I. El tentador, el
diablo, en figura y semejanza de serpiente.
1. Es cosa cierta que
fue el diablo quien sedujo a Eva. El diablo y Satanás es la serpiente antigua (Ap.
12:9), un espíritu maligno; por creación, ángel de luz e inmediato asistente al
trono de Dios; pero, por su pecado, se convirtió en apóstata de su primer
estado y en un rebelde contra la realeza y dignidad de Dios. Sabía que no podía
destruir al hombre, a no ser con seducción y engaño. Por tanto, la partida que
Satanás tenía que jugar consistía en atraer a nuestros primeros padres hacia el
pecado y separarlos así de su Dios. La raza humana entera tenía aquí, por
decirlo así, un solo cuello, y a este cuello asestó Satanás el golpe.
2. Fue el diablo en
figura de serpiente. (A) Muchas tentaciones peligrosas nos asaltan revestidas
de alegres y bellos colores, que no tienen más espesor que la piel, y parecen
venirnos de arriba; porque Satanás puede aparecer como ángel de luz. Y (B)
porque es un ser astuto. Tenemos muchos ejemplos de la astucia de la serpiente.
Observa que no hay nada que sirva más al diablo y a sus intereses que una
astucia no santa.
II. La persona
tentada fue la mujer, que ahora se encontraba sola, a cierta distancia de su
marido pero cerca del árbol prohibido. Esto prueba la astucia del diablo. 1.
Asaltar con sus tentaciones al vaso más frágil. 2. Su táctica fue entrar en
conversación con ella mientras estaba sola. Hay muchas tentaciones a las que la
soledad presta gran ventaja, mientras que la comunión de los santos contribuye mucho
a fortalecerlos y afianzarlos. 3. Se aprovechó de hallarla cerca del árbol
prohibido, y probablemente echando una mirada a su fruto, aunque sólo fuese por
satisfacer su curiosidad. Quienes no quieren comer del fruto prohibido no deben
acercarse al árbol prohibido. 4. Satanás tentó a Eva para, por medio de ella,
poder tentar a Adán.
III. La tentación
misma y el artilugio de su proceso. Lo que el diablo pretendía era persuadir a
Eva a que comiese del fruto prohibido; y, para conseguirlo, empleó el mismo método
que siempre emplea. Puso en duda si era pecado o no (v. 1). Negó que hubiese
ningún peligro en ello (v. 4). Sugirió que comportaba muchas ventajas (v. 5).
Esos son los lugares comunes que usa.
1. Puso en duda si
era pecado o no el comer de este árbol, y si realmente estaba prohibido su
fruto.
A) Dijo a la mujer:
¿Conque Dios os ha dicho: No comáis…? Las primeras palabras insinuaban algo
dicho antes, quizás alguna reflexión que Eva había hecho consigo misma y que
Satanás asió para incorporarla a su pregunta. Observa aquí: (a) Que él no
descubre sus planes al principio, sino que hace una pregunta, a primera vista
inocente: «Oigo ciertos rumores; dime, es cierto? ¿De veras os ha prohibido
Dios comer de este árbol?» (b) Cita el mandato falazmente, como si prohibiese
comer, no sólo de este árbol sino de todos. (c) Parece hablar mofándose y echa
en cara a la mujer su timidez en meterse con aquel árbol. (d) Es táctica astuta
de Satanás el empañar la reputación de la ley divina haciéndola pasar por
incierta o irracional, para atraer así a la gente al pecado.
B) En respuesta a tal
pregunta, la mujer da un informe completo de la ley bajo la cual estaban (vv.
2-3). Obsérvese aquí: (a) Fue una debilidad de la mujer el entrar en
conversación con la serpiente. Es muy peligroso hacer trato con la tentación,
cuando debería ser rechazada al instante con desdén y aborrecimiento. La
guarnición que entabla parlamento con el enemigo, no está lejos de rendirse.
(b) Fue una muestra de sabiduría tener en cuenta la libertad que Dios les había
otorgado. «Sí-dice ella-. Del fruto de los árboles del huerto podemos comer.»
«Gracias a nuestro Hacedor, tenemos licencia para comer lo bastante en
abundancia y variedad.» (c) Una prueba de su resolución fue el adherirse al
mandato, y repetirlo fielmente, como que era una certeza incuestionable: «No
debemos comer de él: por tanto, no lo tocaremos.7 Está prohibido en el más alto
grado, y la autoridad de la prohibición es sagrada para nosotros.» (d) Parece
vacilar un poco acerca de la amenaza, pues todo lo que dice es: «Para que no
muráis» o «no sea que muráis».