Génesis 3:1-3

I. El tentador, el diablo, en figura y semejanza de serpiente.

1. Es cosa cierta que fue el diablo quien sedujo a Eva. El diablo y Satanás es la serpiente antigua (Ap. 12:9), un espíritu maligno; por creación, ángel de luz e inmediato asistente al trono de Dios; pero, por su pecado, se convirtió en apóstata de su primer estado y en un rebelde contra la realeza y dignidad de Dios. Sabía que no podía destruir al hombre, a no ser con seducción y engaño. Por tanto, la partida que Satanás tenía que jugar consistía en atraer a nuestros primeros padres hacia el pecado y separarlos así de su Dios. La raza humana entera tenía aquí, por decirlo así, un solo cuello, y a este cuello asestó Satanás el golpe.


2. Fue el diablo en figura de serpiente. (A) Muchas tentaciones peligrosas nos asaltan revestidas de alegres y bellos colores, que no tienen más espesor que la piel, y parecen venirnos de arriba; porque Satanás puede aparecer como ángel de luz. Y (B) porque es un ser astuto. Tenemos muchos ejemplos de la astucia de la serpiente. Observa que no hay nada que sirva más al diablo y a sus intereses que una astucia no santa.

II. La persona tentada fue la mujer, que ahora se encontraba sola, a cierta distancia de su marido pero cerca del árbol prohibido. Esto prueba la astucia del diablo. 1. Asaltar con sus tentaciones al vaso más frágil. 2. Su táctica fue entrar en conversación con ella mientras estaba sola. Hay muchas tentaciones a las que la soledad presta gran ventaja, mientras que la comunión de los santos contribuye mucho a fortalecerlos y afianzarlos. 3. Se aprovechó de hallarla cerca del árbol prohibido, y probablemente echando una mirada a su fruto, aunque sólo fuese por satisfacer su curiosidad. Quienes no quieren comer del fruto prohibido no deben acercarse al árbol prohibido. 4. Satanás tentó a Eva para, por medio de ella, poder tentar a Adán.

III. La tentación misma y el artilugio de su proceso. Lo que el diablo pretendía era persuadir a Eva a que comiese del fruto prohibido; y, para conseguirlo, empleó el mismo método que siempre emplea. Puso en duda si era pecado o no (v. 1). Negó que hubiese ningún peligro en ello (v. 4). Sugirió que comportaba muchas ventajas (v. 5). Esos son los lugares comunes que usa.

1. Puso en duda si era pecado o no el comer de este árbol, y si realmente estaba prohibido su fruto.

A) Dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis…? Las primeras palabras insinuaban algo dicho antes, quizás alguna reflexión que Eva había hecho consigo misma y que Satanás asió para incorporarla a su pregunta. Observa aquí: (a) Que él no descubre sus planes al principio, sino que hace una pregunta, a primera vista inocente: «Oigo ciertos rumores; dime, es cierto? ¿De veras os ha prohibido Dios comer de este árbol?» (b) Cita el mandato falazmente, como si prohibiese comer, no sólo de este árbol sino de todos. (c) Parece hablar mofándose y echa en cara a la mujer su timidez en meterse con aquel árbol. (d) Es táctica astuta de Satanás el empañar la reputación de la ley divina haciéndola pasar por incierta o irracional, para atraer así a la gente al pecado.

B) En respuesta a tal pregunta, la mujer da un informe completo de la ley bajo la cual estaban (vv. 2-3). Obsérvese aquí: (a) Fue una debilidad de la mujer el entrar en conversación con la serpiente. Es muy peligroso hacer trato con la tentación, cuando debería ser rechazada al instante con desdén y aborrecimiento. La guarnición que entabla parlamento con el enemigo, no está lejos de rendirse. (b) Fue una muestra de sabiduría tener en cuenta la libertad que Dios les había otorgado. «Sí-dice ella-. Del fruto de los árboles del huerto podemos comer.» «Gracias a nuestro Hacedor, tenemos licencia para comer lo bastante en abundancia y variedad.» (c) Una prueba de su resolución fue el adherirse al mandato, y repetirlo fielmente, como que era una certeza incuestionable: «No debemos comer de él: por tanto, no lo tocaremos.7 Está prohibido en el más alto grado, y la autoridad de la prohibición es sagrada para nosotros.» (d) Parece vacilar un poco acerca de la amenaza, pues todo lo que dice es: «Para que no muráis» o «no sea que muráis».