I. Hay aquí un nombre
dado al Creador, con el que aún no habíamos topado, y es Jehová3 el Señor-. A
lo largo del primer capítulo, fue llamado Elohim-un Dios de poder-; pero ahora
Jehová-Elohim-un Dios de poder y perfección, un Dios que perfecciona-. Jehová
es ese grande e incomunicable nombre de Dios que denota el tener el ser en Sí
mismo, y el dar el ser a todas las cosas.
II. Además, se toma
nota de la producción de plantas y hierbas, porque fueron hechas y destinadas
para ser alimento del hombre (vv. 5-6). Observa aquí: 1. La tierra no produjo
sus frutos por sí misma, sino puramente por el poder omnímodo de Dios. Así
también la gracia en el alma, esa planta de renombre, no crece por sí misma en
la tierra de la naturaleza, sino que es obra de las manos mismas de Dios. 2. La
lluvia es también un don de Dios; no descendió hasta que Dios hizo llover sobre
la tierra. 3. De una manera u otra, Dios se va a ocupar de regar las plantas
que É1 mismo ha plantado. Aunque todavía no había lluvia, Dios hizo que subiera
de la tierra un vapor equivalente a una llovizna, para regar con ella toda la
faz de la tierra. La gracia divina desciende como una llovizna o como un rocío
silencioso, y riega la Iglesia sin ruido (v. Dt. 32:2).
III. Viene luego un
relato más detallado de la creación del hombre (v. 7). El hombre es un mundo
pequeño, pues consta de alma y cuerpo, de cielo y tierra. Aquí se nos refiere
el origen de ambos elementos.
1. El origen
inferior, pero de curiosa estructura, del cuerpo humano. (A) La materia era
despreciable. Fue hecho de arcilla del suelo, algo no muy apropiado para formar
de ello un hombre; pero el mismo infinito poder que hizo de la nada el mundo,
hizo al hombre, su obra maestra, de lo más próximo a la nada. No fue hecho de
oro en polvo, ni de diamante triturado, sino de barro común, del polvo de la
tierra. La fábrica de nuestro cuerpo es terrenal, y su modelación parecida a la
de una vasija de arcilla (Job 10:9). ¿Qué hay, pues, en nosotros de que podamos
enorgullecernos? (B) Con todo, el Hacedor era grande, y exquisita la obra que
realizó. De las criaturas se dice que fueron creadas y hechas pero el hombre
fue modelado, lo que denota un proceso gradual de la obra con gran exactitud y
precisión. La manufactura superó con mucho a los materiales. Presentemos a Dios
nuestros cuerpos como sacrificio vivo (Ro. 12:1).
2. El elevado origen
y la admirable utilidad del alma humana. (A) Surgió de un aliento celestial. No
fue hecha de la tierra, como lo fue el cuerpo; procedió directamente de Dios.
Que el alma que Dios alentó en nuestro interior, aliente hacia Él y para É1.
Encomendemos en sus manos nuestro espíritu, pues de sus manos lo hemos
recibido. (B) El hombre es lo que es su alma. El cuerpo carecería de valor y
utilidad, sería asquerosa carroña, si el alma no lo animase. Puesto que la
producción del alma fue tan noble, y tan excelentes su naturaleza y sus
facultades, no seamos como esos locos que desprecian su propia alma al preferir
a su cuerpo (Pr. 15:32). El que hizo el alma es el único capaz de renovarla.