Inmediatamente, Dios
procede a pronunciar sentencia; y, en estos versículos, comienza por la
serpiente (por donde comenzó el pecado), porque ésta era ya convicta de
rebelión contra Dios.
I. La sentencia
pronunciada contra el tentador podría considerarse como dirigida a la
serpiente. Los instrumentos del diablo deben compartir los castigos del diablo.
Ahora bien: 1. La serpiente es puesta aquí bajo la maldición de Dios: Maldita
serás entre todas las bestias. Una astucia no santa muestra muchas veces ser
una gran maldición para el hombre, y cuanto más astutos son los hombres para
hacer el mal, tanto mayor es el daño que producen. 2. Es puesta aquí bajo el
vituperio y enemistad de parte del hombre. (A) Va a ser mirada siempre como una
criatura vil y despreciable. Su crimen fue tentar a Eva a comer lo que no
debía; su castigo fue tener que comer lo que no quería: Polvo comerás. (B) Va a
ser mirada siempre como una criatura nociva y venenosa, y un objeto digno de
odio y detestación. La serpiente es dañosa para el hombre, y a veces le hiere
en el talón porque no puede llegar más arriba; más aún, nos es presentada como
mordiendo los talones al caballo (Gn. 49:17). Pero el hombre sale victorioso de
la serpiente y la hiere en la cabeza, esto es, le asesta una herida mortal, con
ánimo de destruir toda la generación de víboras. Esta sentencia pronunciada
sobre la serpiente queda muy fortalecida por la promesa de Dios a su pueblo:
Sobre el león y el áspid pisarás (Sal. 91:13), y por la de Cristo a sus
discípulos: Tomarán serpientes en sus manos (Mr. 16:18). Observa aquí que la
serpiente y la mujer se habían tratado recientemente con mucha familiaridad y
amistad conversando sobre el fruto prohibido, y que ambos llegaron a un
admirable acuerdo; pero aquí aparecen irreconciliablemente enfrentados. Nótese
cómo las amistades pecaminosas acaban justamente en enemistades mortales; los
que se unen en la maldad no estarán unidos por mucho tiempo.
II. Esta sentencia
puede considerarse como dirigida contra el diablo, el cual hizo uso de la
serpiente sólo como vehículo en que aparecerse, siendo él el agente principal.
1. Un perpetuo
improperio queda aquí fijado sobre este gran enemigo de Dios y del hombre. Bajo
la cobertura de la serpiente, queda aquí él sentenciado a ser: (A) Degradado y
maldecido por Dios. ¡Cómo caíste, oh Lucifer! (Is. 14:12). El que quería estar
por encima de Dios, y encabezó una rebelión contra Él, es justamente expuesto
aquí a desprecio, y Dios humilla a quienes no quieren humillarse a sí mismos.
(B) Detestado y aborrecido por toda la humanidad. Aquí es condenado a un estado
de guerra y de enemistad irreconciliable. (C) Destruido y arruinado, al fin,
por el gran Redentor, indicado por el herirle en la cabeza. Su astuta política
quedará frustrada toda ella, y su poder usurpado quedará enteramente aplastado.
2. Comienza aquí una
perpetua pendencia entre el reino de Dios y el reino del diablo entre los
hombres. Fruto de esta enemistad es: (A) El continuo conflicto entre la gracia
y el cieno en el corazón de los hijos de Dios. (B) La continua lucha que existe
en este mundo entre los impíos y los piadosos.
3. Aquí se hace una
misericordiosa promesa acerca de Cristo, como el liberador del hombre caído del
poder de Satanás. La oyeron ya nuestros primeros padres, quienes, sin duda,
vieron que se les abría una puerta de esperanza. Ésta fue la aurora del día del
Evangelio. Tan pronto como se produjo la herida, fue provisto y revelado el
remedio. Se les notifican aquí tres cosas con respecto a Cristo: (A) Su
encarnación, pues había de ser la simiente de la mujer, la simiente de esa
mujer; por eso, su genealogía en Lucas 3 se remonta hasta mostrar que es hijo
de Adán, pero Dios otorga a la mujer el honor de llamarle más bien simiente de
ella, porque era ella a quien el diablo había engañado y a quien Adán había
echado la culpa; en lo cual Dios engrandece su gracia, ya que, aunque la mujer
fue la primera en la transgresión, será salva criando hijos (como algunos
leen), esto es, mediante la simiente prometida que descenderá de ella (1. Ti.
2:15). Igualmente iba a ser simiente sólo de mujer, de una virgen. (B) Sus
padecimientos y su muerte, indicados por la herida producida en su talón por
Satanás, esto es, en su naturaleza humana. Satanás tentó a Cristo en el
desierto para hacerle caer en pecado; y algunos piensan que fue Satanás el que
aterrorizó a Cristo en su agonía para llevarlo a la desesperación. Fue el
diablo quien puso en el corazón de Judas traicionar a Cristo, en el de Pedro
para negarle, en el de los principales sacerdotes para procesarle, en el de los
falsos testigos para acusarle, y en el de Pilato para condenarle teniendo en
todo esto el objetivo de arruinar la salvación al destruir al Salvador; pero,
por el contrario, fue por medio de su muerte como Cristo anuló al que tenía el
dominio de la muerte (He. 2:14). El talón de Cristo fue herido cuando sus pies
fueron traspasados y clavados en la cruz, y los sufrimientos de Cristo se
continúan en los sufrimientos de los santos por su nombre (Col. 1:24). El
diablo les tienta, los echa en la cárcel, les persigue y mata, y así hiere el
talón de Cristo, quien es afligido en las aflicciones de ellos. Pero, mientras
el talón es herido en la tierra, es bueno que la cabeza esté a salvo en el
Cielo. (C) Su consiguiente victoria sobre Satanás. Satanás había ahora
insultado y pisoteado a la mujer; pero la simiente de la mujer había de surgir
en el cumplimiento del tiempo para triunfar sobre él (Col. 2:15). Le herirá en
la cabeza, esto es, destruirá todas sus tácticas y todos sus poderes, y
trastornará totalmente su reino y sus intereses. Cristo frustró las tentaciones
de Satanás; con su muerte, asestó un golpe mortal al reino del diablo, una
herida en la cabeza de esta bestia, que nunca será curada.