Los Tres Aspectos de la Crucifixión del Creyente.


Lectura bíblica:

Gálatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.

Gálatas 5:24 “Pero los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias”.

Gálatas 6:14 “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.

Comentario:

La epístola a los Gálatas es una de las epístolas mas maravillosas escritas por el apóstol Pablo, ya que en ella juntamente con Efesios, Filipenses y Colosenses encontramos el corazón de la revelación divina contenido en el Nuevo Testamento. El tema central de la epístola a los Gálatas es que Cristo es contrario a la religión, a la cual Pablo llama en el 1:4 “el presente siglo malo o maligno”. Una de las características peculiares de toda religión es que las mismas tratan de que el ser humano se auto-reforme, volviéndose de su mal camino al bien por medio de seguir ciertas prácticas religiosas. Sin embargo, es claro que aunque una persona trate de auto-reformarse en su interior él o ella continuará siguiendo tres cosas básicas, que son a su vez los tres grandes enemigos del creyente, es decir: el mundo, la carne y el ‘yo’. ¿Cuántos religiosos no hay que aun siguen las modas de este mundo? ¿Cuántos religiosos no hay que aun siguen inmersos en las concupiscencias de su carne? ¿Cuántos religiosos no hay que siguen exaltándose a sí mismos? Ciertamente, que es imposible que el hombre pueda reformarse a sí mismo, y es claro también, que Cristo es contrario a la religión, el presente siglo maligno que mata, destruye y aborrece en defensa de sus normas y tradiciones religiosas.

Nosotros los creyentes, debemos entender que nuestro cristianismo no es una religión, pues el mismo no trata de que seamos personas buenas y morales; el cristianismo no trata de eso; pues si ese fuera el fin primordial de cristianismo, serían cristianos los mahometanos, tibetanos, confusionistas y budistas. Pero ellos no lo son, por que la meta del cristianismo es más elevada que eso, el objetivo del cristianismo es que Dios se imparta, crezca en todo nuestro ser; por ello en Colosenses 2:19 se nos dice: “Y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el Cuerpo, recibiendo el rico suministro y siendo entrelazado por medio de las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento de Dios” (cf. también 1 P. 1:16 con 1 Ts. 5:23). No es “el crecimiento que da Dios” como en 1 de Corintios 3:6-7; sino “el crecimiento de Dios” en nuestro ser. Esto es el cristianismo.

Ante los influjos del mundo, la carne y el ‘yo’ las religiones no tiene un arma que les defienda y aniquile a tales enemigos; sin embargo, el cristianismo si tiene algo, y ese algo es la Cruz de Cristo. Pablo dijo: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Y en 1 de Corintios 1:17-18 él dijo: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es necedad para los que perecen; mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es poder de Dios”. Hay algo muy importante que notar en estos dos versículos de 1 de Corintios, y es que en ellos Pablo nos dice que la Cruz es poder de Dios. Sin embargo, en todo el resto del Nuevo Testamento se nos dice que el Espíritu es el poder de Dios; por ejemplo veamos Efesios 3:16 que nos dice: “Para que os dé, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior [nuestro espíritu humano] por Su Espíritu”. También tenemos 1 de Tesalonicenses 1:5 que dice: “Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder; es decir, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis qué clase de personas fuimos entre vosotros por amor de vosotros”. Y finalmente, tenemos 2 de Timoteo 1:7 que dice: “Porque no nos ha dado Dios Espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de cordura”. Pedro también en su segunda epístola se refiere al Espíritu como el poder de Dios cuando nos dice en el 1:3: “Su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad”. Así que queda claro, que en el Nuevo Testamento el Espíritu es el poder de Dios; pero entonces ¿Por qué Pablo en 1 de Corintios 1:17-18 nos dice que la Cruz es el poder de Dios? Porque la muerte trae consigo la liberación de Espíritu que nos trae la vida (Jn. 6:63; 2 Co. 3:6). Cristo murió en la Cruz para que el Espíritu fuese impartido en nosotros como vida (Ro. 8:2). En Juan 7:37-39 se nos dice: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno atiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El; pues aún no había el Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado [es decir, muerto y resucitado]”. ¿Se da cuenta? Cristo, la peña de Horeb (1 Co. 10:4), tuvo que ser herido por nuestros pecados en la Cruz  (Is. 53:4-5, 8) a fin de que de Él brotara el agua (Jn. 19:34; Ap. 22:1) que es el Espíritu que imparte vida, la cual es el poder de Dios (He. 7:16 cf. 2 P. 1:3). Es por ello, que Pablo habla de la Cruz como poder de Dios, pues sin morir en la Cruz es imposible que tengamos la realidad del Espíritu, el cual es el divino poder que nos suministra Su vida (Fil. 1:19 cf. Ef. 4:16; Col. 2:19). La muerte de Cristo en la Cruz nos impartió al Espíritu de vida para la salvación de nuestro espíritu [la salvación posicional y eterna]; pero ahora, necesitamos experimentar en la practica la Cruz de Cristo por nosotros mismos a fin de poder disfrutar de la abundante suministración del Espíritu de Jesucristo para la salvación de nuestra alma y cuerpo [la salvación progresiva].

Queda claro entonces, que la Cruz como poder de Dios es el arma que aniquila en nosotros el influjo del mundo, las concupiscencias de la carne y la exaltación de nuestro ‘yo’. La secuencia que Pablo utiliza en Gálatas 2:20, 5:24 y 6:14 para mostrar los tres aspectos de la crucifixión del creyente es muy significativa, él primero menciona el ‘yo’ en el 2:20; luego, la carne en el 5:24; y por último, el mundo en el 6:14. Y este orden tiene que ver con la secuencia que los tres de la Trinidad laboran para erradicar en nosotros estos tres grande enemigos. En Gálatas 2:20 el ‘yo’ está en contra del Cristo que desea edificar Él por Sí mismo la iglesia (cf. Mt. 16:18). En Gálatas 5:24 la carne está en contra del Espíritu (Gá. 5:16-17). Y en Gálatas 6:14 el mundo está en contra del Padre (1 Jn. 2:15-16). Según el orden de la salvación, el ordem salvutis, Cristo murió primero en la Cruz para salvarnos de nuestro ‘yo’; luego el Espíritu fue derramado en nosotros (Ro. 5:5) para salvarnos de las concupiscencias de nuestra carne; y finalmente, la experiencia en nosotros del Hijo y del Espíritu nos conducen a la presencia misma del Padre (Jn. 14:6; Ef. 2:18). Este es el orden que Pablo sigue en su secuencia de Gálatas 2:20; 5:24 y 6:14. Sin embargo, en nuestra experiencia el orden es a la inversa, es decir, que nosotros primero somos librados del mundo (Ef. 2:1-2); luego de las concupiscencias de nuestra carne; y por finalmente, somos librados de nuestro ‘yo’.

El mundo es algo externo a nosotros; y por tanto, tiene que ver con nuestro cuerpo. Mientras que la carne y el ‘yo’ son aspectos internos; y que por tanto, tienen que ver con nuestra alma y nuestro espíritu. La carne esta relacionada con nuestra alma, con nuestros malos pensamientos, nuestra ira y nuestros hechos pecaminosos; mientras que el ‘yo’ está relacionado con nuestro espíritu, entre mas neguemos nuestro ‘yo’, nuestra capacidad, conocimiento, habilidad, opinión y fortaleza humana; mas nos encontraremos tocado al Cristo que mora en nuestro espíritu (2 Ti. 4:22). No pensemos que la carne y el ‘yo’ son cosas diferentes; sino que ambos son dos aspectos de una misma cosa; es como el Hades, según la Biblia el Hades está dividido en dos partes: (1) el Hades como lugar donde las almas de los malos van, y (2) el Seno de Abraham donde van las almas de los justos. De igual forma, la carne tiene dos aspectos: (1) la carne como el aspecto malo y perverso de la misma; y (2) el ‘yo’ como el aspecto bueno y refinado de la carne. Nunca perdamos de vista esto, pues es algo muy importante en nuestra experiencia cristiana.

Hace algunos días atrás, me encontraba sumergido en una terrible tempestad en mi trabajo; todos mis compañero me acusaban con mi jefa de no realizar ciertas actividades laborales; su servidor sabia que ello no era cierto; y que sus acusaciones eran falsas; por un lado, pude defenderme con mis argumentos y opiniones en torno a este problema; y por otros, podía seguir el camino que el Señor había trazado para mí, el camino angosto, el camino de la Cruz. Un buen hermano que trabaja juntamente conmigo se me acerco y me dijo: “Juan, creo que defenderse ante los que te acusan no es malo”. “Si, respondí. Pero que de Hechos 8:32: ‘Como oveja al matadero fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió Su boca’. Pablo abrió su boca para defender la verdad del evangelio (Hch. 26:1; 2 Ti. 4:16-17; 1 P. 3:15), pero en este caso no tengo que defender mis creencias, lo que creo; sino mi fe, mi acción de creer; y en esa defensa, la Palabra me invita a morir como cordero mudo”. Su servidor pudo acusar justamente a otros del problema que había ocurrido y salir victorioso, aunque como un mal cristiano; pero en lugar de ello, cargamos con la culpa de los otros; y al final, Dios a su tiempo vindico nuestra causa. Ya que una semana después salió a la luz quienes realmente incumplían sus deberes, y cual realmente era la posición nuestra en todo ese asunto. Puedo testificar plenamente, que la Cruz es el antídoto eficaz en contra del mundo, la carne y nuestro ‘yo’. Pablo no se equivocaba en esto. La mejor forma de experimentar al Hijo y al Espíritu para ser conducidos a la presencia misma del Padre es la Cruz como poder de Dios. La Cruz no es algo que se debe llevar colgado del pecho para ahuyentar espíritus malignos, la Cruz es algo que debemos experimentar cada día, ya que Él dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23). Amén.

En Cristo.
Disfrutando la Palabra.