(continuación del estudio anterior)
2. El diablo niega
que haya ningún peligro en ello, e insiste en que, aun cuando pudiera suponer
la transgresión de un precepto no por eso iban a incurrir en ninguna sanción:
«Ciertamente no moriréis» (v. 4). Podría significar: (A) «No es cosa cierta que
vayáis a morir»-así piensan algunos-. Satanás enseña a los hombres, primero a
dudar y después a negar; primero los hace escépticos, y así gradualmente los
hace ateos. O (B) «Es cierto que no moriréis»-como piensan otros-. Satanás
afirma su contradicción con la misma frase de firmeza con que Dios había
ratificado su amenaza. Así Satanás ocultaba su propia miseria para atraerlos
hacia ella; así sigue engañando a los pecadores para su propia ruina. La
esperanza de impunidad es el gran soporte de toda iniquidad.
3. Luego les promete
las ventajas de comer de él (v. 5). No habría podido persuadirles a correr el
riesgo de arruinarse, si no les hubiera sugerido una gran posibilidad de
mejorarse.
A) Les insinúa las
grandes ventajas que obtendrían comiendo de este fruto. Y así adereza la
tentación conforme al estado puro en que se hallaban ahora, ofreciéndoles
deleites y satisfacciones intelectuales. Eran como el cebo con que ocultaba su
anzuelo. (a) «Serán abiertos vuestros ojos»; «tendréis mucho mayor poder y
placer de contemplación que el que ahora tenéis; penetraréis en el fondo de las
cosas mucho más hondamente que lo que ahora podéis». (b) «Seréis como Dios»,
«como Elohim, dioses poderosos; no sólo omniscientes, sino también
omnipotentes». (c) «Sabiendo el bien y el mal, esto es, todo cuanto deseéis
conocer.» Para cimentar esta parte de la tentación, abusa del nombre dado a
este árbol: pervierte su sentido, como si éste árbol hubiese de proporcionarles
un conocimiento especulativo completo de la naturaleza clases y orígenes del
bien y del mal. Y (d), todo esto inmediatamente: «El día que comáis de él,
encontraréis un súbito e inmediato cambio a mejor». Con todas estas
insinuaciones, intenta producir en ellos: Primero, descontento con su actual
estado. Segundo, ambición de ser promocionados, como si fueran aptos para ser
dioses.
B) Les insinúa que
Dios no tiene buen designio respecto a ellos, al prohibirles este fruto, como
si no se atreviese a permitirles comer de este árbol porque entonces conocerían
su propia fuerza, y estarían en condiciones de competir con Dios. Ahora bien:
(a) Esto era una gran afrenta a Dios, y la mayor indignidad que podía
hacérsele; un reproche a su poder, como si tuviese miedo de sus criaturas; y,
mucho más, un reproche a su bondad, como si odiase la obra de sus manos y no
quisiese ver felices a los que Él mismo había creado. (b) Fue una peligrosísima
trampa tendida a nuestros primeros padres, pues tendía a enajenar de Dios sus
afectos.