EL DIOS TRIUNO
Dos acontecimientos
sobresalientes en la historia de la iglesia llevaron a los denominados “padres
apóstolicos” a la formulación del dogma ortodoxo de la Trinidad. El primero de
estos acontecimientos fue el surgimiento durante los albores del siglo II d.C.
del gnosticismo como religión sincretista del cristianismo. Ya en los escritos
paulinos y juanínos se encontraban rastros de esta herejía, pero no en la
magnitud clara en insidiosa que sustentaba ya para el siglo II d. C. El segundo
acontecimiento, fue el surgimiento de las herejías anti-trinitarias durante los
siglos III y IV d.C. Dichas herejías fueron: (1) el monarquianismo, con sus dos
grandes divisiones: los ebioníticos, unitarios o monarquianos dinámicos; y los
monarquianos modalistas en sus dos sub-divisiones de patripasianos y de sabelianos,
(2) el arrianismo y (3) el macedonianismo. Los monarquianos eran contrarios a
la persona del Padre, los arrianos a la persona del Hijo y los macedonianos a
la persona del Espíritu Santo. Estos dos notables acontecimientos, el
surgimiento del gnosticismo y el surgimiento de las herejías anti-trinitarias,
dieron paso al surgimiento de los grandes apologistas dentro de la iglesia,
entre los cuales podemos mencionar a: Justino Martír (†165 d.C.), Ireneo de
Lyon (130-202 d.C.), Clemente de Alejandría (†215 d.C.), Tertuliano de Cartago
(160-220 d.C.) y Orígenes de Alejandría (†254). De estos cinco, el que mayor
aporte brindo a la formulación del dogma Trinitario fue Tertuliano de Cartago,
quien expresó el primer concepto sobre la Trinidad en su obra Contra Práxeas. Otra contribución
invaluable al dogma Trinitario la realizó Atanasio de Alejandría (296-373
d.C.), con la formulación de su Credo y dentro de los debates realizados en el
Concilio de Nicea (325 d.C.). Luego, dentro del transcurso de la historia eclesiástica,
se sumaron los aportes realizados por Agustín de Hipona (354-430 d.C.) en su
monumental obra De Trinitate, en la cual el retomo las enseñanza de
los padres apostolicos que le presedieron a fin de definir claramente los dos
aspectos de la Trinidad: el aspecto económico y el aspecto esencial (véase De Trinitate, Libro I, Caps. 9 y 10).
Pero de toda la historia del surgimiento del dogma de la Trinidad, podemos
decir, que de los padres apostólicos, los que mayor aporte hicieron a la
ortodoxia de la Trinidad fueron Ireneo de Lyon, Hipólito de Roma (170-236 d.C.)
y Tertuliano de Cartago al enseñar que la Trinidad poseía un aspecto económico;
y los tres grandes maestros capadocios: Basilio de Cesárea (329-379 d.C.),
Gregorio de Niza (330-394 d.C.) y Gregorio de Nacianzo (329-389 d.C.) los
cuales enfatizaron el aspecto esencial de la Trinidad, y definieron y
estandarizaron los concepción de los términos: persona, hipóstasis, esencia y sustancia, cuyos significados fueron debatidos dentro de la iglesia
latina y griega por muchos años. Charles Hogde comenta lo siguiente respecto a
este debate etimologico:
La Enciclopedia
Teologica Sacramentum Mundi añade:
“El Dios uno existe, en tres ‘personas’ o
‘subsistencias’ o ‘hipóstasis’, que
son la única naturaleza divina (physis),
la única esencia (oúsía) divina, la
única substancia divina (diferente de la subsistencia). Las personas son
iguales, por igual eternas y omnipotentes. No se da una definición solemne de
los conceptos así usados (persona, hypostasis,
physis, oúsía, substancia), ni de las eventuales diferencias entre persona
e hypóstasis. El sentido de estas
palabras debe sacarse de una difícil correlación de los motivos que las
acuñaron; de las determinaciones de estas palabras en la teología escolástica;
del sentido que ellas mismas tienen en las afirmaciones dogmáticas con su
oposición dialéctica de los conceptos (hypostasis-óusía); y de la circunstancia de que
‘esencia’ aquí es más fácilmente comprensible, significando el ser divino, la
divinidad de estas tres personas en la absoluta identidad de esa esencia de
Dios. Las manifestaciones más recientes del magisterio no han tenido en cuenta
el desarrollo ulterior del concepto de ‘persona’, sino que siguen usándolo en
el sentido que la palabra había recibido en las luchas antiarrianas y en la
cristología” (Trinidad, K. Rahner, Enciclopedia
Teológica Sacramentum Mundi, Herder, Barcelona, 1972-1975).
Y Michael Schmaus por
su parte nos dice:
Los
Padres griegos empleaban al principio las palabras usia e hipóstasis
como expresiones sinónimas para designar las tres distintas Personas
divinas de Dios, mientras que con la expresión Physis designaban
por regla general la esencia única. Los capadocios (San Basilio)
fueron los primeros en crear una terminología fija, designando con la
palabra usía la esencia única y empleando la expresión hipóstasis
para designar los tres sujetos divinos (iris hypostaseis, mía usía). Se
trató de evitar la palabra Prosopon, por haber abusado de ella los
sabelianos, los cuales la acomodaron a sus doctrinas. Entre los latinos fué
Tertuliano el que fijó las expresiones substantia y natura, designando
con ellas la esencia única, y empleó la palabra persona para designar los tres
sujetos distintos de la esencia única (una substantia, tres
personaé). En el tiempo que media entre Tertuliano y San Agustín se
generalizó la expresión essentia, designando con ella la esencia única.
Bien que los latinos hablan a veces de tres substantiae en el sentido de
tres personaé (San Agustín), por lo general tratan de evitar la
expresión substantia, correspondiente a la palabra griega hipóstasis,
cuando hablan de las personas divinas (Michael Schmaus, Teologia Dogmatica, Vol. I: La Trinidad
de Dios, Ediciones Rialp, págs. 291-292, 1960).
De toda esta
histórica disputa etimologica, se llego a la conclusión que los terminos hipóstasis, sustancia y persona eran
sinónimos; mientras que el termino esencia
denotaba la naturaleza constitucional de la Deidad. De tal manera, que el Dios
Triuno posee una sola esencia y tres hipóstasis o esencias o personas, según
sea el caso. Sin embargo, hay que señalar que de estos tres términos sinónimos
el mas deficiente es persona, ya que
si dicho termino no es bien definido puede dar lugar, como Griffith Thomas
comenta, al triteismo; puesto que los seres humanos somos tendientes a pensar
que tres personas estas separadas la una de la otra, y que por mas que lo
intenten nunca podrán formar un solo ser. Si bien es cierto que la Biblia nos
muestra categóricamente que tanto el Padre, como el Hijo y el Espíritu poseen
cualidades de personas, pues ambos razonan, poseen emociones y accionan Su
voluntad individual, no obstante, los tres no son tres personas separadas la
una de la otra, los tres son diferentes y distinguibles, pero nunca separados.
Es sobre este aspecto de la Trinidad, el cual tiene que ver con el lado
económico de la misma, que se vuelve importante mencionar y destacar el aporte
brindado por el moderno reformador escoses y compañero de estudios de Karl
Barth, Thomas Forsyth Torrance (1913-2007 d.C.). Torrance se percato
bíblicamente que los tres de la Trinidad divina eran coinherentes, es decir,
que el uno moraba dentro del otro y viceversa de forma simultánea y eterna (cf.
Jn. 8:29; 10:37-38; 14:10-11; 17:21, 23); de tal manera, que es un error el
concebirlos separados el uno del otro, y una herejía el considerar que el único
Dios se revela en tres modos de subsistencia diferentes en un período de tiempo
especifico, restándole la eternidad a cada una de las tres hipóstasis de la Trinidad y Su
coexistencia mutua y simultanea (cf. Jn. 1:1-2). Partiendo de todo este
precedente histórico de la teología de la Trinidad podemos enunciar el
siguiente concepto de la Trinidad:
“Dios es uno en
esencia (Is. 44:6-8; 45:5; 1 Co. 8:4; 1 Ti. 2:5; Dt. 6:4-5; Jn. 10:30; Ef.
4:4-6); mas es tres en cuanto a Su economía o plan (Gn. 1:1, 26; 3:22; 11:7;
Mt. 28:19; 3:16-17; 28:19; 1 Co. 12:3-6; 2 Co. 13:14; Jn. 14:16; 1 P.1:2, Jud.
20-21). El es tres en uno, es decir, que El es “triuno” (en latín, “tri”
significa tres y “uno” significa uno). Es por eso que le llamamos el “Dios
Triuno”. La esencia de Dios es una sola, sin embargo, Sus Substancias o hipóstasis
son tres. En esencia, El es un solo Dios, pero en cuanto a Su economía eterna,
El es el Padre, el Hijo y el Espíritu. El Padre elige (Ef. 1:3-6), el Hijo
redime (Ef. 1:7-12) y el Espíritu aplica en los elegidos del Padre los logros
del Hijo (Ef. 1:13-14). El Padre, como origen, es la fuente; el Hijo, como
expresión, es el manantial; y el Espíritu, como trasmisión, es el fluir. Estas
funciones económicas son inseparables de cada hipóstasis de la Trinidad. Nunca
se nos dice que el Padre muera por el hombre, ni nunca tampoco se nos dice que
el Espíritu elija. Si bien es cierto, existe
una distinción económica entre los tres de la Trinidad, no obstante, no existe
una separación esencial. El Padre es distinto al Hijo, el Hijo es distinto
al Espíritu, y el Espíritu es distinto al Hijo y al Padre; pero no podemos
decir que estén separados, ya que moran el uno en el otro (Jn. 8:29; 10:37-38;
14:10-11; 17:21, 23). La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu de la
Trinidad no consiste solamente en que ellos coexisten simultáneamente y sean
coiguales, sino en que ellos moran mutuamente el uno en el otro. Coexistir
significa existir juntos al mismo tiempo (Jn. 1:1-2); mientras que morar el uno
en el otro, según se aplica a la Trinidad, significa que el Padre, el Hijo y el
Espíritu están el uno en el otro y, por ende, existen juntos eternamente. En
ese sentido, cuando afirmamos que cada hipóstasis posee una función económica
singular, no podemos afirmar que la realice en total independencia de las otras
dos. Asimismo, también podemos afirmar que cada
una de estas hipóstasis son Dios (Ro. 1:7; He. 1:8; Hch. 5:3-4). El Padre
es Dios (1 P. 1:2; Ef. 1:17); el Hijo es Dios (He. 1:8; Jn. 1:1; Ro. 9:5); y el
Espíritu es Dios (Hch. 5:3-4). Y sin embargo, son un solo Dios, y no tres
Dioses separados. Cada una de estas
hipóstasis son eternas (Is. 9:6; He. 1:12; 7:3; 9:14). El Padre es eterno
(Is. 9:6); el Hijo es eterno (He. 1:12; 7:3); y el Espíritu también es eterno
(He. 9:14). Y sin embargo, son un solo Dios eterno, no tres. Cada una de las hipóstasis de la Trinidad
son personas (es decir, que tienen razonamiento, emociones y voluntad
propia), El Padre es una persona, el Hijo es una persona y el Espíritu es una
persona, sin embargo, no es apropiado llamarlas de esa manera, pues este
término da lugar al triteísmo. Además, cada
una de las hipóstasis de la Trinidad es Santa (Ap. 4:8; 15:4; Hch. 3:14; 1
Jn. 2:20), Verdadera (Jn. 7:28; Ap.
3:7; 1 Jn.5:6), Omnipresente (Jer.
23:24; Ef. 1:23; Sal. 139:7), Omnipotente
(Gn. 17:1; Ap. 1:8; Ro. 15:19; Jer. 23:17; He. 1:3; Lc. 1:35), Omnisciente (Hch. 15:18; Jn. 21:17; 1
Co. 2:10-11), Creadora (Gn. 1:1; Jn.
1:3; Col. 1:16; Job 26:13; 33:4; Sal. 148:5), Santificadora (Jud. 1; He. 2:11; 1 P. 1:2; Ro. 15:16), Enseña
(Lc. 21:15; Jn. 2:20, 15; 14:26; Gá. 1:12; Is. 48:17; 54:13), Inspirar a los profetas (Mr. 13:11; He.
1:1; 2 Co. 3:13; 2 P. 1:21; 2 Ti. 3:16), está
inmersa en la resurrección de Cristo (1 Co. 6:14; Jn. 2:19; 1 P. 3:18), está inmersa en la salvación (2 Ts.
2:13; Tit. 3:4-6; 1 P. 1:2; Gá. 4:6), el
Bautismo (Mt. 28:19), cada una es denominada Jehovah (Dt. 6:4; Jer. 23:6;
Ez. 8:1, 3), el Señor (Ro. 10:12; Lc. 2:11; 2 Co. 3:18), el Dios de Israel (Mt. 15:31; Lc. 1:16-17; 2 S. 23:2-3), el Legislador
(Ro. 7:25; Gá. 6:2; Ro. 8:2; Stg. 4:12), la
Fuente de Vida (Dt. 30:20; Col. 3:4; Ro. 8:10), cada una hizo a la humanidad
(Sal. 100:3; Jn. 1:3; Job 33:4), resucita
a los muertos (Jn. 5:21; 6:33), comisiona
para el ministerio (2 Co. 3:5; 1 Ti. 1:12; Hch. 20:28), y efectúan toda clase de operaciones
espirituales (1 Co. 12:6; Col. 3:11; 1 Co. 12:11). Todo esto, lo son
cada hipóstasis al mismo tiempo y no en modos ni etapas, y lo son eternamente.
Por ello afirmamos y reiteramos, como ya se dijo con anterioridad, que cada una de estas tres hipóstasis coexisten
eternamente al mismo tiempo entre sí, y no en modos o etapas sucesivas (Gn.
1:26; Jn. 1:1; 14:16-17; 17:5; Mt. 3:16-17; Ef. 3:14-17). Retomando este tema
del morar mutuo, dijimos que cada una de
las tres substancias o hipóstasis moran la una en la otra eternamente, y no
son tres Dioses separados, esto quiere decir, que son coinherentes una de la
otra. El Hijo nunca hizo nada separado del Padre (Jn. 5:19). El vino en el nombre
del Padre (Jn. 5:43) y con El (Jn. 8:29; 16:32). El está en el Padre, y el
Padre está en El (Jn. 14:10-11). Además, fue engendrado por el Espíritu Santo
(Lc. 1:35; Mt. 1:18, 20) y lo hizo todo por el Espíritu (Lc. 4:1, 18a; Mt.
12:28). En el griego, como John Nelson Darby comenta, la preposición pará denota “de” y “con” a la misma vez,
de tal manera que el Hijo vino del Padre y con el Padre. Esta expresión griega
aparece en el evangelio de Juan en Jn. 1:6, 14, 39, 40; 4:9, 40, 52; 5:34, 41,
44; 6:45, 46; 7:29, 51; 8:26, 38, 40; 9:16, 33; 10:18; 14:17, 23, 25; 15:15,
26; 16:27, 28; 17:5, 7, 8; 19:25. La coinherencia también puede ser apreciada
dentro del libro de Apocalipsis, por ejemplo: (1) En Ap. 1:4-5 al Padre se le
llama “El que era, El que es y El que ha de venir”, el cual es un titulo propio
del Hijo; (2) En Ap. 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14 se nos dice que es el Cristo
glorificado el que habla a las iglesias, mientras que en Ap. 2:7, 11, 17, 29;
3:6, 13, 22 se nos dice que es el Espíritu el que habla a las iglesias; (3) En
Ap. 5:6 se nos dice que el Cordero como recién inmolado que tiene siete cuernos
y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios, estaba delante del
trono de Dios, mientras que en Ap. 1:4 y 4:5 se nos dice que son los siete espíritus
los que están delante del trono de Dios; (4) En Ap. 22:1 se nos habla del trono
de Dios y del Cordero dándonos a entender con esto que no hay dos tronos sino
uno solo, puesto que Dios el Padre y el Cordero son uno solo y no están
separados. Por su parte, el Espíritu fue enviado de y con el Padre, y en el
nombre del Hijo (Jn. 15:26; 14:26). El Espíritu vino como la realidad del Hijo,
que es la realidad y la vida (Jn. 14:17; 15:26; 16:13 cf. Jn. 14:6; 8:32, 36).
El Espíritu vino como el Hijo (Jn. 14:16-18; 1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17-18; Ro.
8:10-11) con el Padre (Jn. 15:26). En base a esta coinherencia de la Trinidad,
podemos afirmar, que el Hijo es el Padre (Is. 9:6) y que el Hijo es el Espíritu
(1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17). Esto se basa en la esencia de la Trinidad, y es para
nuestra experiencia y disfrute, no para nuestro razonamiento. En nuestro hablar
sobre las hipóstasis de la Trinidad, única y exclusivamente podemos decir esto
y nada más. No podemos afirmar que el Padre es el Espíritu porque la Biblia no
testifica esto, debemos ser cuidadosos en nuestro hablar respecto a la
coinherencia. La Biblia solo recalca que cuando el Hijo viene, el Padre viene
con El (Jn. 8:29; 16:32) pues son una misma cosa o esencia (Jn. 10:30; 14:7), y
que el Espíritu es la realidad del Hijo (Jn. 14:17-18), por ello el Hijo es el
Espíritu (2 Co. 3:17). Finalmente, podemos decir que cada una de las hipóstasis de la Trinidad mora en el creyente y el
creyente mora en el Dios Triuno (Jn. 6:56; 14:10, 17, 20, 23; 15:4; 17:21,
23; Ro. 8:9-11; 1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; 13:5; Ef. 2:22; 3:17; 4:6; Col.
1:27; 1 Jn. 2:23). Este aspecto tan misterioso del Dios Triuno es el que le da
mayor realce a la concepción de la coinherencia de la Trinidad. En conclusión,
las hipóstasis de la Trinidad no pueden ser confundidas en cuanto a Sus
funciones económicas, pero si en cuanto a Sus funciones esenciales. Debemos
tener siempre presente que por causa de la coinherencia cuando uno viene los
otros dos también vienen con Él”.
La Trinidad en el Antiguo
Testamento:
El empleo del nombre
hebreo Elohim (Gn. 1:1), el cual es
un nombre en plural, denota que Dios es uno y a la vez tres. El empleo de
frases, tales como: “hagamos”, “a nuestra” y “descendamos” en el libro de
Génesis también es un indicio de la pluralidad del único Dios (cf. Gn. 1:26;
11:7). Asimismo, cada uno de los componentes de la Trinidad es mencionado en el
Antiguo Testamento: (1) El Padre. Is. 63:16; Mal. 2:10. (2) El Hijo de Jehovah
(Sal. 45:6-7; 2:6-7, 12; Pr. 30:4). El Mesías es descrito con títulos divinos
(Jer. 23:5-6; Is. 9:6). Se hace mención del misterioso Ángel de Jehovah que
lleva el nombre de Dios, y que tiene poder para ora perdonar pecados, o
retenerlos (Éx. 23:20-21). Y (3) El Espíritu Santo (Gn. 1:2; Is. 11:2-3; 48:16;
61:1; 63:10).
La Trinidad en el Nuevo
Testamento:
Varios pasajes del Nuevo
Testamento mencionan las tres hipóstasis divinas. Comparece Mt. 3:16-17; 28:19;
Jn. 14:16-17, 26; 15:26; 2 Co. 13:14; Gá. 4:6; Ef. 2:18; 2 Ts. 3:5; 1 P. 1:2;
Ef. 1:3, 13; He. 9:14.