Ésta es la historia de
la obra del cuarto día, la creación del sol, de la luna y de las estrellas, de
todo ese esplendor que no sólo presta gran belleza al mundo de arriba, sino
también gran bendición a este mundo de abajo. Tenemos un relato de la creación
de las luces del cielo.
I. En general,
tenemos (vv. 14-15), 1. El mandato dado acerca de ellos: Haya lumbreras en la
expansión de los cielos. Dios había dicho: Sea la luz (v. 3), y hubo luz; pero
ésta era como una luz difusa y confusa; ahora quedaba recogida y modelada y, de
este modo, resultaba más gloriosa y, a la vez, más provechosa. Dios es un Dios
de orden no de confusión; y, como Él es luz, es también el Padre y Hacedor de
luces. 2. En cuanto al uso para el que estaban destinadas a esta tierra: (1)
Había de ser para distinguir los tiempos y las estaciones, el día y la noche,
el verano y el invierno y así, bajo el sol todo tiene su tiempo (Ec. 3:1). 2.
Había de ser para dirigir las acciones. Están para señalar los cambios de
tiempo, a fin de que el labrador pueda programar sus quehaceres con discreción,
previendo, por el aspecto del cielo cuando las causas segundas han comenzado a
obrar, si hará buen tiempo o malo (Mt. 16:2-3). También alumbran sobre la
tierra para que podamos andar (Jn. 11:9) y trabajar (Jn. 9:4), conforme lo
requiere el deber de cada día. Las luces del cielo brillan para nosotros para
nuestra comodidad y ventaja. Las luces del cielo están hechas para servirnos, y
lo hacen fielmente, y brillan a su tiempo sin fallar; pero nosotros estamos
puestos como luces en este mundo para servir a Dios ¿respondemos de igual
manera al objetivo de nuestra creación Estamos encendiendo las lámparas de
nuestro Dueño, pero hacemos caso omiso de la obra de nuestro Amo.
II. En particular,
versículos 16-18.
1. Observa que las luces
del cielo son el sol, la luna y las estrellas y todo ello es obra de las manos
de Dios. A) El sol es la mayor de esas luces. Aprendamos del Salmo 19:1-6 la
manera de dar a Dios la gloria debida a Su nombre como Hacedor del sol. B) La
luna es una luz menor, y aquí es considerada, sin embargo, como una de las
mayores luminarias. Son más valiosos los que prestan mayor servicio; y son
luces más brillantes, no los que tienen los mejores dones sino los que humilde
y fielmente obran con ellos el mayor bien. C) Hizo también las estrellas, pues
la Biblia fue escrita, no para satisfacer nuestra curiosidad y convertirnos en
astrónomos, sino para guiarnos a Dios y hacernos santos. Ahora bien, estas
luminarias son como gobernadores que gobiernan bajo Su mando. Aquí se dice que
la luna, la luz menor, señorea en la noche, pero en el Salmo 136:9 se mencionan
las estrellas como partícipes de este señorío: La luna y las estrellas para que
señoreasen en la noche. El mejor y más honroso modo de gobernar es dar luz y
hacer el bien; imponen respeto aquellos que llevan una vida útil, y así brillan
como luces.
2. Aprendamos de
esto: A) El pecado y la locura de aquella antigua idolatría, el culto al sol, a
la luna y a las estrellas, pues el relato que se nos da aquí muestra claramente
que son criaturas de Dios y, al mismo tiempo, servidores del hombre; y, por
consiguiente, es grave afrenta a Dios y gran reproche para nosotros mismos el
hacer de ellas unas deidades y rendirles honores divinos. B) El deber y la
sabiduría de adorar diariamente a ese Dios que hizo todas esas cosas, y de
ofrecerle el solemne sacrificio de oración y alabanza cada mañana.