Génesis 3:6

Satanás, a la larga, alcanza su objetivo, y la fortaleza es tomada por sus artimañas.

I. Alicientes que les indujeron a transgredir. 1. No vieron daño alguno en este árbol, más que en ninguno de los restantes. Les pareció tan bueno como cualquier otro alimento de él, y ¿por qué les había de estar prohibido éste más bien que cualquier otro? A veces caemos en trampas traicioneras por un deseo desordenado de dar satisfacción a nuestros sentidos. Fue tanto más codiciado, precisamente por estar prohibido. En nosotros (esto es, en nuestra carne, en nuestra naturaleza corrompida) mora un extraño espíritu de contradicción. Nitimur in vetitum (Deseamos lo que está prohibido). 2. Eva se imaginó que había mayor virtud en este árbol que en cualquier otro, que no sólo no tenía por qué ser temido sino que era codiciable para alcanzar la sabiduría. Nótese cómo el deseo de un conocimiento innecesario bajo una falsa noción de sabiduría, demuestra ser dañino y destructivo para muchos. Nuestros primeros padres, que sabían tanto, no supieron esto-que ya sabían bastante.


II. Los peldaños de la transgresión, no hacia arriba, sino hacia abajo. 1. Vio. Debió haber apartado sus ojos de contemplar vanidad; pero se mete en la tentación y mira con placer el fruto prohibido. Observa que muchos pecados entran por los ojos. 2. Tomó. Fue un acto de su propia iniciativa. No fue el diablo el que lo tomó y se lo puso a ella en la boca, de grado o por fuerza sino que ella misma lo tomó. Satanás puede tentar, pero no puede forzar; puede persuadirnos a que nos arrojemos al vacío pero no puede arrojarnos él mismo (Mateo 4:5-6). 3. Comió. Quizá, cuando lo miró, no intentaba tomarlo; ni, cuando lo tomó, pretendía comerlo; pero éste fue el resultado. Nótese que el camino del pecado es hacia abajo; una persona no puede pararse en él cuando quiere.

Hay que suprimir las primeras emociones del pecado y dejarlo antes de entretenerse con él. Principiis obsta (Destruye la maldad en su germen). 4. Y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Ella se lo dio, persuadiéndole con los mismos argumentos que la serpiente había usado con ella, y añadió que ella misma había comido de él y había encontrado que, lejos de ser mortífero, era extremadamente placentero y agradable. Como lo fue el diablo, así también Eva, tan pronto como fue pecadora, fue también una tentadora. 5. Él comió, vencido por la importunidad de su esposa. Al desdeñar el árbol de la vida, del cual le estaba permitido comer, y comer del árbol del conocimiento que le estaba prohibido, claramente mostró desprecio de los favores que Dios le había otorgado, y una preferencia por lo que Dios sabía que no era adecuado para él. Quería ser el escultor y dueño de sí mismo, tener y hacer lo que le pluguiese; su pecado fue, en una palabra, de desobediencia (Ro. 5:19). Al estar la naturaleza humana enteramente contenida en nuestros primeros padres, ya no podía ser transmitida por ellos de ahí en adelante, sino bajo imputación de culpabilidad, mancha de deshonra y enfermedad hereditaria de pecado y corrupción. ¿Podemos, pues, decir que el pecado de Adán no entrañaba mucho daño?