Eventos del Porvenir (Parte 1)

Bendiciones, hermanos y amigos, en esta oportunidad deseamos compartir con ustedes un compendio de la escatología bíblica, realmente no soy partidario de la teología, porque en marca a Dios y no permite Su disfrute, por ello prefiero decir y pensar en los eventos finales de la era presente, la era de la iglesia, más que en escatología como tal. Si ustedes son curiosos notaran que el titulo de este post, lo no he tomado del famoso libro de J. Dwight Pentecost. Bueno, comencemos con nuestra introducción.

Introducción

En nuestros días se ha generado un creciente aumento en el estudio y la interpretación de los eventos del porvenir, prueba de ello es la aparición de un sinnúmero de literatura que llena ya los estantes de las librerías cristianas. Existe literatura que va desde una simple biblia de estudio de profecía, hasta novelas ficticias sobre cómo será el arrebatamiento de los santos, entre otro títulos interesantes. Hay literatura que va desde un análisis serio y ortodoxa con una hermenéutica clara, concisa e histórica, hasta aquella que cae en lo risible y extravagante. Sin duda alguna que los creyentes de esta época sea preocupado desmedidamente por entender los eventos del fin, pero aunado a este afán incesable sean desarrolla un buen numero de herejías y disparates como la de aquellos que a firman que “Dios les ha revelado el día exacto del fin del mundo”, etc. Asimismo, el estudio de los eventos del fin a propinado la proliferación de muchas sectas, como los adventistas del Séptimo día, los Santos de los Últimos días, etc. Con estos puntos de vista heréticos, mejor ni lo toquemos, pero que de nosotros, los cristianos lavados con la sangre de Cristo. Debido al estudio de los eventos futuros muchas congregaciones sean dividido por el simple hecho de no estar de acuerdo en un punto en específico sobre el arrebatamiento o sobre el milenio. Es así como encontramos congregaciones premilenaristas, postmilenaristas, amilenaristas, pretribulacionistas, postribulacionistas y del arrebatamiento parcial. Esto no está bien, la preocupación de la iglesia debe ser vivir al Señor, experimentarle a Él cada día en cada una de las cosas que hagamos por muy insignificantes o triviales que parezcan, más que el hecho de sectarizarnos, por que este y el otro hermano no encajan en mi concepción personal sobre el arrebatamiento o el milenio. Si el Señor nos viera en ese jugueteo ridículo, seguramente se reiría de nosotros, y se preocuparía por nuestra poca madurez. Nuestra preocupación no debe ser cuando o como sucederán los hechos finales; sino como estamos preparados para enfrentarlos. La Biblia nos cuenta de Enoc, ella nos dice que: “Enoc camino con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó” (Gn. 5:24). De esta historia podemos entender, que cosas como el arrebatamiento, el milenio, o el pasar o no la gran tribulación, no son hechos o sucesos instantáneos, sino que mas bien es un proceso. Desde el momento en que somos regenerados, nuestro deber para con Dios es caminar con El, es vivirle cada día, experimentarle y expresarle, si nuestro vivir es este caminar, simplemente nos toparemos con que un día Dios nos arrebato, y dicho acontecimiento, no nos parecerá extraño, pues siempre estuvimos con El, a Su lado en todo momento o circunstancia. Como alguien dijo por ahí: “Estar en el cielo, ya no nos parecerá raro, porque todos los días de nuestra vida estuvimos en el, viviendo en el espíritu mezclado (1 Co. 6:17), el cual es la ante sala, que nosotros los creyentes tenemos del cielo”. Así que hermanos, que las diferentes concepciones sobre los eventos futuros no nos divida. Tal vez, usted lea en este post puntos de vista contrarios y muy diferentes a lo que usted actualmente cree, pero ello no debe ser motivo para que nos dividamos, lo que importa es que ambos disfrutamos al Señor como nuestra vida y como nuestro vivir, y ello nos garantiza que pase lo que pase Dios no nos dejara estar sin Él. Otro problema, que se suscita con el auge del estudio de los eventos futuros, es el fatalismo. Muchos predicadores hoy en día, sean dado a la tarea de asustar a las personas con expresiones como: “ arrepiéntete hijo del diablo, porque el fin esta cerca, y los impíos arderán como estopa”. Muchas personas al oír este tipo de mensajes, se emocionan en su ser, y aceden a entregarse a Cristo, pero el problema es que esta conversiones, en su mayoría, no digo que no hay alguna que lo sea, no son legitimas, pues simplemente son el resultado de una emoción momentánea, pero no son el resultado del arrepentimiento que cambia nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar, no es un toque al espíritu del oyente, sino a su alma. Esta con alguien por temor creo que nunca será lo correcto. Pudiera preguntar a cualquier hermana si le gustaría estar con su esposo por temor a que la golpee o la maltrate, y estoy completamente seguro que cualquier hermana sensata, me diría que ella no está de acuerdo en estar con su esposo por temor, sino que más bien ella desea estar con el por amor. Lo mismo sucede en el caso de Dios, El no desea que le aceptemos por temor a Su ira justa y santa, Dios desea que le recibamos por el simple hecho de que le amamos, por que El nos amo primero, y con un amor eterno e incomprensible. Se da cuenta, cuan diferente es esto, Cristo, el esposo (Mt. 9:15; Jn. 3:29; 2 Co. 11:2; Ap. 21:2), desea una esposa que le ama, más que a una que le tema. Queridos hermanos, amamos mucho en el Señor a los santos que predican duramente sobre los eventos del fin, pero no estamos de acuerdo, en base a la Biblia, con su modo de proceder en cuanto a esto. Estamos muy pero muy consientes de que los tiempos que vivimos son definitivamente tiempos finales, ya las señales están dadas, oímos de guerras, rumores de guerras, hambres, pestilencias, terremotos, la ciencia ha aumentado de forma inimaginable, los conflictos en el medio oriente se han agudizado, Estados Unidos esta colapsando financieramente, y la Comunidad Europea se enarbola como potencia absoluta, y en la cristiandad se respirar aires a ecumenismo. Que más se puede esperar. Sin embargo, ello no es motivo para caer en una predicación fatalista y desequilibrada de los principios bíblicos concernientes a la predicación del evangelio; sino que más bien debe ser un aliciente que nos motive a continuar viviendo piadosamente en este peregrinar, confiando en la soberanía de Dios, que El hará lo que tenga que hacer con los inconversos, a su debido tiempo, pues el Pastor conoce a Sus ovejas (Jn. 10:14-16).

Los temas que estudiaremos a continuación, engloban la totalidad de los eventos del futuro, los mismos son: El Reino, el Arrebatamiento, la Gran Tribulación, el Tribunal de Cristo, las bodas del Cordero, el Milenio y el cielo nuevo y la tierra nueva. Todos estos siete aspectos están íntimamente relacionados, no se puede hablar de uno, sin verse en la necesidad de hablar de los otros. Así que en el estudio de los mismos, puede que nos parezca un poco redundante. Pedimos la misericordia del Señor, para poder explicarlos de la mejor manera, a fin de evitar cualquier tipo de ambigüedad.

Que les parece si antes de continuar, nos detenemos por un instante para orar al Señor, y pedirle que él nos dé, de Su luz para poder desentrañar estos puntos concernientes a los eventos del porvenir. Oremos así: ¡Oh Señor Jesús! Te alabamos, y te adoramos, por Tus grande maravillas a favor de nosotros los seres humanos, que aun siendo pecadores, Tú te has manifestado a nosotros como la Palabra divina. Te pedimos en este momento, Señor, que nos ilumines con Tú luz, a fin de poder apreciar de forma claro todo lo concernientes a los eventos que ha suscitarse al final de esta dispensación. En Cristo te lo pedimos. Amén. Iniciemos entonces.

El Reino

El reino en si posee dos aspectos. El aspecto del reino de los cielos que solamente se nos muestra en el evangelio de Mateo, y el aspecto del reino de Dios, que aparecen en todos los demás libros del Nuevo Testamento. El reino de Dios es básicamente un aspecto general del reino, el cual abarca desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura (Incluye las seis dispensaciones: la dispensación antes de la fundación del mundo, la dispensación de los patriarcas, la dispensación de la ley, la dispensación de la gracia o de la iglesia, la dispensación del reino y la dispensación de la eternidad futura); mientras que el reino de los cielos, es un aspecto especifico del reino de Dios, que solamente abarca desde la primera venida de Cristo hasta el milenio (Incluye solamente la dispensación de la gracia o de la iglesia y la dispensación del reino). En otras palabras, el reino de los cielos esta dentro del reino de Dios. En ese sentido se puede decir que el reino de Dios es como un país, como El Salvador, Colombia, México, etc., y el reino de los cielos es como un estado o departamento de ese país, como Usulután, Bogotá o el D.F. Si estamos en un determinado estado o departamento de un determinado país, uno puede decir con toda propiedad que se encuentra en ese país, es decir, que si uno se encuentra en Usulután, uno puede decir con toda propiedad que está en El Salvador, o si uno se encuentra en Bogotá, uno puede decir con toda propiedad que está en Colombia. Lo mismo sucede en lo concerniente al reino, uno puede decir que esta en el reino de Dios con esta en el reino de lo cielos. Los escritores del Nuevo Testamento así lo entendieron, por ejemplo, Pablo en Ro. 14:17 muestra que la iglesia es el reino de Dios, pero como ya lo mencionamos, la dispensación de la iglesia pertenece en sí al reino de los cielos, sin embargo, como el reino de los cielos esta dentro del reino de Dios no existe error alguno en llamarlo el reino de Dios. Ahora, prosiguiendo con nuestro estudio, debemos retomar el aspecto del reino de los cielos para poder ahondar un poco más en el. El reino de los cielos, según se nos presenta en el evangelio de Mateo, posee tres aspectos: El aspecto de la realidad (Mt. 5-7), el aspecto de la apariencia (Mt. 13) y el aspecto de la manifestación (Mt. 24-25). El dos aspectos, el aspecto de la realidad y el aspecto de la apariencia, se desarrollan dentro de la dispensación presente, la dispensación de la gracia o de la iglesia; mientras que el aspecto de la manifestación se desarrollara en el futuro en la dispensación del reino comúnmente llamada el milenio. El aspecto de la realidad está constituido por aquellos creyentes que realmente buscan a Dios y viven en El con toda sinceridad. Mientras que en el aspecto de la apariencia está conformado por aquellas personas que simplemente profesar conocer a Dios pero que no viven en las verdaderas dimensiones espirituales que Dios a establecido para Su iglesia. El aspecto de la manifestación está constituido por los creyentes vencedores, es decir, de aquellos santos que durante la dispensación de la gracia se mantuvieron constantes viviendo en la realidad del reino. Es a ellos a quienes se les ofrece ser guardados de la gran tribulación (Ap. 3:10), un galardón en el Tribunal de Cristo (1 Co. 3:10-15), participación en las bodas del Cordero (Ap. 19:9-10), y disfrute y gobierno en el reino milenario (Mt. 13:43; Ap. 2:26; 3:21) (Véanse también otras promesas que Dios les hace a los creyentes vencedores en el libro de Apocalipsis: 2:7, 11, 17; 3:5, 12; 21:7). Mientras que a la mayoría de los creyentes, los que vivieron en la apariencia del reino durante la dispensación de la gracia, Dios les ofrece participar del Tribunal de Cristo pero sin derecho a galardón alguno (Ro. 14:10; 2 Co. 5:10) y participar de un castigo dispensacional (Mt. 22:11-14). Que en ningún momento estoy diciendo que sea el purgatorio, pues los creyentes han sido ya limpiados de todo pecado pasado (Ef. 1:7; Col. 1:14) y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado presente (1 Jn. 1:7-9). Así que no tenemos pecado alguno que purgar, pero si necesitamos crecer en la vida de Dios, y madurar en ella, debido a que fuimos negligentes en nuestro vivir cristiano durante la dispensación presente. El milenio es visto en la Biblia como la fiesta de la boda de Cristo con Su novia, la iglesia. En los tiempos de Jesús la fiesta de las bodas de una pareja duraban todo un día, y 2 P. 3:8 nos dice: “que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. Así que el milenio es la fiesta de la boda de Cristo con la iglesia, el hecho de que la parábola de Mt. 22:1-14 trate sobre la fiesta de las bodas, también lo confirma. Por otra parte, para dejar finiquitado este asunto del castigo dispensacional, de vemos ver que la salvación de Dios básicamente consiste en que El desea salvar todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo (1 Ts. 5:23). Cuando somos regenerados, nuestro espíritu es salvo de una manera absoluta e instantánea, luego, mediante la santificación, la transformación y conformación nuestra alma es salvada, sin embargo, este es un proceso que durara todo la vida de nuestro peregrinar por esta tierra. Finalmente, nuestro cuerpo será salvo en la segunda venida del Señor, en Su parusía, que abarca desde la aparición de Cristo en los cielos, Su descenso a las nubes y Su manifestación visible, en cuyo período de tiempo se desarrollara los acontecimientos tales como: el arrebatamiento de los santos que aun vivan y la resurrección de los santos que murieron. Un creyente que solo haya recibido la regeneración en su espíritu, pero que no le haya permitido al Señor avanza en Su proceso de salvación desde su espíritu, hasta su alma y su cuerpo, no puede ser arrebatado por no considerarse un vencedor, sino que debe pasar el milenio dentro de una disciplina dispensacional para poder madurar en la vida de Dios. Lo referente a la disciplina dispensacional de los creyentes derrotados, tiene mucho que ver con la justicia de Dios y con el amor paterno que El nos tiene según se muestra en He. 12:5-11. Ahora yo le haría la siguiente pregunta amigo mío ¿Consideran ustedes que sería justo, si el Señor arrebata a un cristiano que vive de forma licenciosa en el presente, y de igual forma arrebata aun creyente que vive piadosamente? ¿Verdad que no sería justo? Por ello decimos que la disciplina dispensacional tiene que ver con la justicia divina. Al final, en el cielo nuevo y la tierra nueva todos los creyentes, los vencedores y los creyentes derrotados, participaran de él, como la Nueva Jerusalén, la esposa del Cordero (Ap. 21:2-3). En esta forma concibieron el reino David Panton, Robert Govett, George H. Pember, Hudson Tylor y Watchman Nee. Ellos revisaron los escritos de los Hermanos de Plymouth: John Nelson Darby, William Kelly, C. H. Mackintosh y Benjamín Newton, y se percataron que en lo concerniente a los eventos finales, los Hermanos de Plymouth habían dejado un marcado vacio en la concepción del reino. Esta concepción del reino como podrá notar tiene mucha armonía con todos los pasajes bíblicos, y a su vez, incorpora el aspecto de la soberanía de Dios, así como la responsabilidad humana.

La Gran Tribulación

En la actualidad la concepción que los creyentes tienen de la gran tribulación es poco acertada, la mayoría de creyentes consideran que la gran tribulación es la última semana de las setenta semanas de Daniel, es decir, ellos creen que la gran tribulación consta de los últimos siete años de la era presente, sin embargo, a la luz de la Escritura, la gran tribulación solo costa de la mitad de la última semana de Daniel, es decir, los últimos tres años y medios de la era presente. Para poder comprender esto solamente debemos de cotejar dos pasajes de la Escritura que nos muestra de forma inequívoca que esto es así. Comparemos entonces Dn. 9:27 con Mt. 24:15-21 que nos dicen:

“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos. A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”.

“Por tanto, cuando veáis la abominación de la desolación, dicha por el profeta Daniel, puesta en el lugar santo (el que esté leyendo, entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; el de la azotea, no baje a tomar lo de su casa; y el que esté en el campo, no regrese a tomar su capa. Mas, ¡ay de las que estén encintas, y de las que estén amamantando en aquellos días! Orad, por tanto, para que vuestra huida no sea en invierno, ni en sábado. Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la ha habido desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás”.

Daniel nos muestra que a la mitad de la última semana de las setenta semanas, el anticristo hará cesar el sacrificio y las ofrendas, y establecerá una abominación en el templo; por su parte Mateo nos dice que cuando veamos esta abominación en el templo, a la mitad de la última semana, debemos de percatarnos porque la gran tribulación a empezado. Se da cuenta, la gran tribulación no son los últimos siete años de la era presente; sino solamente los últimos tres años y medio. La Biblia no puede mentir, ella lo afirma categóricamente.

La parusía del Señor

Habiendo dejado en claro lo concerniente al reino, sobre todo lo que respecta a la disciplina dispensacional, y lo concerniente a la gran tribulación, ahora si podemos pasar a tocar el punto referente a la parusía del Señor. En el griego existen tres palabras que hacen hincapié en la venida del Señor estas son: parousias (Mt. 24:3, 27, 37, 39; 1 Co. 15:23; 16:17; 2 Co. 7:6, 7; 10:10; Fil. 1:26; 2:12; 1 Ts. 2:19; 3:13; 4:15; 5:23; 2 Ts. 2:1, 8, 9; Jac. 5:7, 8; 2 P. 1:16; 3:4, 12; 1 Jn. 2:28), epiphaneia (2 Ts. 2:8; 1 Ti. 6:14; 2 Ti. 1:10; 4:1, 8; Tit. 2:13) y apokalyphthê (Mt. 10:26; 11:25, 27; 16:17; Lc. 2:35; 10:21, 22; 12:2; 17:30; Jn. 12:38; Ro. 1:17, 18; 8:18; 1 Co. 2:10; 3:13; 14:30; Gá. 1:16; 3:23; Ef. 3:5; Fil. 3:15; 2 Ts. 2:3, 6, 8; 1 P. 1:5, 12; 5:1). Parousias literalmente significa presencia pero en ocasiones se traduce como advenimiento o venida, apokalyphthê literalmente significa descubrir, desvelar, revela pero en ocasiones se traduce como manifestar o venida, y epiphaneia significa literalmente resplandecimiento pero en ocasiones se traduce como venida. Realmente la parusía según los griegos la entendía era la venida de una persona desde el momento mismo que salía de su casa hasta el momento en que esta llegaba a su lugar de destino, debido a que los viajes en el antiguo tiempo eran a pie o en caballos, lógicamente la parusía de una persona abarca un buen período de tiempo. De la misma manera, la palabra parusía se aplica a Cristo, Su parusía abarca desde el momento mismo en que Dios el Padre la da la orden de comenzar los eventos del fin, digámoslo de esta manera, hasta el momento en que El se manifieste en el caballo blanco juntamente con todo el ejercito celestial, y incluidos los creyentes vencedores (Ap. 19:11-15). Bíblicamente, la parusía del Señor posee tres grandes pasos, el primero que es cuando Cristo se manifiesta en el cielo para iniciar Su parusía (Mt. 24:3, 37-42), el segundo, que es cuando El cómo Ángel del Señor viene a las nueves (Ap. 10:1), y el último pasos, que se realiza, es cuando El se manifiesta plenamente en la batalla de Armagedón como ya lo vimos en Ap. 19:11-15. En este sentido, apokalyphthê y epiphaneia solamente abarcan el último paso de esta parusía, tal como Pablo lo hace notar en 2 Ts. 2:8, les dejo el interlineal griego-español de ese versículo para que puedan tener una mejor apreciación de él:

“Y entonces será revelado (gr. apokalyphthêsetai) ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor (gr. epiphaneia) de su venida (gr. parousias)”.

La parusía del Señor tiene dos aspectos, un aspecto invisible y un aspecto visible. El aspecto invisible abarca los dos primeros pasos de dicha parusía, es decir la manifestación celestial del Señor y Su descenso a las nubes; mientras que el aspecto visible solamente abarca el último paso de dicha parusía, es decir, la manifestación del Señor en la batalla de Armagedón. El aspecto invisible es para la iglesia y el aspecto visible es para el mundo entero. El aspecto invisible se ve claramente en la expresión “como ladrón” (Mt. 24:43) y el aspecto visible se puede apreciar en la expresión “como el relámpago” (Mt. 24:27; Lc. 17:24). Para la iglesia, Cristo viene como un ladrón que entra sigilosamente a una casa para hurtar todos los objetos valiosos, El no llega para robar cosa sin valor alguno, El llega para robar aquello que cuesta mucho. Para el mundo, Cristo viene como un relámpago que resplandece en medio de la noche para alumbrar y juzgar todas sus obras que se hacen en tinieblas. Esta es la parusía del Señor, y comprenderla apropiadamente nos servirá para entender lo concerniente al arrebatamiento de los santos.

Dejemos este estudio hasta acá, por el momento, y abordémoslos en una nueva oportunidad, tocando los puntos concernientes al arrebatamiento de los santos, el Tribunal de Cristo y las bodas del Cordero. Finalmente, en un tercer post, si Dios nos lo permite, hablaremos del milenio y del cielo nuevo y la tierra nueva. Espero puedan comentar al respecto. Bendiciones.

1 comentario:

  1. Que delicia escucharlo a usted hablarnos de Dios. En este instante busco la manera de leer a Dwigth Pentecost como usted lo sugirio y no he podido. Y la coincidencia me llevo otra vez a usted, Pastor Ferrero.

    Que Dios le de muchos años para que nos ilumine con su palabra.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar tus comentarios. Que el Señor te bendiga!!!!