Las carácteristicas del hombre llamado por Dios


Dejo con ustedes este mensaje que fue de gran bendición para los que lo leyeron en la página oficial del Grupo Hosanna. Espero que para ustedes también lo sea...


Lectura Bíblica: Éx. 4:1-9





Muchas bendiciones queridos amigos y hermanos en Cristo Jesús, en esta oportunidad quisiera que disfrutáramos la Palabra del Señor en cuanto a las características, señales o evidencias que acompañan a aquellos que son llamados por Dios para llevar a cabo Su voluntad. Quiero recalcar, y no me cansare de repetírselos, que la voluntad de Dios es Su Cuerpo, Su iglesia. En la mayoría de veces que en el Nuevo Testamento usa la palabra “voluntad” la misma se refiere a la iglesia. Por ejemplo, Ro. 12:2 dice: “No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. Este versículo nos muestra que la meta de nuestra salvación orgánica (la salvación progresiva) es la voluntad de Dios. Pero según el contexto de este capítulo ¿Cuál es la voluntad de Dios? El versículo 4 y los versículos subsiguientes de este capítulo 12 de Romanos nos dan la respuesta a esta interrogante, el mismo nos dice: “Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función; así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros”. Esto nos muestra que la voluntad de Dios no es otra cosa que el Cuerpo de Cristo, no debemos conformarnos a este mundo sino que debemos ser transformados en nuestra mente no para nuestro progreso espiritual individual sino con miras al Cuerpo de Cristo. Pocos han visto esto, que Romanos 12 habla del Cuerpo de Cristo como la voluntad de Dios y como el fin de todo el proceso de salvación que Dios efectúa en el hombre. Romanos nos habla de la condenación (Ro. 1:18 al 3:20), de la justificación (Ro. 3:21 al 5:11), de la santificación (Ro. 5:12 al 8:13) y de la glorificación (Ro. 8:14-39). Estos cuatro aspectos, es decir, la condenación, la justificación, la santificación y la glorificación son la salvación completa que Dios efectúa en el hombre. Pablo introduce luego del capítulo 8 un paréntesis en Romanos que abarca los capítulos 9 al 11. Este paréntesis habla de la elección, pero después de dicho paréntesis, Pablo habla del Cuerpo de Cristo en el capítulo 12. Esto quiere decir, que todo el proceso de salvación que Dios efectúa en el hombre incluyendo la transformación es para llevar a cabo la voluntad de Dios, es decir, el Cuerpo de Cristo. El Cuerpo de Cristo es bueno, agradable y perfecto para Dios. ¿Se había dado cuenta usted de esto? ¡Alabado sea el Señor porque nos concede misericordia para poder ver esta verdad, que la voluntad de Dios es Su Cuerpo! ¡Oh Señor deseo ser salvo en vida (Ro. 5:10) día con día con miras a Tu Cuerpo glorioso! ¡Oh Señor Tu deseas salvarme no para mi progreso individual egoísta sino para la vida del Cuerpo! ¡Vivir en el Cuerpo y para el Cuerpo es hacer Tu voluntad buena, agradable y perfecta!


Bueno volviendo a nuestro tema, deseo que leamos Éxodo 4:1-9 que dice:


Entonces respondió Moisés y dijo: — ¿Y si ellos no me creen ni escuchan mi voz, sino que dicen: ‘No se te ha aparecido Jehovah’? Jehovah le preguntó: — ¿Qué es eso que tienes en tu mano? El respondió: —Una vara. Y él le dijo: —Tírala al suelo. El la tiró al suelo, y se convirtió en una serpiente. Y Moisés huía de ella. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano y agárrala por la cola. El extendió su mano y la agarró, y volvió a ser vara en su mano. Esto es para que crean que se te ha aparecido Jehovah, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. —Jehovah también le dijo—: Mete tu mano en tu seno. El metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. Entonces le dijo: —Vuelve a meter tu mano en tu seno. El volvió a meter su mano en su seno; y al volver a sacarla de su seno, he aquí que volvió a ser como el resto de su carne. Y sucederá que si no te creen ni te escuchan a la primera señal, te creerán a la segunda señal. Y sucederá que si no te creen a estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del Nilo y la derramarás en tierra seca. El agua que tomarás del Nilo se convertirá en sangre sobre la tierra seca”.


La porción que hemos leído nos muestra que cuando Dios llamo a Moisés para liberar a Su pueblo Israel, El lo envió a ellos con tres características o evidencias que testificaban que realmente Dios le había comisionado para la liberación del yugo de la esclavitud que mantenía cautivos a los hijos de Israel y para cumplir la voluntad de Dios, es decir, la edificación del tabernáculo del testimonio.


(1) La señal de la vara


La primera evidencia que Dios le dio a Moisés fue que la vara que se convirtió en serpiente. Dios le pregunto a Moisés: “Que es eso que tienes en tu mano” (v. 2), Moisés le respondió: “Es una vara” (v.2). Luego Dios le dijo que la tirara al suelo, y esa vara se transformo en serpiente (v. 3). Esto es muy significativo; la vara era utilizada en los pueblos pastoriles del medio oriente para sostenerse en medio de las largas jornadas que eran realizadas por los pastores para apacentar el rebaño. Por lo tanto, la vara de Moisés que se convirtió en serpiente simboliza que todas las cosas en las cuales nos apoyamos fuera de Dios son un escondite para la serpiente. La serpiente aquí es Satanás (Gn. 3:1-7; Ap. 12:9). Los hombre suelen apoyarse en muchas cosas que no son Dios, unos se apoyan en su conocimiento, otros en su piedad y unos otros en su astucia. Sin embargo, si tiráramos estas cosas al suelo, es decir, si las tuviéramos en poco nos daríamos cuenta de lo que verdaderamente son, es decir, un escondite para Satanás la serpiente. La serpiente constantemente se esconde de tras de cosas aparentemente buenas para engañar al hombre, ella suele disfrazarse sutilmente para seducirnos, por ello la Biblia nos dice: “porque Satanás mismo se disfraza como ángel de luz” (2 Co. 11:14). La primera característica o evidencia de un hombre llamado por Dios es que el mismo no sea apoya en cosa alguna que no sea Dios. ¿Se recuerdan de Jacob? Jacob eran un suplantador, un hombre astuto, un hombre que se apoyaba en su fuerza natural, sin embargo, un día Dios se le apareció en Peniel y lucho contra el (Gn. 32:22-32). Jacob le decía al ángel del Señor: “No te suelto hasta que me bendigas”, y cuando ya rayaba el alba, el ángel del Señor desgarro el muslo de Jacob. El muslo representaba la fuerza del ser natural de Jacob, cuando este fue desgarrado por el Señor, Jacob comenzó a cojear, lo cual le limito en gran manera, a tal grado que se le hizo necesario usar un bastón para caminar. ¡Que maravilloso es esto! Indudablemente en muchas ocasiones nos apoyamos en cosas que no son Dios, cosas como nuestro ser natural. Al hacer esto resistimos a Dios, luchamos con El. Por tanto, necesitamos que El trate con nuestro ser natural, que El desgarre el tendón de nuestro muslo, solo entonces comenzaremos a apoyarnos en Dios. Esta es la característica de un hombre llamado por Dios. Si un hombre dice ser llamado por Dios pero continua apoyándose en cosas que no son Dios, entonces el tal no ha sido llamado por Dios. En mi experiencia personal, conocí a un pastor de la denominación pentecostal a la cual pertenecí por casi ocho años. Este hombre decía ser llamado por Dios para el ejercicio del “pastorado”. Sin embargo, el enseñaba solamente de diezmar en casi en todos sus sermones, buscaba a personas que tuviesen capacidad económica para mantener “la obra” a través de sus aportación, les ofrecía trabajo a los hermanos desempleados que el veía que eran fáciles de manipular, y recuerdo que les decía: “Uno debe honrar a aquellas personas que le honra, yo no pido para mi, pido para ‘la obra del Señor’”. Queridos hermanos y amigos este apreciado santo no se apoyaba en Dios se apoyaba en su astucia, es decir, en su ser natural. El no era llamado por Dios, el necesitaba tener la experiencia que Jacob tuvo con el Señor en Peniel, el necesitaba tirar la vara al suelo para darse cuenta que realmente en lo que el se apoyaba era en un escondite de Satanás la serpiente y no Dios mismo. Esto nos muestra que a menudo debemos alejarnos de una situación determinada y esperar para ver lo que sale de ella. Al mantenernos alejados de las cosas en que nos apoyábamos, su verdadera naturaleza quedará expuesta. Debemos tirar la vara en tierra. ¡Aleluya!





Luego que Moisés vio como su vara se transformaba en serpiente, y que el huía de ella. Dios le ordeno que tomara por la cola a la serpiente (v. 3-4). ¡Esto es algo ilógico para la mentalidad humana, ningún domador de serpientes toma a las serpientes por la cola, los domadores de serpientes las toman por la cabeza, porque de tomarlas por la cola las serpientes se dan la vuelta y se corre el riesgo de ser mordidos por ellas! Entonces ¿Por qué Dios mando a Moisés que tomara a la serpiente por la cola? La respuesta esta en que Dios nos manda que solucionemos las cosas de manera opuesta a la práctica de la gente del mundo. Lo que hace u obtiene la gente del mundo es para ellos mismos. Pero todo lo que hacemos y todo lo que tenemos debe ser para el Señor. Por lo tanto, un hombre llamado por Dios es aquel que se apoya en Dios, que pone al descubierto las artimañas del Diablo y que obra en oposición a los conceptos mundanos. Recuerden que esta es la primera característica de un hombre llamado por Dios.


(2) La señal de la lepra


La segunda evidencia que Dios le dio a Moisés fue que metiera su mano es su pecho, y cuando el la saco, su mano estaba leprosa, blanca como la nieve (v. 6). El pecho representa lo que está dentro de nosotros, y la lepra representa el pecado (Ro. 7:17-18). Esto indica que además de conocer a Satanás, debemos también conocer la carne. La vara sobre la cual nos apoyamos es una serpiente, pero la carne es la corporificación de la lepra. Debemos saber que en nuestra carne, somos leprosos. En nuestra carne, no hay nada bueno, sino solamente lepra. Si tocamos la carne, quedaremos leprosos. Existen muchos amados creyentes que por el hecho de haber sido regenerados creen que ya no pueden pecar, que son inmunes al pecado, sin embargo, no se dan cuenta que nuestra naturaleza pecaminosa, la carne, continua estando activa, que si nos descuidamos de poner la mente en el espíritu y la ponemos en la carne la muerte nos saturara (Ro. 8:6). Debemos meter nuestra mano en nuestro pecho y darnos cuenta que nuestra carne es pecaminosa, que necesitamos de la misericordia del Señor para vencerla. David se dio cuenta de esto, por ello decía en su salmo: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Sal. 51:3). Alguien a dicho: “Es mas importante lo que somos que lo que hacemos, lo que hacemos es el resultado de lo que somos”. Muchos se asustan al oír de violador y asesinos, sin embargo, pocos se dan cuenta que cualquier hombre es capaz de cometer estas atrocidades porque la misma naturaleza pecaminosa de los violadores y asesinos mora en nosotros. Por ello un hombre llamado por Dios es aquel que esta conciente del poder de su carne. Esta es la segunda característica de un hombre llamado por Dios.


Después que Moisés se dio cuenta de que su mano estaba leprosa, Dios le mando que volviese a meter su mano en su pecho (v. 7). Al obedecer Moisés la palabra dicha por Dios la mano volvió a ser igual que el resto de su cuerpo. Esto nos muestra que la única forma de vencer nuestra carne es obedeciendo la Palabra del Señor. Obedecer la palabra del Señor consiste en obedecerle a El. La desobediencia al Señor es el elemento básico del pecado. Cuando obedecemos al Señor y guardamos Su palabra, Su poder limpiador estará con nosotros y seremos lavados. La lepra en la Biblia es símbolo del pecado, pero no de todo tipo de pecado sino específicamente del pecado de la rebelión. Cuando Miriam (algunas versiones dicen: María), la hermana de Moisés, se rebelo a la Palabra de Dios hablada por Moisés esta quedo leprosa (Nm. 12:1-10). Cuando el rey Uzías se rebelo en contra de lo establecido por Dios en Su palabra este quedo también leproso (2 Cr. 26:16-21). Por tanto, la lepra es símbolo del pecado de rebelión, y la única manera de remediar este pecado es obedeciendo a la Palabra del Señor. Un hombre llamado por Dios es entonces aquel que vive conciente de su carne, y por lo cual, obedece constantemente la Palabra del Señor. Recuerden que esta es la segunda característica de un hombre llamado por Dios.


(3) La señal del agua convertida en sangre


La tercera evidencia que Dios le dio a Moisés fue que tomara un poco de agua del Nilo y que la vertiera en tierra, y al instante las aguas se convertirían en sangre (v. 9). El agua del Nilo representa el suministro terrenal y el disfrute terrenal. Según la Biblia, Egipto es rico en comida y en disfrute producidos por el Nilo (Nm. 11:5). Lo que el agua del Nilo produce, aparentemente es suministro y disfrute. Pero a los ojos de Dios no es más que muerte. Todo el suministro, el disfrute y el entretenimiento del mundo son muerte. No obstante, para darnos cuenta de esto, debemos derramar el agua del Nilo sobre la tierra. Según Génesis 1, la tierra es la fuente que produce la vida. Cuando el disfrute mundano y el suministro terrenal son derramados sobre lo que produce vida, inmediatamente la muerte, representada por la sangre, quedará expuesta. Si usted conserva el agua del Nilo en un pozo, una vasija, una jarra, usted todavía considerará esta agua como la fuente de suministro y disfrute. Pero si usted la derrama sobre la tierra, la muerte quedará inmediatamente expuesta. El agua del mundo en realidad no es agua; sino sangre. La gente mundana no bebe agua, sino sangre, es decir, muerte. Todo lo que disfrutan del mundo es muerte. Una persona llamada debe saber lo que es el mundo. Para la gente del mundo, el agua del Nilo es maravillosa. Sin embargo, para nosotros, es sangre. Los que han sido llamados por Dios deben poder decir a Su pueblo que no se queden en Egipto para beber el agua del Nilo, sino que salgan de Egipto y vayan al desierto a beber del agua de la peña hendida (Éx. 17:1-6; 1 Co. 10:4). Esta es la tercera característica de un hombre llamado por Dios. Un hombre llamado por Dios conoce que lo que hay en el mundo no es otra cosa que muerte. Recuerden siempre esta tercera característica.


Conclusión


Un hombre llamado por Dios cumple con las tres características mostradas en Éx. 4:1-9, es decir, que batalla contra Satanás, contra la carne y contra el mundo. En el Nuevo Testamento, Satanás, la carne, y el mundo son vencidos continuamente. Aquellos que han sido llamados por Dios y enviados por El conocen a la serpiente, la lepra y la sangre, es decir, conocen a Satanás, a la carne, y al mundo. Según el Nuevo Testamento, Satanás se opone a Cristo (1 Jn. 3:8); la carne se opone al Espíritu Santo (Gá. 5:17); y el mundo se opone al Padre (1 Jn. 2:15). Por consiguiente, Satanás, la carne y el mundo se oponen al Dios Triuno en Su dispensación. Debido a Satanás, a la carne y al mundo, la dispensación de Dios no se ha llevado a cabo todavía. En la economía de Dios tal como la vemos en las tres parábolas de Lucas 15, el Hijo viene a buscar a los caídos y el Espíritu los ilumina para llevarlos de nuevo al Padre. Pero el diablo trabaja contra el Hijo, la carne lucha contra el Espíritu, y el mundo frustra a la gente y le impide regresar al Padre. Todo aquel que es enviado por el Señor debe saber cómo tomar a la serpiente por la cola, vencer a la lepra, vencer al mundo con su suministro y su disfrute. Si carecemos de estas tres calificaciones, entonces no somos llamados por Dios, y por lo tanto, no podemos ser Sus enviados. En una persona que Dios ha llamado, Satanás, la carne, y el mundo han perdido su terreno. Pablo tenía esta triple experiencia. En cuanto a Satanás, Pablo dijo: “No ignoramos sus maquinaciones” (2 Co. 2:11). En cuanto a la carne, él dijo: “Pues yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” (Ro. 7:18). Y en cuanto al mundo, él dijo: “El mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gá. 6:14). Podemos ver entonces que lo que experimentó Moisés en tipología, Pablo lo experimentó en realidad.





Muchos hoy en día se auto-engañan proclamándose llamados por Dios, otros son engañados por otros hombre desviados de la verdad que los denominan enviados por Dios, sin embargo, tanto los unos como los otras carecen de las tres evidencias que la Biblia les atribuye a los hombre enviados por Dios. Dicen ser llamados por Dios pero viven apoyados en cosas que no son Dios. Dicen ser llamados por Dios pero son carnales “Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?” (1 Co. 3:3). Dicen ser llamados por Dios pero viven en los entretenimientos y modas que el mundo ofrece. Estas personas realmente no han sido llamadas por Dios.


Los que son llamados por Dios son llamados para cumplir Su voluntad. En el libro de Éxodo podemos ver que Moisés fue llamado y enviado por Dios, primero, para sacar al pueblo de Israel de la esclavitud siendo redimidos (Éx. 12:1-14) y cruzando el mar rojo (Éx. 14:21-25), segundo, para disfrutar de riquezas de Dios de manera colectiva como un pueblo mediante el maná (Éx. 16:23-36), el agua de la roca (Éx. 17:5-7) y la ley de Dios (Éx. 20:1-17); y por ultimo, para que el tabernáculo fuera edificado (Éx. 40). De la misma manera, Dios llama y envía a los hombres en esta época neotestamentaria para que, en primer lugar, saque a los hombres de la esclavitud del pecado siendo redimidos por la sangre del Cordero que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29) y siendo bautizados (Mt. 28:19), en segundo lugar, para que los hombre puedan disfrutar a Cristo como el agua de vida (Jn. 7:37-38; 4:13-14), como el pan de vida (Jn. 6:35) y como la ley del Espíritu de vida (Ro. 8:2), en fin, para que los hombres experimente todas las inescrutables riquezas de Cristo (Ef. 3:8); y en tercer lugar, para que edifiquen el Cuerpo de Cristo (Ef. 2:20-22; 4:11-16). Como dije al principio de este artículo, la voluntad de Dios es Su Cuerpo, Su morada; por lo tanto, los que verdaderamente son llamados por Dios se complacen en hacer Su voluntad, es decir, en edificar el Cuerpo de Cristo, viviendo la vida del Cuerpo mediante una vida cristiana normal y una vida de iglesia apropiada.


El Cuerpo es la voluntad de Dios, sin embargo, Satanás, la carne y el mundo se oponen al cumplimiento del mismo. Por lo tanto, “tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad. Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, la cual manifestará a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores; el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A El sea la honra y el dominio eterno. Amén” (1 Ti. 6:11-16).


La Biblia nos dice: “Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios; teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder; a los tales evita. Porque entre ellos están los que se meten en las casas y llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones, siempre aprendiendo, pero que nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad. Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe. Pero no progresarán más, pues su insensatez será manifiesta a todos, como también sucedió con la de aquellos dos. Pero tú has seguido mi enseñanza, conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia, persecuciones, sufrimientos, como los que me acaecieron en Antioquía, en Iconio y en Listra. ¡Qué persecuciones sufrí! Y de todas ellas me libró el Señor. Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos. Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido” (2 Ti. 3:1-14).


Por tanto, “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo” (1 Jn. 4:1).


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2 comentarios:

Gracias por dejar tus comentarios. Que el Señor te bendiga!!!!