I. La formación de la
mujer, a fin de que fuese ayuda idónea para Adán. Observa: 1. Que Adán fue
formado primero, después Eva (1 Ti. 2:13). Si el hombre es la cabeza, ella es
la corona de su esposo y de la creación visible. El hombre era polvo refinado,
pero la mujer fue polvo doblemente refinado, un paso más lejos de la tierra que
el hombre. 2. Que Adán quedó dormido mientras su esposa era formada, como quien
había descargado todo su cuidado en Dios con gozosa dejación de sí mismo y de
todos sus asuntos en la voluntad y sabiduría de su Hacedor. Jehová jireh, que
el Señor provea cuándo y a quien Dios le plazca. 3. Que Dios hizo caer sueño
profundo sobre Adán. Mientras no conoce el pecado, Dios se encargará de que no
sienta dolor. 4. Que la mujer fue formada5 de una costilla (es decir, del
costado) de Adán; no fue hecha de su cabeza, como para tener dominio sobre él;
ni de sus pies, como para ser pisoteada por él; sino de su costado, para ser
igual a él, de debajo de su brazo para ser protegida, y de junto al corazón
para ser amada.
II. El matrimonio de
la mujer con Adán. El matrimonio es honroso pero éste fue seguramente el
matrimonio más honroso que ha existido, ya que en él tuvo Dios una intervención
directa a todo lo largo de su celebración. Los matrimonios (según dicen) se
hacen en el Cielo; estamos seguros de que éste lo fue, porque el hombre, la
mujer y el casamiento fueron obra de Dios mismo Él por su poder, hizo a ambos,
y ahora, por su ordenación, los hizo uno. 1. Dios, como Padre de ella, condujo
a la mujer hasta el hombre, como su otro yo, y la dio como ayuda idónea para
él. La esposa que es hechura de Dios por gracia especial, y nutrida y criada
por Dios por providencia especial, es probable que resulte la mejor ayuda
idónea para el hombre. 2. De Dios, como Padre de él, la recibió Adán. Los dones
que Dios nos otorga deben ser recibidos con humilde y agradecido reconocimiento
a su sabiduría por acomodarlos a nosotros, y a su favor por conferírnoslos.
Además, en señal de que la aceptaba, le puso un nombre, no para ella en
particular, sino para todo su sexo en general: Será llamada varona, Ishah, un
hombre del sexo femenino, distinguiéndose del hombre en sexo, pero no en la
naturaleza.
III. La institución
del matrimonio y el establecimiento de una ley para él (v. 24). El reposo
sabático y el matrimonio fueron dos instituciones del estado de inocencia, la
primera para preservación de la religión, la segunda para preservación de la
humanidad. Parece ser (por Mt. 19:4-5) que fue Dios mismo quien dijo aquí:
«Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer». 1. Ve aquí
cuán grande es la virtud de una institución divina; sus lazos son más fuertes
incluso que los de la naturaleza. 2. Véase también cuán necesario es que los
hijos reciban el consentimiento de sus padres en lo tocante al matrimonio. 3.
Ve cuánta necesidad hay tanto de prudencia como de oración al escoger esta
relación, que es tan cercana y tan duradera. 4. Ve cuán firme es el vínculo del
matrimonio, que no debe ser dividido ni debilitado por tener muchas mujeres (Mal.
2:15), ni quebrantado o cortado por el divorcio, por ninguna causa, a no ser
por concubinato o por voluntaria deserción del cónyuge incrédulo.6 5. Ve cuán
cariñoso debería ser el afecto mutuo de esposo y esposa, como el que tenemos
hacia nuestros propios cuerpos (Ef. 5:28).
IV. Una prueba de la
pureza y de la inocencia del estado en que fueron creados nuestros primeros
padres (v. 25). Ambos estaban desnudos. No necesitaban ropas para defenderse
del frío ni del calor. Tampoco las necesitaban por decencia; estaban desnudos,
pero no tenían motivo para estar avergonzados. No sabían lo que era vergüenza,
como dice el texto caldeo. Quienes no tenían pecado en su conciencia no tenían
por qué mostrar vergüenza en el rostro, aunque no llevasen ropas con que
cubrirse.