Juan 1:17.


Lectura bíblica:

Juan 1:17 “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la realidad [verdad] llegaron a ser por medio de Jesucristo”.

Comentario:

Pues (gr. hoti) es una conjunción causativa griega cuya finalidad en este versículo es brindar una explicación a la última frase hallada en el versículo anterior, es decir, a la gracia sobre gracia. Es así, que esta conjunción presenta la base para la declaración que los creyentes reciben “gracia sobre gracia”. Es debido a que la ley dada por medio de Moisés estaba limitada en proveer la plenitud de la gracia de Dios, que ésta llegó a ser en la persona de Jesucristo.

Pues la ley (gr. nomos) por medio de (gr. dia) Moisés fue dada (gr. edothê). Moisés fue el medio, el instrumento que Dios uso en el Antiguo Testamento para otorgar la ley a Su pueblo bajo el Antiguo Pacto. La palabra ‘ley’ en este versículo tiene un doble sentido: (1) hace referencia a los cinco libros escritos por Moisés (la tôrâh); es decir, lo que nosotros conocemos como el pentateuco, y (2) hace referencia al judaísmo como religión establecida por Moisés. Los judíos consideraban que Moisés les había otorgado la gracia y la realidad; ya que el Antiguo Testamento enfatizaba que la gracia (heb. chesed) y la realidad (heb. ‘emeth) estaban en Jehová. Versículos como Éxodo 34:6 que dice: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia (heb. chesed) y verdad (heb. ‘emeth)”, y el Salmo 86:15: “Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia (heb. chesed) y verdad (heb. ‘emeth)” son claros ejemplos de esto. Pero la gracia y la realidad proclamadas en el Antiguo Testamento no eran verdades disfrutables para dicho tiempo; sino que eran verdades que tendría su cumplimiento con la venida del Mesías Príncipe (Dn. 9:25). Por tal razón, Juan en este versículo enfatiza el marcado contraste que existe entre Moisés y Jesucristo, ya que la ley por medio de Moisés fue dada (gr. edothê); pero la gracia y la realidad llegaron a ser (gr. egeneto) por medio de (gr. dia) Jesucristo. Así que indudablemente que Moisés no pudo proveerles a los judíos la gracia (gr. charis) y la realidad (gr. alêtheia) verdaderas; pues solo en Jesucristo ellas llegaron a existir. ¿Y porque llegaron a existir en Jesucristo? Porque Cristo es la gracia (1 Co. 15:10 cf. Gá. 2:20) y porque Cristo también es la realidad (Jn. 14:6). Cristo ciertamente es eterno (Jn. 1:1; He. 1:8); y por tanto, la gracia y la realidad son igualmente eternas, y existían antes de que Cristo se encarnara; y esa era la razón por la cual el Antiguo Testamento hablaba de ellas; pero lo que Juan trata de enfatizar a sus lectores en este versículo; es que aunque estas dos realidades estaban en el universo; las mismas se encontraban fueran del ser humano; haciendo que este fuera incapaz de disfrutar de las mismas.

La ley, por una parte, exigía al hombre que debía vivir una vida santa (Ex. 28:36), justa (Dt. 16:19) y piadosa (Sal. 12:1); pero no le brindaba un favor inmerecido en su interior para poder cumplir dichas exigencias. La ley también contenía sombras, tipos y figuras de las verdades espirituales (cf. por ejemplo Nm. 21:9 con Jn. 3:14-15; 12:31-33); pero no le brindaba la realidad interior de las mismas (Col. 2:17). Fue hasta que Cristo se encarno y vivió como hombre que la gracia y la realidad se hicieron presentes en el mundo, aunque aun militando fuera del hombre; pero luego, por medio de la muerte redentora de Cristo y de Su subsiguiente resurrección, la gracia y la realidad vinieron para morar en el hombre. Hoy, Cristo quien es la gracia y la realidad está dentro de nosotros, morando en nosotros (Ro. 8:10; Col. 1:27; 2 Ti. 4:22) al haberle recibido en nuestro interior por medio de la fe (Jn. 1:12). Aquel que es la gracia y la realidad hoy está en nosotros; y por ello, esto es algo nuevo, que llegó a ser únicamente por medio de Jesucristo. Así que no hay lugar alguno para creer que la dispensación de la gracia es una añadidura a la dispensación de la ley como los judaizantes creían; sino que la dispensación de la gracia es algo rotunda y absolutamente nuevo, creado en, por y para Jesucristo (Col. 1:16; Ro. 11:36). En resumen, La ley hace exigencias al hombre conforme a lo que Dios es: santo (1 P. 1:16), amor (1 Jn. 4:8), luz (1 Jn. 1:5) y justicia (Ap. 16:5); la gracia le suministra al hombre en su interior lo que Dios es para satisfacer lo que Dios exige (cf. He. 13:21). La ley, en su mayor expresión, era solamente un testimonio de lo que Dios es (Éx. 25:21), pero la realidad es la adquisición de lo que Dios es. Por medio de la ley ningún hombre puede participar de Dios (Gá. 2:16 cf. 1 Co. 1:30), pero la gracia capacita al hombre para que disfrute a Dios. La realidad es Dios hecho real para el hombre, y la gracia es Dios disfrutado por el hombre.

La gracia y la realidad llegaron a ser por medio de Jesucristo. No es casualidad que Juan emplee el nombre compuesto ‘Jesucristo’ en este versículo, esta es la primera vez que lo hace y aparece nuevamente en el 17:3. Ellos es debido a que el nombre ‘Jesús’ denota la humanidad del Verbo, en Su humanidad Él es el Salvador (Mt. 1:21); mientras que el titulo ‘Cristo’, el ungido, denota Su divinidad y oficio (Mt. 16:16). La gracia y la realidad llegaron a existir debido a que el Dios eterno decidió encarnarse en la persona del Hijo a fin de que por medio de ella Él pudiese percatarse de los males que aquejaban a la raza humana a fin de que como Dios Él pudiese brindar el remedio apropiado a los hechos pecaminosa del ser humano; así como, a la naturaleza pecaminosa que moraba en él (cf. He. 2:10; 4:15). Así que no es casualidad que Juan emplee este nombre, ya que el mismo tiene por objeto mostrar la secuencia de sucesos que todo el prólogo del evangelio a desarrollado hasta aquí, partiendo del hecho de Cristo como el Verbo de Dios quien es divino, eterno y coexistente con el Padre explica, define y expresa a Dios (Jn. 1:1) se encarnó a fin de fijar tabernáculo entre nosotros con el propósito de que el ser humano pudiese retornar a la gloria de Dios (Jn. 1:14) de la cual había sido destituido por causa del pecado (Ro. 3:23) con miras a que el ser humano pudiese participar de la gracia y la realidad de la cual Él [el Verbo] está lleno como un torrente de gracia sobre gracia (Jn. 1:16) que fluye en su interior (Jn. 4:14; 7:38).

Hoy, la gracia y la realidad han llegado a la existencia debido a la aparición del Dios-hombre, Jesucristo, Aquel que tiene tanto la naturaleza divina como la naturaleza humana. El se encuentra ahora morando en nuestro interior, si le hemos recibido por medio de la fe al habernos arrepentido genuinamente de nuestros pecados. Así que ahora nosotros tenemos la certeza de que la gracia y la realidad están en nosotros, ya que Cristo es tanto la gracia como la realidad. La gracia es el favor inmerecido de disfrutar a Dios el Padre en el Hijo (Jn. 10:38) como el Espíritu (2 Co. 3:17; 1 Co. 6:17; Jn. 4:24) y al disfrutar esta gracia en nuestro espíritu como lo recalca Juan 4:23-24 es entonces, y solo entonces cuando tenemos la realidad. La realidad o verdad es Dios el Padre (Dt. 32:4; Sal. 31:5; Is. 65:16), Dios el Hijo (Jn. 14:6) y Dios el Espíritu (Jn. 14:17; 15:26; 16:13), es al vivir en nuestro espíritu por el Espíritu del Señor que andamos en la verdad (3 Jn. 4; Gá. 5:16; Jn. 14:17), en amor (Ef. 5:2) y como hijos de luz (Ef. 5:8). Toquemos entonces este día al Señor con nuestro espíritu por medio de la oración y la lectura de Su palabra a fin de que gracia sobre gracia sea añadida a nosotros para que expresemos la realidad que hay en Dios (Ef. 4:21) en nuestro vivir, hablar, pensar y actuar; esto es algo que la ley no lo podía otorgar; pues únicamente han llegado a existir por medio de Jesucristo.

En Cristo.
Disfrutando la Palabra.