Estudios sobre Colosenses: Introducción.


I. DATOS GENERALES

Autor: El apóstol Pablo y el hermano Timoteo (1:1).

Durante los primeros XVIII siglos de la historia cristiana, la epístola a los Colosenses había sido considerada como parte integra del corpus paulinus. A principios del siglo XIX, comenzó a tomar auge la llamada alta crítica, y con ella surgieron los ataques a la autenticidad de varios libros de la Biblia. La alta crítica moderna sostiene que Colosenses fue escrita en el siglo II por un seudónimo que trató de imitar el estilo Paulino usando la epístola a los Efesios como modelo. A pesar de los ataques y las conclusiones de la alta crítica moderna existen evidencias que permiten afirmar la autenticidad de la epístola a lo Colosenses y defender el origen Paulino de dicho documento. Contrario a la opinión de la alta crítica moderna las evidencias tanto externas como internas favorecen la genuinidad y el origen Paulino de la carta a los Colosenses.


Evidencias externas:

La epístola a los Colosenses es atribuida al apóstol Pablo por Marción (150 d.C.), Ireneo (140-197 d.C.), el canon Muratorio (ca. 170 d.C.), Orígenes (185-254 d.C.), Tertuliano (160-220 d.C.) y Justino Mártir (ca. 100-165 d.C.). De modo que el testimonio de los padres apostólicos afirma sin lugar a dudas que el apóstol Pablo escribió la carta a los Colosenses.

Evidencias internas:

Por encima de la insistencia de la alta crítica en negar el origen Paulino de la epístola a los Colosenses, están ciertas evidencias internas que afirman que en verdad fue el apóstol Pablo quien escribió dicha epístola. En primer lugar, el testimonio del epístola en 1:1-23 y 4:18. Estos versículos atestiguan que el gran apóstol de los gentiles escribió la carta. En segundo lugar, la estrecha relación existente entre la epístola a Filemón y Colosenses es un argumento poderoso a favor de la autenticidad de la carta a los colosenses. La epístola a Filemón ha sido reconocida casi universalmente como producto de la mano del apóstol Pablo. Una comparación de estas dos epístolas conduce a la conclusión de que ambas proceden del mismo autor. Si se acepta como Paulina la epístola a Filemón, debe aceptarse como tal también la epístola a los Colosenses.

Fecha: Por el año 64 d. de C, cuando la Epístola a Filemón fue escrita (4:9; Flm. 10-12).

Lugar: Roma, donde Pablo estaba encarcelado (4:3, 10, 18).

Destinatarios: Los santos en Colosas (1:2).

Colosas: Ciudad de la provincia romana de Frigia, en la región de Asia Menor, en el Oriente de lo que es ahora la Turquía asiática. Era una ciudad situada sobre una colina, estaba ubicada a 16 kms de Laodicea, a 21 kms de Hierápolis y a 176 kms al este de Eféso, en el valle de Lico, sobre la carretera principal. Originalmente era el punto donde se unían las grandes rutas de Sardis y Éfeso, era parte de la ruta más importante de comercio desde Efeso hasta el Eufrates, se encontraba en la ruta que unían a la ciudad adoradora de la gran diosa Diana, es decir Eféso, con el valle del Eúfrates. Edificada sobre un lugar fácilmente defendible y con un abundante suministro de agua. Aunque se desconoce la fecha exacta de la fundación de Colosas, datos históricos arrojan luz sobre su importancia en el siglo V a.C. puesto que allí acamparon los ejércitos Medo-Persas comandados por Jerjes (481 a.C.) y por Ciro el joven (401 a.C.). Durante algunas generaciones, Colosas ocupó un lugar prominente en Frigia, hasta el punto de haber sido la ciudad más importante de la región. Pero con el curso de los años, el volumen del comercio fue desplazado hacia Hiérapolis y Laodisea, de modo que la importancia de Colosas disminuyó considerablemente. Cuando Pablo escribió su epístola, la gloria de la gran ciudad había desaparecido casi por completo. Sin duda, como menciona J. B. Lightfoot en su comentario, la congregación de Colosas era la más insignificante de todas a las que Pablo escribió una de sus epístolas. Colosas era una ciudad multicultural, ya que su población era una mezcla de judíos, griegos y frigios. Un terremoto la destruyó alrededor del 65 d.C. según lo describe Tácito en sus anales. Sin embargo, fue hasta el siglo XII d.C. cuando los turcos la destruyeron que Colosas quedo en ruinas. Las ruinas están ubicadas a 4 kms de la actual aldea de Honaz y a 16 kms al este de la ciudad de Denizli, actualmente el lugar está deshabitado. En 1835, William J. Hamilton identifico y exploró las ruinas de la ciudad y su ciudadela. Observó muchas columnas de mármol, un teatro en ruinas que aún conservaba muchos asientos, y el cementerio de la ciudad con sus tumbas cavadas en la roca. Los descubrimientos arqueológicos en la ciudad se han limitado a unas cuantas inscripciones, a algunas monedas, y a una iglesia de la antigüedad. Aun así de limitados, éstos dan un mayor significado a la epístola de Pablo a los Colosenses.


La iglesia en Colosas: Fue establecida en el tiempo del tercer viaje ministerial de Pablo, durante sus tres años en Efeso, no por Pablo mismo (Col. 2:1) sino por Epafras (Col. 1:7, 12, 13). Arquipo también ejerció un ministerio fructífero allí (Col. 4:17; Flm. 2). Filemón era un miembro activo de esta iglesia al igual que Onésimo (Col. 4:9). Durante la primera prisión romana de Pablo, Epafras le llevó un informe de los puntos de vista cristianos y las prácticas en Colosas que motivaron su carta, en la cual reprocha a la iglesia por sus errores, y les presenta a Cristo como el centro de toda la vida cristiana.

Tema de la epístola: Cristo, Aquel que es todo-inclusivo y tiene el primer lugar en todas las cosas, es el misterio y la corporificación de Dios, la Cabeza y la porción de la iglesia, la herencia, la vida, el elemento constitutivo y la esperanza de los santos, y la realidad de todas las cosas positivas.

Contexto: El punto vital en cuanto al contexto del libro de Colosenses es que la cultura se había infiltrado en la vida de iglesia. La población de Colosas era una mezcla de gentiles y judíos. Los gentiles y los judíos tenían culturas diferentes. En su mayoría, los gentiles estaban bajo la influencia de la cultura griega y su filosofía; sin embargo, en aquel tiempo la filosofía griega ya no era pura. Más bien, era una mezcla de varias filosofías. Además, la cultura gentil estaba de algún modo mezclada con los conceptos religiosos judíos. Esta mezcla de culturas inundó la iglesia en Colosas. La iglesia debe ser una casa llena de Cristo y constituida de Él. Sin embargo, la iglesia en Colosas había sido invadida por la cultura. En gran medida, el Cristo que es el elemento único en la vida de iglesia estaba siendo reemplazado por varios aspectos de esa cultura mixta. El elemento constitutivo de la iglesia debe ser Cristo y solamente Cristo, pues la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Así que, el contenido de la iglesia debe ser nada menos que el propio Cristo. Sin embargo, los elementos buenos de la cultura, especialmente la filosofía y la religión, habían invadido y saturado a la iglesia.

La herejía: Las enseñanzas que carcomían la fe de los colosenses eran una especie de sincretismo entre filosofías y prácticas tanto judías como orientales y griegas; y aunque el gnosticismo como tal surgió hasta el siglo II d. C, no obstante, la mayoria de los principios gnósticos ya estaban presentes en las enseñanzas que se difundían en la iglesia de Colosas. Estas enseñanzas que corrompían la fe de los colosenses pueden ser clasificadas, según lo muestra la epístola misma, en ocho tipos de enseñanzas, las cuales son:

(1) La Filosofía griega (Col. 2:3, 8, 23)


La influencia de la filosofía griega puede notarse claramente en el empleo que Pablo hace de la palabra griega epignosis (pleno conocimiento), en lugar de utilizar la palabra griega gnosis (conocimiento). Mostrando de esta manera que el conocimiento de Cristo no es un conocimiento que se adquiere por el ejercicio mental; sino que es un conocimiento práctico que se adquiere por el ejercicio espiritual.

(2) Las Enseñanzas judías

Las enseñanzas judías se pueden subclasificar en cuatro, las cuales son:

  1. La circuncisión (Col. 2:11-13)
  2. Los días festivos y el sábado (Col. 2:16)
  3. Las comidas y las bebidas (Col. 2:16)
  4. Las tradiciones (Col. 2:8)
(3) El Ascétismo (Col. 2:16, 18, 20-21, 23)

El ascetismo es considerar que el cuerpo humano es el origen de la maldad, y que por lo tanto, debe ser maltratado por todos los medios posibles, a fin de poder llevar una vida espiritual, libre de la corrupción de la naturaleza humana. Este ascetismo estaba relacionado con la legalidad de las ordenanzas (2:20-21) y con las observancias judías (2:16).

(4) El Mistícismo (Col. 2:18)

El misticismo también había invadido la iglesia. Este misticismo estaba relacionado con el gnosticismo, el cual estaba compuesto de filosofías egipcias, babilónicas, judías y griegas (2:8), y del culto a los ángeles (2:18). El misticismo enseña que existen muchos seres espirituales, los cuales hay que adorar, de ahí se derivó la adoración a los ángeles, los arcángeles, los santos, etc. Asimismo, los misticistas enseñaban que estas entidades espirituales revelan verdades sobrenaturales a los hombres, revelaciones que están fuera del contexto bíblico.

(5) El Docetismo (Col. 1:20-22)

La palabra docetismo deriva de la palabra griega dokeo que significa “parecer”. La opinión herética de los docetas era que Jesucristo no era un verdadero ser humano, sino que simplemente parecía serlo; según ellos, El era sólo un fantasma. El docetismo estaba mezclado con el gnosticismo, el cual enseñaba que la materia era esencialmente mala; Por lo tanto, los docetas enseñaban que, puesto que Cristo es santo, El no pudo haber tenido la contaminación de la carne humana. Ellos enseñaban que el cuerpo de Jesús no era de carne y sangre físicas, sino que era meramente un fantasma ilusorio y pasajero, y que por lo mismo El no sufrió, ni murió, ni resucitó. Tal herejía socava no solamente la encarnación del Señor, sino también Su redención y Su resurrección. El docetismo era una característica de los primeros anticristianos que fomentaban el error.

(6) El Antinomianismo (Col. 3:5-7)

La palabra antinomianismo proviene de la palabra latina anti qué significa “contra” y la palabra griega nomos que significa “ley”. Los antinomianistas enseñan que el ser humano es completamente bueno, y que por lo tanto, puede hacer lo que le plazca sin tener que sujetarse a ninguna ley moral.

(7) El Cerintianismo (Col. 1:9; 2:9)

La herejía de Cerinto, un heresiarca sirio del primer siglo, de ascendencia judía y educado en Alejandría. Su herejía era una mezcla de judaísmo, gnosticismo y cristianismo: El hacía una distinción entre el hacedor (creador) del mundo y Dios, y representaba a ese hacedor como un poder subordinado. El enseñaba el adopcionismo, diciendo que Jesús era simplemente Hijo adoptivo de Dios y que llegó a ser Hijo de Dios al ser exaltado a una posición que no era Suya por nacimiento; de este modo negaba que Jesús hubiese sido concebido por el Espíritu Santo. Cerinto en su herejía separaba al Jesús terrenal, considerado como hijo de José y María, del Cristo celestial, y enseñaba que después de que Jesús fue bautizado, Cristo como una paloma descendió sobre El, y entonces anunció al Padre desconocido e hizo milagros. Además, enseñaba que Cristo, al final de Su ministerio, se separó del Jesús humano, y que fue ese Jesús quien sufrió la muerte sobre la cruz y resucitó de entre los muertos, mientras que el Cristo divino permanecía separado como un ser espiritual; además también enseñaba que el Cristo divino se volverá a unir al Jesús humano cuando venga el reino mesiánico de gloria.

(8) El Dualismo (Col. 1:19; 2:9)

Los herejes creían que había dos fuerzas eternas, el bien y el mal, y que la fuerza del mal creó el universo, por ello la materia era mala. Para ellos existían dos dioses: un dios inferior llamado Demiurgo, el Dios del Antiguo Testamento que creó el universo, y un dios superior, el Ser Supremo, que ofreció salvación al mundo. Algunos decían que el dios del Nuevo Testamento era el Ser Supremo, pero otros decían que aun el dios del Nuevo Testamento era inferior al Ser Supremo. Según los herejes entre estos dos dioses existían una serie de seres intermedios o iones o emanaciones, a los cuales se les llamaba la pleroma. Se decía que Cristo era uno de estas emanaciones, que aunque fuera una de las más altas, o la más alta, no era única, sino simplemente una emanación del Ser Supremo. Estos herejes enseñaban que el Padre de Jesucristo, el Dios de los cristianos, era muy inferior al Dios Supremo, y que las Escrituras del Dios de los cristianos eran inferiores a la revelación del Ser Supremo.

Pensamiento central: El propósito de Pablo en la epístola a los Colosenses es mostrar que en la iglesia no se deben permitir sustitutos de Cristo. La vida de iglesia debe estar constituida únicamente de Cristo. Él debe ser nuestro único elemento constitutivo y nuestra constitución misma. Esta es la razón por la que en esta breve epístola se usan varias expresiones elevadas para describir a Cristo. Por ejemplo, Él es llamado la imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda creación, el Primogénito de entre los muertos y el cuerpo de todas las sombras.

Esquema general: En Colosenses, Cristo es revelado al máximo, mucho más que en Gálatas. En Gálatas Pablo habla de que Cristo se revela en nosotros, que Cristo vive en nosotros y que Cristo se forma en nosotros. Pero en Colosenses el apóstol usa varios términos especiales para referirse a Cristo: Él es la porción de los santos, la imagen del Dios invisible y el Primogénito de toda creación. En este breve libro se revela un aspecto tras otro de Cristo. Por tanto, Colosenses revela que Cristo es profundo y todo-inclusivo. El Cristo todo-inclusivo trasciende nuestro entendimiento. Nuestra necesidad es que Él se infunda en nosotros, nos sature y nos empape, hasta que en nuestra experiencia Cristo sea el todo para nosotros: nuestro alimento, nuestra bebida, nuestro banquete, nuestros días de fiesta, nuestro sábado, nuestra luna nueva y nuestro todo. No debemos permitir que nada reemplace a Cristo ni que sea un sustituto de Él. Este es el punto central de Colosenses. Gálatas revela que Cristo es contrario a la religión y a la ley, pero Colosenses revela que Cristo es contrario a todo, pues Él mismo es la realidad de todas las cosas positivas.

Secciones: 1) introducción (1:1-8); 2) Cristo: Aquel que es preeminente y todo-inclusivo, la centralidad y universalidad de Dios (1:9—3:11); 3) el vivir de los santos en unión con Cristo (3:12—4:6); y 4) conclusión (4:7-18).

Sinopsis: La epístola a los colosenses puede resumirse en cuatro expresiones. La primera es “revelación objetiva”. Especialmente en los primeros dos capítulos y medio de este libro encontramos abundante revelación con respecto a quién es Cristo y qué es Cristo. Esta revelación es objetiva; pues está directamente referida a una realidad trascendente. La revelación de Cristo en Colosenses incluye: 1) Cristo como la porción de los santos (Col. 1:12); 2) Cristo como la imagen del Dios invisible (Col. 1:15a); 3) Cristo como el Primogénito de toda creación (Col. 1:15b); 4) Cristo como el Primogénito de entre los muertos (Col. 1:18); 5) Cristo como Aquel en quien toda la plenitud se agrada en habitar (Col. 1:19; 2:9); 6) Cristo como el misterio de la economía de Dios (Col. 1:27a); 7) Cristo como la esperanza de gloria que mora en nuestro ser (Col. 1:27b); 8) Cristo como el misterio de Dios (Col. 2:2); 9) Cristo como Aquel en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col. 2:3); 10) Cristo como la realidad de todas las cosas positivas (Col. 2:16-17); 11) Cristo como nuestra vida (Col. 3:4); y 12) Cristo como el elemento constitutivo del nuevo hombre (Col. 3:10-11). Ciertamente necesitamos recibir una revelación de este Cristo. Necesitamos adquirir la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús (Fil. 3:8). Por lo tanto, debemos empezar a conocerlo mediante la revelación objetiva de Su persona. La segunda expresión es “experiencia subjetiva”. Esto no se refiere a una experiencia subjetiva en la que Cristo esté ausente, sino a la experiencia personal que tenemos del Cristo presentado en la revelación objetiva. Así pues, nos referimos a la experiencia subjetiva de tal Cristo. En el libro de Colosenses hay un número de frases muy importantes que aluden a nuestra experiencia de Cristo. Algunas de estas frases son: “Cristo en vosotros” (Col. 1:27) “perfecto en Cristo” (Col. 1:28), “andad en Él” (Col. 2:6), “según Cristo” (Col. 2:8), “os dio vida juntamente con Él” (Col. 2:13), “habéis muerto con Cristo” (Col. 2:20), “asiéndose de la Cabeza” (Col. 2:19), “en virtud de quien” (Col. 2:19), y “crece con el crecimiento de Dios” (Col. 2:19). Si contemplamos estas nueve frases en conjunto, veremos un panorama completo de la experiencia apropiada de Cristo. La tercera expresión es “el único elemento constitutivo”. Cuando experimentamos al Cristo revelado en Colosenses, Él llega a ser nuestra propia constitución intrínseca. No importa cómo seamos externamente —ni el color de nuestra piel, ni el pueblo del cual procedemos, ni nuestra nacionalidad ni nuestra clase social— pues, al experimentar a Cristo, todos nosotros adquirimos un elemento constitutivo que es uno solo y el mismo en todos nosotros. Así pues, intrínseca, esencial y orgánicamente, en vida y en naturaleza, somos todos iguales. No necesitamos ni deseamos cierta uniformidad externa, que es algo mecánico y sistemático. No es que vayamos a lograr cierta homogeneidad exterior hasta llegar a formar una especie de entidad impersonal. Si bien externamente continuaremos exhibiendo cierta diversidad, intrínsecamente todos estamos en el proceso de llegar a ser Cristo. El Cristo que se nos revela en Colosenses y al cual experimentamos conforme a dicho libro, se ha propuesto reemplazar nuestro elemento natural y nuestra cultura consigo mismo y llegar a ser así nuestro único elemento constitutivo (Col. 3:10-11). Como fruto de la revelación objetiva, de la experiencia subjetiva y de este único elemento constitutivo, surge la cuarta y última expresión: La “expresión corporativa”. Ésta es la expresión corporativa del Cristo todo-inclusivo, extenso y preeminente, quien es la corporificación del Dios Triuno procesado y consumado. Esta expresión corporativa es el Cuerpo de Cristo, el cual es el nuevo hombre que se manifiesta en el vivir de las iglesias locales (Col. 3:12-4:17). Ésta es la meta de la revelación divina contenida en Colosenses.

Otros datos: Colosenses es una epístola compañera de Efesios, Filipenses y Filémon, juntas son llamadas “las cartas de la prisión”. Al parecer esta epístola fue llevada a la iglesia de Colosas por mano de Tíquico y Onésimo (Col. 4:7-9). La epístola a los Efesios fue llevada por Tíquico (Ef. 6:21-22), Filipenses fue llevada por Epafrodito (Fil. 2:25) y la epístola a Filémon fue llevada por Onésimo (Flm. 17). Por otra parte, la epístola a Colosenses también forma parte de las epístola denominadas “El corazón de la revelación divina del Nuevo Testamento” cuyo grupo lo conforman Gálatas, Efesios, Filipenses y Colosenses. El libro de colosenses es el libro del Nuevo Testamento con mayor número de variantes textuales.


II. BOSQUEJO

I. Introducción1: 1-8
A. El saludo del apóstol—vs. 1-2
B. La acción de gracias del apóstol—vs. 3-8
II. Aquel que es preeminente y todo-inclusivo, la centralidad y la universalidad de Dios1: 93: 11
A. La porción de los santos—1: 9-14
B. La imagen de Dios y el Primogénito tanto en la creación como en resurrección—1: 15-23
C. El misterio de la economía de Dios—1: 24-29
D. El misterio de Dios—2: 1-7
E. El cuerpo de todas las sombras—2: 8-23
F. La vida de los santos—3: 1-4
G. Los constituyentes del hombre nuevo—3: 5-11
III. Una vida en unión con Cristo3: 124: 6
A. La paz de Cristo que actúa como arbitro—3: 12-15
B. La palabra de Cristo que mora en nosotros—3: 16-17
C. La expresión de Cristo en las relaciones éticas—3: 18—4: 1
D. Orar con perseverancia y andar en sabiduría—4: 2-6
IV. Conclusión—4: 7-18
A. La comunión del apóstol—vs. 7-17
B. La salutación del apóstol—v. 18

1 comentario:

  1. Gracias por este estudio, que Dios les continue bendiciendo y ayudandonos a entender las epistolas Paulinas y su historia.

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Gracias por dejar tus comentarios. Que el Señor te bendiga!!!!