Fortalecidos en el hombre interior por Su Espíritu.


Lectura bíblica: Juan 3:6; Efesios 3:16; 1 Corintios 2:14-15; 2 Corintios 4:16; Romanos 6:6; Gálatas 4:29; 5:17.


Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6).

Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16).

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie” (1 Corintios 2:14-15).

Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” ( 2 Corintios 4:16).

“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6).

Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora” (Gálatas 4:29).

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17).


Comiendo la Palabra de Vida

La Palabra de Dios es vida y alimento para nuestro espíritu. Si tan sólo la estudiamos, no alimentará nuestro espíritu; pero si la leemos, diciendo amén y la oramos, seremos vivificados. Aprendamos a comer como los niños recién nacidos el alimento espiritual. Lee la Palabra de vida, por ejemplo en Juan 3:6 y cómela: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Lo que es nacido del Espíritu ¡Amén!, espíritu es ¡Aleluya! Tenéis que ejercitar el leer, orando todos estos versículos. Si sólo leéis la Biblia, no ocurrirá mucho, pero si la leéis, orando, seréis vivificados.

Viviendo por el nuevo hombre, en el espíritu

Habéis nacido de la carne al nacer de vuestros padres, pero también habéis nacido de nuevo del Espíritu. Si no hubierais nacido de nuevo sólo tendríais el viejo hombre, el hombre exterior, que es el hombre natural. La Biblia nos dice que nuestra persona, el hombre del alma, es llamado el hombre viejo, el hombre exterior y el hombre natural, el viejo hombre nacido de la carne. Todos tenemos nuestro viejo hombre que hemos heredado de nuestros padres. Pero cuando creemos en el Señor Jesucristo, nacemos de nuevo en el espíritu. Los seres humanos tenemos tres partes: el cuerpo, el alma y el espíritu. Es fácil conocer el cuerpo. Es nuestra apariencia exterior. Es fácil conocer a alguien por su apariencia exterior, por su cuerpo, pero una persona es más de lo que aparenta. La Biblia también nos dice que tenemos un alma. La palabra griega utilizada en la Biblia es “Psiqué”. La palabra psicología deriva de esta palabra. Los estudios de psicología tratan de las emociones, de la mente y de la voluntad de los hombres. Pero más profundo que el alma, mucho más profundo, escondido, está el hombre interior, tu espíritu. Los que no han nacido de nuevo no saben que tienen un espíritu, pero cuando naces de nuevo, tu espíritu es vivificado y tienes otro hombre llamado el hombre interior, el hombre nuevo, el hombre espiritual. Este hombre interior es Cristo morando en tu espíritu. El que se une al Señor es un espíritu con él (1 Corintios 6:17). Cristo entra en tu espíritu y tu espíritu siendo habitado por el Espíritu de Cristo llega a ser el hombre interior. ¿Cuántos hombres eres? La Biblia nos dice en 2 Corintios 4 que nuestro hombre exterior se va desgastando y que nuestro hombre interior va siendo renovado, por lo tanto, en nuestra experiencia, hay dos hombres que existen a la vez. La Escritura también nos dice que lo que es nacido de la carne siempre lucha contra lo que es nacido del espíritu para que no hagamos lo que queremos (Gálatas 5:17). Tu carne, por ejemplo, quiere discutir con alguien, pero tu espíritu no quiere. La carne está contra el espíritu y el espíritu contra la carne. No sabes qué hacer. Tu ser es como un campo de batalla. Todos los días experimentamos esto porque hemos nacido de la carne en primer lugar y del espíritu en segundo lugar. ¡Hay una lucha! Por un lado está el hombre natural y por el otro el hombre espiritual. El hombre natural vino de tu padre en la carne; el hombre espiritual de tu Padre celestial, del Espíritu. La Biblia nos dice que debemos andar en el espíritu para no satisfacer los deseos de la carne. Si estamos en el espíritu, matamos los deseos y las obras de la carne (Romanos 8). Ahora tenéis dos personas. Esa es vuestra experiencia. Vuestra mente lucha contra vuestro espíritu. ¿Quién es más fuerte? El Espíritu del Señor es más fuerte, pero tu espíritu aún no lo es. Por eso, debes ser fortalecido en el hombre interior por Su Espíritu. Si tu hombre interior es débil, no podrás luchar. ¿Quién es más fuerte: tu hombre natural, exterior o tu hombre interior? ¡Oh Señor Jesús!

Fortalecidos conforme a Sus riquezas

Tenemos que ser fortalecidos conforme a las riquezas de Su gloria en nuestro hombre interior. Efesios 3:8 nos habla del evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, que son Jesucristo mismo, y nos son dadas por Su Espíritu. Nuestro hombre interior tiene que ser fortalecido según las riquezas de Cristo, por Su Espíritu. Cristo es muy rico. Él mismo es la riqueza de Dios y esas riquezas deben ser forjadas en nuestro espíritu por Su Espíritu. Así, nuestro hombre interior se irá fortaleciendo y renovando de día en día. Mañana tiene que ser más fuerte que hoy. Todos los días debemos ejercitarnos: clamar: ¡Oh Señor, amén, aleluya!, para que el hombre interior se fortalezca, y también debemos leer la Palabra en oración. El Señor necesita algunos jóvenes con espíritus fuertes para ganar este país para Su propósito. Ejercitad vuestro hombre interior. Fortalecedlo. Entonces podrá vencer al hombre exterior. Ora e invoca al Señor: “Oh Señor, fortalece mi hombre interior”. El Señor es rico para todos los que le invocan. Tu hombre interior será fortalecido porque el Señor es rico en el espíritu.

Ser cristiano no es una doctrina.

Si quieres realmente ser para el Señor tienes que ser fuerte en el hombre interior y para ello tienes que orar: “Señor, fortalece mi hombre interior”. Cristo fortalecerá tu hombre interior, lo sentirás. Si tu hombre exterior quiere decir algo, tu hombre interior dirá: “¡No!”. Si tu hombre interior es más fuerte, dirás: ¡Aleluya! ¡Oh Señor, Señor Jesús! Esto mata los deseos del hombre exterior. Pero si tu hombre exterior es más fuerte, el hombre interior no puede hacer nada. Esto es muy real en nuestra vida cristiana cotidiana. El fortalecimiento necesita ejercicio. Si quieres tener unos buenos músculos, tienes que hacer ejercicio cada mañana. De igual manera, si quieres tener un espíritu fuerte, un hombre interior fuerte, tienes que ejercitarte: ¡¡Oh Señor, amén, aleluya!! Tu espíritu se fortalecerá. Ora también la Palabra. Come la Palabra viva para fortalecer tu espíritu. No quiero hablar algo teórico, ni predicaros, sino mostraros la manera de tener contacto con el Dios vivo. Vosotros jóvenes, no os preocupéis de las doctrinas, sino del espíritu. El mero conocimiento doctrinal no os ayudará. Sabéis que tenéis que amar a vuestro prójimo y que tenéis que amar al Señor con todo vuestro corazón, pero ¿podéis hacerlo? A veces no podéis. El Señor tiene que fortalecer vuestro espíritu, vuestro hombre interior. Vuestro espíritu tiene que ser vuestra verdadera persona. Tenéis que vivir en vuestro espíritu. Pero para hacer esto debéis ser fortalecidos por el Espíritu, de acuerdo a las riquezas de Cristo.


Comunión dada el 31 Octubre de 1977 en Benalmádena, España.

2 comentarios:

  1. Preciosa enseñanza, se que los que la leamos nos ayudara en gran manera

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