La tercera parte de
la obra del sexto día es una graciosa provisión de alimento para toda carne (Sal.
136:25).
I. Alimento para el
hombre (v. 29). Hortalizas y frutas han de ser su comida. Ya ves aquí: 1. Algo
que debería hacernos humildes. Como fuimos hechos de la tierra, así somos
mantenidos de ella. Hay también una comida que permanece para vida eterna; el
Señor nos la da siempre. 2. Algo que debería hacernos agradecidos. El Señor es
para el cuerpo; de Él recibimos todos los bienes y las comodidades de esta
vida. Él nos da todo para que lo disfrutemos largamente, no sólo lo necesario,
sino en abundancia en cosas exquisitas y variadas, para ornamento y deleite. 3.
Algo que debería hacernos sobrios y satisfechos con nuestra suerte. Si Dios nos
da alimento suficiente para la vida, no pidamos, como el murmurador Israel,
alimento para satisfacer nuestras concupiscencias (Sal. 78:18, comp. con Dn. 1:15).
II. Alimento para las
bestias (v. 30). ¿Acaso tiene Dios cuidado de los bueyes? Sí, ciertamente Él
provee alimento conveniente para ellos, y no sólo para los bueyes, sino que
también los leoncillos y los jóvenes cuervos están al cuidado de Su
providencia. Es como un gran amo de casa, extremadamente rico y generoso, que
satisface el deseo de todo ser viviente. El que alimenta a sus pájaros no
dejará morir de hambre a sus pequeñuelos.