No leemos que fuese
creado ningún ser viviente hasta el quinto día, de lo cual nos ofrecen un
relato estos versículos. Fue en el quinto día cuando el pez y el ave fueron
creados; y ambos, de las aguas.
Observa: 1. La
creación de peces y aves (vv. 20-21). Dios mandó que fuesen producidos. Dijo:
Produzcan las aguas seres vivientes. Y Él mismo ejecutó dicho mandato: Y creó
Dios los grandes monstruos marinos, etc. Los insectos, que son quizá tan
variados y numerosos como cualquier otra especie de este día. Mr. Boyle (lo
recuerdo) dice que él admira la sabiduría y el poder del Creador lo mismo en
una hormiga que en un elefante. La curiosa formación de los cuerpos de los
animales, sus diferentes tamaños, formas y naturalezas, con los admirables
poderes de la vida sensitiva de que están dotados, si se consideran
debidamente, sirven no sólo para silenciar y confundir las objeciones de ateos
e incrédulos, sino también para suscitar elevados pensamientos y grandes
alabanzas a Dios en las almas piadosas y devotas (Sal. 104:25, etc.).
2. Cómo los bendijo
Dios para que se reprodujesen. La vida es algo que se gasta. Su fuerza no es la
de las piedras. Es como una candela que se va quemando, si no es que es apagada
de un soplo; y, por ello, el sabio Creador no sólo hizo individuos, sino que
proveyó también para la propagación de las diferentes especies: Y Dios los
bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos (v. 22).