La fe de los vencedores (I)



Bendiciones amados hermanos, en esta oportunidad deseamos proseguir la serie de estudios que hemos denominado “Mas que vencedores”. En esta ocasión y en las subsiguientes trataremos de responder las preguntas ¿Qué creen los vencedores? y ¿Como podemos ser vencedores? En los post anteriores respondimos la pregunta ¿Qué son los vencedores? Sin embargo, ahora debemos llevar nuestro conocimiento teórico a su practicidad, no será una tarea fácil, pero espero en el Señor que muchos de los visitantes a este blog puedan ser bendecidos y edificados en su espíritu con esta serie de temas. Bien, en este día hablaremos de la Trinidad ¿Porque hablaremos de la Trinidad? Porque si lo que deseamos es experimentar las inescrutables riquezas de Dios, pues es lógico que primero sepamos quien es Dios ¿no cree usted?
El salmo 103:7 dice:
“A Moisés dio a conocer sus caminos, y a los hijos de Israel sus obras”.
Este salmo nos muestra que la manera en que experimentemos al Señor dependerá de la manera en que le conozcamos. Moisés conocía a Dios por sus camino, es decir, por Sus principios de justicia, santidad, misericordia, etc. Mientras que los hijos de Israel le conocía por Sus obras, es decir, por Sus milagros como abrir el mar Rojo, la peña que dio agua, el maná etc.
Así que por tanto, es correcto decir: Que lo que vivimos es el reflejo de lo que conocemos. Los nutricionistas lo dicen de otra forma: “Somos lo que comemos”. Así que “Dime que comes y te diré quien eres”. Quizás parezca risible pero bíblicamente es la verdad.
El problema del cristianismo de hoy, no esta en los creyentes tibios de hoy. ¡No!, creer esto es incorrecto, el problema del cristianismo de hoy radica en los maestros y predicadores contemporáneos quienes enseñan un Cristo filosófico, un Cristo humanista, un Cristo reformista y revolucionario, hablan de un Cristo inmutable, pero a la vez hablan de contemporanizarlo para la juventud de hoy; y se olvidan que bíblicamente la responsabilidad de los maestros y predicadores es impartir a Cristo como vida (Fil. 3:10-11) y enseñar la economía de Dios que se funda en la fe (1 Ti. 1:4), y no este tipo de enseñanzas diferentes que oímos hoy en las congregaciones denominacionales.
Pablo decía: “A Quien nosotros anunciamos [es decir, a Cristo la esperanza de gloria], amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre con toda sabiduría, para presentar a todo hombre perfecto [es decir, maduro] en Cristo” (Col. 1:28).
Que diferente lo que Pablo ministraba a los santos en contraste con lo que los maestros y predicadores de hoy enseñan. Por ello decimos que el problema del cristianismo de hoy no radica en los creyentes tibios, sino en los maestros y predicadores contemporáneos, porque su comisión es presentar a toda persona que se encuentra en sus congregaciones enteramente madura, sin embargo, las cartas de recomendación de los maestros y predicadores actuales son fraudulentas porque lo que vemos es tibieza espiritual en vez de madures.
Mencionó las cartas de recomendación porque 1 Corintios 3:1-3 nos dice:
“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para vosotros o de parte de vosotros? Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres, siendo manifiesto que sois carta de Cristo redactada por nosotros, no escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de corazones humanos”.
¡Oh que el Señor tenga misericordia de nosotros; y de nuestros hermanos predicadores y maestros, y nos cubra con Su sangre para no pecar contra ellos! Sin embargo, “no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20). No estamos tratando de criticar a los predicadores y maestros; sino de exhórtales amorosamente en la verdad. La Biblia nos dice: “Por lo cual, exhortaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro, tal como también hacéis” (1 Ts. 5:11). Y hebreos 3:13 también nos recomienda: “Antes bien, exhortaos los unos a los otros cada día, en tanto se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado”. No buscamos para el mal sino el bien.
Bueno, luego de esta extensa exhortación, ahora sí vemos en que consiste la Trinidad divina.
La Trinidad divina

La verdad sobre la Trinidad se plantea bíblica e históricamente de la forma siguiente:
Dios es uno en esencia (Is. 44:6-8; 45:5; 1 Co. 8:4; 1 Ti. 2:5; Dt. 6:4-5; Jn. 10:30; Ef. 4:4-6), mas es tres en cuanto a Su economía o plan (Gn. 1:1, 26; 3:22; 11:7; Mt. 28:19; 3:16-17; 28:19; 1 Co. 12:3-6; 2 Co. 13:14; Jn. 14:16; 1 P.1:2, Jud.20-21).
La esencia de Dios es una sola, sin embargo Sus sustancias o subsistencias o hipóstasis son tres. En esencia, El es un solo Dios, pero en cuanto a Su plan eterno, El es el Padre, el Hijo y el Espíritu.
El Padre elige (Ef. 1:3-6), el Hijo redime (Ef. 1:7-12) y el Espíritu aplica (Ef. 1:13-14). Estas tres funciones económicas son inseparables de cada hipóstasis de la Triunidad. Nunca se nos dice que el Padre muera por el hombre, ni nunca tampoco se nos dice que el Espíritu elija. Existe una distinción entre los tres de la Triunidad, más no una separación. El Padre es distinto al Hijo, el Hijo es distinto al Espíritu, y el Espíritu es distinto al Hijo y al Padre; pero no podemos decir que estén separados, ya que moran el uno en el otro.
La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu de la Triunidad no consiste solamente en que ellos coexisten simultáneamente y sean coiguales, sino aun más, en que ellos moran mutuamente el uno en el otro. Coexistir significa existir juntos al mismo tiempo; mientras que morar el uno en el otro, según se aplica a la Triunidad, significa que el Padre, el Hijo y el Espíritu están el uno en el otro y, por ende, existen juntos eternamente.
Por consiguiente, podemos afirmar que cada una de estas hipóstasis son Dios (Ro. 1:7; He. 1:8; Hch. 5:3-4). El Padre es Dios (1 P. 1:2; Ef. 1:17); el Hijo es Dios (He. 1:8; Jn. 1:1; Ro. 9:5); y el Espíritu es Dios (Hch. 5:3-4). Y sin embargo, son un solo Dios, y no tres Dioses separados.
Cada una de estas hipóstasis son eternas (Is. 9:6; He. 1:12; 7:3; 9:14). El Padre es eterno (Is. 9:6); el Hijo es eterno (He. 1:12; 7:3); y el Espíritu también es eterno (He. 9:14).
Cada una de las hipóstasis de la Triunidad son personas (es decir, que tienen razonamiento, emociones y voluntad propia), El Padre es una persona, el Hijo es una persona y el Espíritu es una persona, sin embargo, no es apropiado llamarlas así, pues este término da lugar al triteísmo.
Además, cada una de las hipóstasis de la Triunidad es Santa (Ap. 4:8; 15:4; Hch. 3:14; 1 Jn. 2:20), Verdadera (Jn. 7:28; Ap. 3:7; 1 Jn.5:6), Omnipresente (Jer. 23:24; Ef. 1:23; Sal. 139:7), Omnipotente (Gn. 17:1; Ap. 1:8; Ro. 15:19; Jer. 23:17; He. 1:3; Lc. 1:35), Omnisciente (Hch. 15:18; Jn. 21:17; 1 Co. 2:10-11), Creadora (Gn. 1:1; Jn. 1:3; Col. 1:16; Job 26:13; 33:4; Sal. 148:5), Santificadora (Jud. 1; He. 2:11; 1 P. 1:2), Enseña (Lc. 21:15; Jn. 2:20, 15; 14:26; Gá. 1:12; Is. 48:17; 54:13), Inspirar a los profetas (Mr. 13:11; He. 1:1; 2 Co. 3:13; 2 P. 1:21; 2 Ti. 3:16), Resucitar a Cristo (1 Co. 6:14; Jn. 2:19; 1 P. 3:18), esta inmersa en la salvación (2 Ts. 2:13; Tit. 3:4-6; 1 P. 1:2; Gá. 4:6) y el Bautismo (Mt. 28:19). Todo esto, lo son cada hipóstasis al mismo tiempo y no en modos ni etapas, y lo son eternamente. Por ello afirmamos que cada una de estas tres hipóstasis coexisten eternamente al mismo tiempo entre sí, y no en modos o etapas sucesivas (Gn. 1:26; Jn. 1:1; 14:16-17; 17:5; Mt. 3:16-17; Ef. 3:14-17).
Como ya lo mencionamos anteriormente, cada una de estas tres hipóstasis moran la una en la otra eternamente, y no son tres Dioses separados, esto quiere decir, que son coinherentes una de la otra. El Hijo nunca hizo nada separado del Padre (Jn. 5:19). El vino en el nombre del Padre (Jn. 5:43) y con El (Jn. 8:29; 16:32). El está en el Padre, y el Padre en El (Jn. 14:10-11). Además, fue engendrado por el Espíritu Santo (Lc. 1:35; Mt. 1:18, 20) y lo hizo todo por el Espíritu (Lc. 4:1, 18a; Mt. 12:28).
En base a esta coinherencia de la Triunidad, podemos afirmar, que el Hijo es el Padre (Is. 9:6) y que el Hijo es el Espíritu (1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17). En nuestro hablar sobre las hipóstasis de la Triunidad, única y exclusivamente podemos decir esto y nada más. No podemos decir que el Padre es el Espíritu porque la Biblia no testifica esto, debemos ser cuidadosos en nuestro hablar respecto a la coinherencia. La Biblia solo recalca que cuando el Hijo viene, el Padre viene con El (Jn. 8:29; 16:32) pues son una misma cosa o esencia (Jn. 10:30; 14:7), y que el Espíritu es la realidad del Hijo (Jn. 14:17-18).
Cada una de las hipóstasis de la Triunidad mora en el creyente (Jn. 14:23, 17; Ro. 8:9-11; 1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; 13:5; Ef. 2:22; 3:17; 4:6; Col. 1:27), y esto es lo que le da mayor realce al aspecto de la coinherencia de la Triunidad, ya que nos muestra que la coinherencia de la Triunidad es para el disfrute de los santos y no para su sistematización.
En conclusión, las hipóstasis de la Triunidad no pueden ser confundidas en cuanto a Sus funciones económicas pero si en cuanto a Sus funciones esenciales.
Nota: Les recomiendo el librito "Estudios sobre la Trinidad" para ahondar mas sobre esta verdad, el librito lo pueden descargar gratuitamente de la barra lateral derecha de este blog.

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