I. El asentamiento
del reino de la naturaleza, al descansar Dios de la obra de la creación (vv.
1-2). Observa aquí: 1. Que las criaturas hechas tanto en el cielo como en la
tierra son puestas bajo disciplina y mandamiento. Cada una conoce y guarda su
sitio. 2. Que los cielos y la tierra son piezas acabadas, completas, y así lo
son todas las criaturas que hay en ellos. 3. Que, después del final de los
primeros seis días, Dios cesó de todas las obras de la creación. Así terminó su
trabajo. En sus milagros, controla la naturaleza, pero nunca ha cambiado el
curso fijo de su obrar. 4. El Dios eterno no reposó como quien está cansado,
sino como quien está satisfecho.
II. El comienzo del
reino de la gracia, en la santificación del día de reposo (v. 3). Observa: 1.
La solemne observancia de un día entre siete, como día de santo reposo y de
santa obra, en honor de Dios, es el deber indispensable de todos aquellos a
quienes Dios ha revelado sus santos días de reposo. 2. Los días de reposo son
tan antiguos como el mundo; y no veo ninguna razón para dudar de que el día de
reposo, al haber sido instituido cuando el hombre se encontraba en estado de
inocencia, fue religiosamente observado por el pueblo de Dios a lo largo de la
era patriarcal. 3. El día del Señor es realmente digno de honor, y tenemos
buenas razones para honrarlo en obediencia a Él. 4. El día de reposo es un día
bendito, porque Dios lo bendijo, y lo que Dios bendice, de cierto queda
bendito. Dios ha prometido salir a nuestro encuentro en tal día y bendecirnos.
5. El día de reposo es un día santo, porque Dios lo ha santificado.