La Peña de Horeb.


Lectura bíblica:

Éxodo 17:6  “He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel”.

1 Corintios 10:4  “y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.

1 Corintios 12:13  “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”.

Juan 4:13-14 “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

Comentario:

Según la revelación del Nuevo Testamento, la Roca de la cual los hijos de Israel bebieron en el desierto era una figura de Cristo (1 Co. 10:4), la Roca de salvación (Léase Dt. 32:15; 2 S. 22:47; Sal. 18:2, 46; 62:2, 6; 89:26; 95:1; Mt. 16:18; Ro. 9:33). Moisés tenía que golpear esta Roca una sola vez  (Éx- 17:6 cf. Nm 20:7-10) a fin de que el agua que daría la vida a los hijos de Israel en el desierto pudiera brotar de ella. Sin embargo, Moisés golpeo dos veces esta Roca (Nm. 20:11-12), y Jehová le castigo impidiéndole entrar en el disfrute de la tierra prometida (Dt. 4:21-22, 32:48-52). El Señor quería que Moisés golpeara una sola vez la roca, ya que Cristo padeció una sola vez por nuestros pecados (1 P. 3:18).

Cristo, la Roca, fue a la cruz para ser golpeado para nuestra salvación, y estando en ella, fue traspasado en Su costado por una lanza romana a fin de que el agua de vida pudiera fluir de Su costado traspasado (Jn. 19:34). Esta es el agua que Él ofreció a la mujer samaritana (Jn. 4:10, 14), es el agua que Él también ofreció a aquella multitud en la fiesta de los Tabernáculos (Jn. 7:37-38), es el Espíritu del Cristo resucitado (Jn. 7:39; 1 Co. 12:13). El que beba de esta agua no volverá a tener sed.

Esta es la abundante suministración del Espíritu de Jesucristo (Fil. 1:19), y lo mas maravillosos de todo, es que como Pablo lo dice en 1 Corintios 10:4, esta Roca nos sigue por todos lados. Cuando creímos se nos dio a beber de esta Roca (1 Co. 12:13) y nacimos de ella (Jn. 3:5), ahora esta fuente, esta Roca maravillosa esta en nuestro interior, en nuestro espíritu (2 Ti. 4:22); así que no importa a donde vayamos, esta Roca nos sigue a donde quiera y está disponible para nosotros en el momento que lo requiramos.




Un día a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? (Hch. 16:25-30). Ciertamente que estos dos amados hermanos había aprendido a sacar con gozo aguas de los manantiales de la salvación (Is. 12:4); es decir, que ellos había aprendido a beber del agua que brota de la Roca que mora en nuestro espíritu. La experiencia de estos hermanos, así como la experiencia de muchos santos a lo largo de la historia de la iglesia concuerda con el hecho de que la mejor forma de beber del agua viva es: (1) Invocar el nombre del Señor (Hch. 2:21; 7:59-60), (2) cantar himnos y canticos espirituales (Ef. 5:18-20); y en último lugar, no porque sea lo menos importante, tenemos (3) el orar (Ef. 6:18; Jud. 20).

Si bebemos del agua viva, esta se convertirá en nosotros en un fuente que salte de nuestra entrañas para dar vida eterna a otros, eso fue lo que sucedió con Pablo y Silas, ellos bebían de la Peña y la disfrutaban en su interior, y espontáneamente, cuando la oportunidad se presento, en el tiempo del Señor, ellos dieron testimonio con su vivir del agua que saciaba su sed, de tal manera que aquel carcelero pregunto: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”.

Recuerde, que del costado del Señor, la realidad de la Peña de Horeb, brotaron dos cosas muy importantes: (1) la sangre, que tiene que ver con la limpieza exterior de nuestros pecados; y (2) el agua, que tiene que ver con la limpieza interior de nuestra naturaleza de pecado. Esta es la salvación en vida que Dios efectúa según se describe en Romanos 5:10. La vida es simbolizada muchas vecea en la Biblia por el agua y el agua también es un símbolo del Espíritu. En Romanos 8:2 encontramos que el Espíritu es de vida, y las palabras del Señor son Espíritu y son vida (Jn. 6:63). Así que por ello, la Escritura nos dice, que la novia, la iglesia, es santificada por Cristo por medio del lavamiento del agua por la palabra (Ef. 5:25-27 cf. Tit. 3:5; Jn. 15:3; 17:17). Necesitamos la sangre como nuestra coraza (Ef. 6:14; 1 Ts. 5:8) y escudo (Ef. 6:16) para resistir al Diablo; pero también necesitamos la espada del Espíritu (Ef. 6:17), para vencer al enemigo. Note que la espada del Espíritu, que es la Palabra, es también el agua viva (Jn. 7:38-39), porque al enemigo se le ataca disfrutando y bebiendo del agua viva. Mientras más disfrutamos al Señor como el Espíritu (2 Co. 3:17-18) mas vencemos a Satanás; por ello él siempre tratara de cerrar nuestra boca para que no invoquemos, pondrá vergüenza para que no cantemos y pondrá cansancio para que no oremos. Pero resistamos al Diablo, y él huira de nosotros (Stg. 4:7). Nunca perdamos de vista, que la Roca nos sigue donde quiera que vaya, pues: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón” (Ro. 10:8). Amén.

En Cristo.
Disfrutando la Palabra.