I. Un ejemplo del
cuidado que el Creador tiene del hombre y de su paternal preocupación por su
bienestar (v. 18). Le hace saber, para animarle en su obediencia, que es amigo
suyo.
1. Cuán
misericordiosamente se compadeció Dios de su soledad. Él que lo formó le
conocía a él y lo que era bueno para él mejor que él mismo, y dijo: No es bueno
que el hombre continúe solo. (A) No lo es para su bienestar; porque el hombre
es una criatura sociable. Una soledad completa habría convertido el paraíso en
un desierto, y un palacio en una prisión. (B) No lo es para el incremento y
continuidad de su raza. Dios pudo haber hecho al principio un mundo de hombres
para que llenasen la tierra. Dios consideró adecuado llegar a ese número
mediante una sucesión de generaciones, las cuales, según el modo como Dios
había formado al hombre, deben proceder de dos, uno varón y el otro hembra; uno
será siempre uno.
2. Cuán benignamente
resolvió Dios proveerle de compañía. El resultado de esta deliberación respecto
al hombre fue esta amable resolución: Le haré ayuda idónea para él. De donde
observa: (A) En nuestro mejor estado en este mundo tenemos necesidad de
ayudarnos unos a otros. (B) Sólo Dios conoce perfectamente nuestras
necesidades, y es perfectamente capaz para proveer a todas ellas (Fil. 4:19).
Sólo en Él está nuestra ayuda, y de Él procede todo cuanto nos ayuda. (C) Una
esposa conveniente es una ayuda idónea, y nos viene del Señor. (D) La sociedad
familiar, si es agradable, es un remedio suficiente para la pesadumbre de la
soledad. Quien tiene un buen Dios, un buen corazón y una buena esposa con quien
conversar y aun así se queja de falta de conversación, no habría estado feliz y
contento ni en el paraíso.
II. Un ejemplo de la
sujeción de las criaturas al hombre, y del dominio de éste sobre ellas (vv.
19-20). Así dio Dios al hombre entrega y posesión del hermoso estado que le
había otorgado, y le puso a ejercer su dominio sobre las criaturas. Dios se las
presentó para que les pusiese nombre y dar así: 1. Una prueba de su
conocimiento, como criatura dotada de las facultades de razonar y de hablar. Y
2. Una prueba de su poder. Imponer nombres es un acto de autoridad. Dios puso
nombres al día y a la noche, al firmamento, a la tierra, y al mar; y llama a
las estrellas por su nombre, para mostrar que es el supremo Señor de ellas.
Pero dio a Adán licencia para poner nombre a las bestias y a las aves, como un
señor subalterno de ellas; pues habiéndole hecho a su propia imagen, puso así
en él algo de Su honor.
III. Un ejemplo de la
insuficiencia de las criaturas para hacer feliz al hombre: Mas (entre todas
ellas) para Adán no se halló ayuda idónea para él. Observa aquí: 1. La dignidad
y excelencia de la naturaleza humana. 2. La vanidad de este mundo y de sus
cosas pon todas ellas juntas, y no harán una ayuda idónea para el hombre. No se
acomodarán a la naturaleza de su alma, ni proveerán para sus necesidades ni
satisfarán sus legítimos deseos, ni se ajustarán a la naturaleza perdurable del
hombre.