Contiene la
aprobación y la conclusión de toda la obra de la creación.
I. La revista que
pasó Dios a su obra: Y vio Dios todo lo que había hecho. Y así lo continúa
haciendo. Todas las obras de sus manos están ante su vista. Su omnisciencia no
puede ser separada de su omnipotencia. Pero esto fue la solemne reflexión de la
Mente Eterna sobre las riquezas de su sabiduría y los productos de su poder.
Con esto, Dios nos ha dado ejemplo para que revisemos nuestras obras. Cuando
hemos terminado el quehacer del día, y vamos a entrar en el descanso de la
noche, deberíamos consultar con nuestro corazón acerca de lo que hemos estado
haciendo ese día.
II. La complacencia
que Dios tuvo sobre su obra. No expresó su bondad hasta que lo tuvo visto como
a tal, para enseñarnos a no pronunciarnos sobre un asunto hasta que no lo
hayamos examinado. 1. Era bueno. Bueno, porque todo estaba en conformidad con
la mente del Creador, justamente como Él quería que estuviese. Bueno, porque
responde al objetivo de su creación, y es adecuado para el propósito al que fue
destinado. Bueno, porque es útil para el servicio del hombre, a quien Dios ha
constituido señor de la creación visible. Bueno, porque todo ello es para
gloria de Dios. 2. Era muy bueno. De la obra de cada día (excepto del segundo)
se dice que era bueno, pero ahora era muy bueno. Porque (A) ahora estaba hecho
el hombre, que es la obra maestra de los caminos de Dios, y fue destinado a ser
la imagen visible de la gloria del Creador y la boca de la creación en la
expresión de sus alabanzas. (B) Ahora todo estaba hecho; cada parte era buena,
pero el conjunto era muy bueno. La gloria y la bondad, la belleza y armonía, de
las obras de Dios, tanto de su providencia como de su gracia, como éstas de la
creación, se verán mejor cuando sean del todo perfectas. Por tanto, no
juzguemos nada antes de tiempo.
III. El tiempo en que
esta obra quedó concluida: Y fue la tarde y la mañana el día sexto. Así que
Dios hizo el mundo en seis días. Debemos pensar que Dios pudo haber hecho el
mundo en un instante. El que dijo: Sea la luz, y fue la luz, pudo haber dicho:
«Sea el mundo» y hubiese sido un mundo, en un instante, en un abrir y cerrar de
ojos, como en la resurrección (1 Co. 15:52). Pero lo hizo a Su manera y en Su
tiempo.2 En gran manera contribuiría el reposo sabático a mantener la religión
en el mundo, si se tuviese en cuenta que Dios puso sus ojos en Él al medir el
tiempo de su obra creadora.