Génesis 3:4-5

(continuación del estudio anterior)

2. El diablo niega que haya ningún peligro en ello, e insiste en que, aun cuando pudiera suponer la transgresión de un precepto no por eso iban a incurrir en ninguna sanción: «Ciertamente no moriréis» (v. 4). Podría significar: (A) «No es cosa cierta que vayáis a morir»-así piensan algunos-. Satanás enseña a los hombres, primero a dudar y después a negar; primero los hace escépticos, y así gradualmente los hace ateos. O (B) «Es cierto que no moriréis»-como piensan otros-. Satanás afirma su contradicción con la misma frase de firmeza con que Dios había ratificado su amenaza. Así Satanás ocultaba su propia miseria para atraerlos hacia ella; así sigue engañando a los pecadores para su propia ruina. La esperanza de impunidad es el gran soporte de toda iniquidad.


3. Luego les promete las ventajas de comer de él (v. 5). No habría podido persuadirles a correr el riesgo de arruinarse, si no les hubiera sugerido una gran posibilidad de mejorarse.

A) Les insinúa las grandes ventajas que obtendrían comiendo de este fruto. Y así adereza la tentación conforme al estado puro en que se hallaban ahora, ofreciéndoles deleites y satisfacciones intelectuales. Eran como el cebo con que ocultaba su anzuelo. (a) «Serán abiertos vuestros ojos»; «tendréis mucho mayor poder y placer de contemplación que el que ahora tenéis; penetraréis en el fondo de las cosas mucho más hondamente que lo que ahora podéis». (b) «Seréis como Dios», «como Elohim, dioses poderosos; no sólo omniscientes, sino también omnipotentes». (c) «Sabiendo el bien y el mal, esto es, todo cuanto deseéis conocer.» Para cimentar esta parte de la tentación, abusa del nombre dado a este árbol: pervierte su sentido, como si éste árbol hubiese de proporcionarles un conocimiento especulativo completo de la naturaleza clases y orígenes del bien y del mal. Y (d), todo esto inmediatamente: «El día que comáis de él, encontraréis un súbito e inmediato cambio a mejor». Con todas estas insinuaciones, intenta producir en ellos: Primero, descontento con su actual estado. Segundo, ambición de ser promocionados, como si fueran aptos para ser dioses.

B) Les insinúa que Dios no tiene buen designio respecto a ellos, al prohibirles este fruto, como si no se atreviese a permitirles comer de este árbol porque entonces conocerían su propia fuerza, y estarían en condiciones de competir con Dios. Ahora bien: (a) Esto era una gran afrenta a Dios, y la mayor indignidad que podía hacérsele; un reproche a su poder, como si tuviese miedo de sus criaturas; y, mucho más, un reproche a su bondad, como si odiase la obra de sus manos y no quisiese ver felices a los que Él mismo había creado. (b) Fue una peligrosísima trampa tendida a nuestros primeros padres, pues tendía a enajenar de Dios sus afectos.