La iglesia: el Cuerpo de Cristo.



Reflexionemos un poco sobre la iglesia como el Cuerpo de Cristo. En la iglesia como Cuerpo de Cristo no existen estructuras jerárquicas, tales como clero y laicos, pastor y santos, por cuanto no es una organización sino un organismo vivo, en el Cuerpo lo que existe es un orden funcional, cada miembro está ubicado en un lugar específico, por razón de su función, y no por ser superior a los demás miembros. En el Cuerpo no existe una persona que lideré ejerciendo señorío sobre los demás miembros, llegando a suplantar a Cristo, la Cabeza, sino que existe un presbiterio, un grupo de ancianos que en conjunto, edifiquen, pastoreen, enseñen, prediquen y administren las iglesias locales.

Los apóstoles cuando fundaban las iglesias locales, no establecían un grupo de ancianos y sobre ellos un pastor que los dirigiera, ellos solamente establecían ancianos (Hch. 11:30; 14:23; 15:2,4,6,22,23; 16:4; 20:17; 21:18; 22:5; 23:14; 24:1; 25:15; 1 Ti. 5:17; Tit 1:5; 2:2; Jac. 5:14; 1Pe. 5:1,5). En la iglesia como Cuerpo de Cristo todos los miembros son iguales en rango pero diferentes en función. En el Cuerpo cada miembro depende el uno del otro sin que nadie usurpe el lugar que le corresponde a Cristo como la Cabeza, es decir como aquel que controla y dirige al Cuerpo. En el Cuerpo no existen intermediarios entre los miembros y la Cabeza, sino que cada miembro se nutre directamente con el rico suministro de Cristo (véase Col. 2:19).

En la Biblia existe un ministerio llamado pastor-maestro (Ef. 4:11), sin embargo, tal ministerio no es estructural o jerárquico sino orgánico. Amamos mucho a los pastores jerárquicos de las denominaciones, pero aborrecemos su posición por cuanto Dios también la aborrece (Ap. 2:6, 15). En el Apocalipsis se nos habla de los Nicolaítas (Ap. 2:6, 15). El Dr. Robert H. Mounce, escritor del famoso y erudito comentario sobre Apocalipsis, nos comenta que por años los estudios bíblicos han intentado encontrar un grupo histórico denominado Nicolaítas, sin embargo, hasta la fecha no sea encontrado ninguno. Algunos – dice Robert Mounce – tratan de citar porciones de los escritos de Ireneo (Adv. Haer., i. 26, 3; iii. 10, 7), de Hipólito (Philos., vii. 36), de Clemente de Alejandría (Strom., ii. 20), de Tertuliano entre otros. Sin embargo, tales citas patrísticas son irrelevantes, pues hacen alusión a grupos gnósticos constituidos posteriormente a la escritura del Apocalipsis. Por dicha razón, Robert H. Mounce, al igual que Dean Henry Alford, Marvin Vincent y C. I. Scofield, prefieren interpretar esta palabra de forma etimológica y no histórica. El Dr. Evis L. Carballosa nos dice lo siguiente en su comentario sobre Apocalipsis:

“El origen de los Nicolaítas es oscuro. Se han sugerido dos soluciones: (1) La solución tradicional la ofrecieron Ireneo e Hipólito, quienes atribuyen la fundación de la secta a Nicolás, el prosélito de Antioquía (Hch. 6:5), pero no presentan pruebas. Es posible, sin embargo, que un grupo gnóstico posterior implicado en la fundación de dicha secta haya usado el nombre de Nicolás. (2) Una segunda sugerencia tiene que ver con la etimología del nombre “nicolaítas”. El vocablo griego níke significa “victoria” o “conquista” y laós significa “pueblo”. De manera que “nicolaítas” significa “los que han conquistado al pueblo”. Si la secta hacía honor a su nombre, entonces era un movimiento que exaltaba a los clérigos por encima de los laicos”.

Por su parte, el archiconocido escritor Chino Watchman Nee nos dice lo siguiente entorno a los Nicolaítas en su libro la ortodoxia de la iglesia:

“Los nicolaítas no son un grupo que pueda ser hallado en la historia de la iglesia. Puesto que Apocalipsis es un libro de profecía, tenemos que investigar el significado de la palabra nicolaíta. Esta palabra en griego se compone de dos vocablos: nikaö significa “conquistar” o “estar por encima de otros”, y laos significa “la gente común”, “los seglares” o “los laicos”. Así pues, el vocablo nicolaíta significa “los que conquistan a la gente común”, “los que están por encima de los laicos”. Por ende, la designación nicolaítas hace referencia a un grupo de personas que se estima superior al resto de los creyentes. El Señor está en un nivel superior; los creyentes están por debajo de Él. Los nicolaítas están por debajo del Señor, pero están por encima del resto de los creyentes. El Señor aborrece tal comportamiento, propio de los nicolaítas. Dicha conducta, que consiste en ponerse por encima de los creyentes comunes y constituir una clase mediadora, es aborrecida por el Señor; es algo abominable. Aun así, esto solamente era una manera de conducirse y no se había convertido en una enseñanza todavía. En el Nuevo Testamento encontramos un principio fundamental: todos los hijos de Dios son sacerdotes de Dios. En Éxodo 19:5-6, Dios llamó al pueblo de Israel diciéndole: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y una nación santa”. En el principio, Dios había dispuesto que la nación estuviese formada sólo por sacerdotes, pero poco después ocurrió el incidente en que el pueblo adoró al becerro de oro. Así pues, Moisés quebró las tablas de la ley y dijo: “¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo... Y matad cada uno a su hermano” (32:26-27). Entonces, fueron los levitas quienes se pusieron del lado del Señor y, como resultado, tres mil israelitas fueron muertos en aquel día (v. 28). A partir de entonces, únicamente los levitas podían ejercer el sacerdocio; el reino de sacerdotes se redujo a una sola tribu de sacerdotes. El resto del pueblo de Israel no podía ejercer el sacerdocio y dependía de los levitas para que ejercieran el sacerdocio en lugar de ellos. La clase sacerdotal en el Antiguo Testamento era una clase mediadora. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, Pedro dijo: “Mas vosotros sois un linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios” (1 P. 2:9). Así pues, todos nosotros, la iglesia en su totalidad, somos sacerdotes; esto nos lleva de retorno a la condición que imperaba en el principio. Apocalipsis 1:5-6 dice que todos aquellos que han sido lavados por la sangre de Cristo han sido constituidos sacerdotes. Puesto que los sacerdotes son los que se encargan de los asuntos de Dios, esto quiere decir que los asuntos divinos han sido encomendados a todos los creyentes. Por tanto, no debe existir una clase mediadora en la iglesia. La iglesia sólo tiene un Sumo Sacerdote: el Señor Jesús. Antes de que se produjera un cambio en la iglesia, todos los creyentes estaban a cargo de los asuntos del Señor. Pero, después de los tiempos en que vivieron los primeros apóstoles, esto comenzó a cambiar: las personas comenzaron a perder interés en servir al Señor. Cuando surgió la Iglesia Católica Romana (en los tiempos de Pérgamo), eran muy pocos los que verdaderamente eran salvos, pero eran muchos los que se habían bautizado; por ende, los incrédulos comenzaron a invadir la iglesia. Entonces, surgió “el clero”. Puesto que en la iglesia había muchos miembros que no eran personas espirituales, ¿qué se podía hacer? Pedirle a esos miembros que dejaran los libros de contabilidad para dedicarse a estudiar la Biblia y predicar, no habría sido lo más conveniente; así que se buscó un grupo de personas que se hiciese cargo de los asuntos espirituales mientras que los demás podían dedicarse al trabajo secular. Por tanto, es así como surgió, en contra del deseo de Dios, “el clero”. Dios desea que todos los que realizan un trabajo secular se encarguen también de los asuntos espirituales. En la Iglesia Católica Romana, la distribución del pan, la imposición de las manos, los bautismos, etc. son llevados a cabo por los sacerdotes católicos; incluso las bodas y los funerales tienen que ser realizados por el “clero”. En la iglesia protestante hay pastores. Si uno está enfermo, llama a su médico; para un litigio, llama a su abogado; y para asuntos espirituales, llama a su pastor. ¿Y qué acerca de nosotros? Los creyentes en general podemos dedicarnos a las labores seculares sin que nada nos distraiga. Sin embargo, recordemos que, en el taoísmo, los sacerdotes cantan las liturgias para el pueblo; y en el judaísmo, los sacerdotes administran los asuntos divinos en beneficio de los hombres. Pero en la iglesia no debe existir una clase mediadora, pues todos somos sacerdotes. Es por este motivo que, en estos últimos veinte años, hemos estado clamando por el “sacerdocio universal”. Abel podía ofrecer sacrificios, al igual que Noé. En el principio, el pueblo de Israel en su totalidad podía ofrecer sacrificios; pero, después, debido a que el pueblo adoró al becerro de oro, a ellos no se les permitió ofrecer sacrificios por sí mismos. Dios afirma que todos y cada uno de los creyentes puede acudir directa y personalmente a Dios; sin embargo, en nuestros días, subsiste una clase mediadora en la iglesia. En la actualidad, hay nicolaítas en la iglesia; por tanto, el cristianismo se ha convertido en judaísmo. El Señor se complace en aquellos que rechazan la clase mediadora. Si usted ha sido lavado de sus pecados con la sangre de Cristo, entonces los asuntos espirituales le incumben directamente a usted. La iglesia no puede adoptar un cimiento diferente, de lo contrario, se convierte en judaísmo. Por tanto, no solamente luchamos en contra de las divisiones, sino que también luchamos por conservar el privilegio que nos confiere la sangre de Cristo. Actualmente, existen tres principales categorías de iglesias en el mundo: las iglesias que abarcan el ámbito mundial, como la Iglesia Católica Romana; las iglesias que abarcan el ámbito nacional, como la Iglesia Anglicana y la Iglesia Luterana; y las iglesias independientes, como la Iglesia Metodista, la Iglesia Presbiteriana, etc. En la Iglesia Católica Romana encontramos el sistema sacerdotal (católico), en la Iglesia Anglicana se halla el sistema clerical, y en las iglesias independientes existe el sistema pastoral. Así pues, lo único que vemos en nuestro entorno es que una clase mediadora se hace cargo de los asuntos espirituales. Pero la iglesia que Dios desea establecer es una iglesia en la que Él pueda manifestar el evangelio completo sin la presencia de una clase mediadora. Si en ella existe cualquier cosa que no está en conformidad con el evangelio completo, entonces no es la iglesia”.

Quizás, aun con todo lo antes dicho, algunos piensen que Filipenses 1:1 es la base bíblica que muestra que en la vida de iglesia existen rangos o clases, los cuales son: Ancianos, diáconos y los santos. Sin embargo, este versículo no aporta nada a favor de tal afirmación, sino que el mismo ha sido mal interpretado debido a que no hemos sido muy cuidadosos en nuestra lectura de este versículo. Filipenses 1:1 nos dice:

“Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los ancianos y diáconos”.

El punto que la mayoría de lectores de este versículo pasa por alto es la palabra de enlace “con”. Gramaticalmente la palabra de enlace “con” se utiliza para referirse a personas u objetos que forman parte de. En este caso que forman parte de los santos. Por tanto, los ancianos y los diáconos son parte de los santos y no clases separadas. Si Pablo hubiese utilizado la palabra de enlace “y” en vez de “con”, entonces efectivamente el enseñaba que en la iglesia existían tres clases diferentes: Ancianos, diáconos y santos. Pero Pablo no uso “y” sino “con”. Por dicha razón, en la iglesia solo existe una sola clase, que son los santos, y los ancianos y diáconos son parte de esta clase, no diferentes. La gramática es un factor muy importante en la interpretación de este versículo de Filipenses.

Quizás, algunos otros digan que el pastorado jerárquico es bíblico, tal vez citen los pasajes de He. 13:7, 17, 24 en la Reina-Valera revisión de 1960 o tal vez algunos otros argumenten que Tito y Timoteo fueron pastores establecidos por Pablo. Sin embargo, la traducción que la Reina-Valera revisión de 1960 hace de He. 13:7, 17, 24 es incorrecta la traducción correcta es “guías” como lo atestiguan la mayoría de las versiones modernas de la Biblia. Por otra parte, argumentar que Tito y Timoteo fueron pastores establecidos por Pablo es también erróneo. Tito y Timoteo no eran pastores jerárquicos sino apóstoles, ya que solo los apóstoles tenían la autoridad de establecer ancianos en las localidades (Hch. 14:23 cf. Tit. 1:5; 1 Ti. 5:19-22). Bíblicamente, Pablo no establecía pastores en la iglesia, y estos a su vez instituyeran ancianos. ¡No! Pablo enviaba apóstoles colaboradores suyos (Ro. 16:21; 2 Co. 8:23) a las regiones compuestas de varias ciudades (como lo era Creta, una isla con varias ciudades) para establecer iglesias y un cuerpo de ancianos en cada una de las ciudad que componían dicha región; este es el sentido de Tit. 1:5. La Biblia muestra claramente que los apóstoles fundaban una iglesia por cada ciudad y un cuerpo de ancianos (o presbiterio) por cada iglesia local (Hch. 8:1; 13:1; Ro. 16:1; 1 Co. 1:2; Ap. 1:11).

Hay que tener en cuenta que anciano (gr. presbuteros) denota la persona, y vigilar (gr. episkopos) es su función; uno que vigila es un anciano en función. Enfatizo esto ya que Ignacio en el siglo II d.C. enseñó que uno que vigila, un obispo, tiene una posición más alta que un anciano (gr. episkopon). De esta enseñanza errónea vino la jerarquía de obispos, arzobispos, cardenales y el papa que la iglesia Católica Romana sostiene. Además, esta enseñanza fue la fuente del sistema episcopal de gobierno eclesiástico. Debemos estar claros que el pastorado bíblico, es decir, el pastorado orgánico que se nos revela en las Santas Escrituras (Ef. 4:11) es simple y sencillamente cuidar de forma vigilante y alimentar a otros con Cristo. Esta función la puede ejercer cualquier miembro del Cuerpo, aunque es mayormente ejercida o empleada por los ancianos, en plural no en singular. Espero que estas breves líneas nos ayuden a ver la realidad bíblica del Cuerpo en contraste con el Cuerpo-empresa que vemos hoy. Con estas palabras no pretendo persuadir u ofender a nadie, sino simplemente hablar la verdad revelada y contenida en el Nuevo Testamento, si el Espíritu no persuade a ninguno, cuanto más mi persona lograra realizar tal proeza.

Para comprender mejor el tema véase: la manera en quese edifica el Cuerpo de Cristo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Gracias por dejar tus comentarios. Que el Señor te bendiga!!!!