro. 8:10-11) con el Padre (Jn. 15:26). En base a esta coinherencia de la Trinidad, podemos afirmar, que el Hijo es el Padre (Is. 9:6) y que el Hijo es el Espíritu (1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17). Esto se basa en la esencia de la Trinidad, y es para nuestra experiencia y disfrute, no para nuestro razonamiento. En nuestro hablar sobre las hipóstasis de la Trinidad, única y exclusivamente podemos decir esto y nada más. No podemos afirmar que el Padre es el Espíritu porque la Biblia no testifica esto, debemos ser cuidadosos en nuestro hablar respecto a la coinherencia. La Biblia solo recalca que cuando el Hijo viene, el Padre viene con El (Jn. 8:29; 16:32) pues son una misma cosa o esencia (Jn. 10:30; 14:7), y que el Espíritu es la realidad del Hijo (Jn. 14:17-18), por ello el Hijo es el Espíritu (2 Co. 3:17). Finalmente, podemos decir que cada una de las hipóstasis de la Trinidad mora en el creyente y el creyente mora en el Dios Triuno (Jn. 6:56; 14:10, 17, 20, 23; 15:4; 17:21, 23; Ro. 8:9-11; 1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; 13:5; Ef. 2:22; 3:17; 4:6; Col. 1:27; 1 Jn. 2:23). Este aspecto tan misterioso del Dios Triuno es el que le da mayor realce a la concepción de la coinherencia de la Trinidad. En conclusión, las hipóstasis de la Trinidad no pueden ser confundidas en cuanto a Sus funciones económicas, pero si en cuanto a Sus funciones esenciales. Debemos tener siempre presente que por causa de la coinherencia cuando uno viene los otros dos también vienen con Él”.

La Trinidad en el Antiguo Testamento:

El empleo del nombre hebreo Elohim (Gn. 1:1), el cual es un nombre en plural, denota que Dios es uno y a la vez tres. El empleo de frases, tales como: “hagamos”, “a nuestra” y “descendamos” en el libro de Génesis también es un indicio de la pluralidad del único Dios (cf. Gn. 1:26; 11:7). Asimismo, cada uno de los componentes de la Trinidad es mencionado en el Antiguo Testamento: (1) El Padre. Is. 63:16; Mal. 2:10. (2) El Hijo de Jehovah (Sal. 45:6-7; 2:6-7, 12; Pr. 30:4). El Mesías es descrito con títulos divinos (Jer. 23:5-6; Is. 9:6). Se hace mención del misterioso Ángel de Jehovah que lleva el nombre de Dios, y que tiene poder para ora perdonar pecados, o retenerlos (Éx. 23:20-21). Y (3) El Espíritu Santo (Gn. 1:2; Is. 11:2-3; 48:16; 61:1; 63:10).

La Trinidad en el Nuevo Testamento:

Varios pasajes del Nuevo Testamento mencionan las tres hipóstasis divinas. Comparece Mt. 3:16-17; 28:19; Jn. 14:16-17, 26; 15:26; 2 Co. 13:14; Gá. 4:6; Ef. 2:18; 2 Ts. 3:5; 1 P. 1:2; Ef. 1:3, 13; He. 9:14.


[1] Transliteración castellana de la palabra griega hypostasis. Los primeros teólogos cristianos recurrieron al término hipóstasis para referirse a la sustancia misma de la Trinidad. Este término procede del griego, donde hypo significa “debajo de” y stasis significa “algo sustancial que sirve de soporte subyacente”. La forma castellanizada de esta palabra griega es hipóstasis, y es invariable en número. Ella significa un soporte o sustancia esencial subyacente, lo cual se refiere a la constitución intrínseca de la Deidad Triuna, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu. En teología, la palabra hipóstasis gradualmente comenzó a ser entendida como “personas”. A esto se debe que según el diccionario, una de sus acepciones sea el de persona; ésta es una definición teológica. Pero nosotros tenemos que comprender que la Trinidad Divina es la constitución intrínseca del Dios Triuno. Cuando hablamos del impartir divino de la Trinidad Divina, nos referimos a que la constitución intrínseca de nuestro Dios Triuno sea impartida en nuestro ser a fin de que Su constitución intrínseca llegue a ser la nuestra.