Satanás, a la larga,
alcanza su objetivo, y la fortaleza es tomada por sus artimañas.
I. Alicientes que les
indujeron a transgredir. 1. No vieron daño alguno en este árbol, más que en
ninguno de los restantes. Les pareció tan bueno como cualquier otro alimento de
él, y ¿por qué les había de estar prohibido éste más bien que cualquier otro? A
veces caemos en trampas traicioneras por un deseo desordenado de dar
satisfacción a nuestros sentidos. Fue tanto más codiciado, precisamente por
estar prohibido. En nosotros (esto es, en nuestra carne, en nuestra naturaleza
corrompida) mora un extraño espíritu de contradicción. Nitimur in vetitum
(Deseamos lo que está prohibido). 2. Eva se imaginó que había mayor virtud en
este árbol que en cualquier otro, que no sólo no tenía por qué ser temido sino
que era codiciable para alcanzar la sabiduría. Nótese cómo el deseo de un
conocimiento innecesario bajo una falsa noción de sabiduría, demuestra ser
dañino y destructivo para muchos. Nuestros primeros padres, que sabían tanto,
no supieron esto-que ya sabían bastante.
II. Los peldaños de
la transgresión, no hacia arriba, sino hacia abajo. 1. Vio. Debió haber
apartado sus ojos de contemplar vanidad; pero se mete en la tentación y mira
con placer el fruto prohibido. Observa que muchos pecados entran por los ojos.
2. Tomó. Fue un acto de su propia iniciativa. No fue el diablo el que lo tomó y
se lo puso a ella en la boca, de grado o por fuerza sino que ella misma lo
tomó. Satanás puede tentar, pero no puede forzar; puede persuadirnos a que nos
arrojemos al vacío pero no puede arrojarnos él mismo (Mateo 4:5-6). 3. Comió.
Quizá, cuando lo miró, no intentaba tomarlo; ni, cuando lo tomó, pretendía
comerlo; pero éste fue el resultado. Nótese que el camino del pecado es hacia
abajo; una persona no puede pararse en él cuando quiere.
Hay que suprimir las
primeras emociones del pecado y dejarlo antes de entretenerse con él.
Principiis obsta (Destruye la maldad en su germen). 4. Y dio también a su
marido, el cual comió así como ella. Ella se lo dio, persuadiéndole con los
mismos argumentos que la serpiente había usado con ella, y añadió que ella
misma había comido de él y había encontrado que, lejos de ser mortífero, era
extremadamente placentero y agradable. Como lo fue el diablo, así también Eva,
tan pronto como fue pecadora, fue también una tentadora. 5. Él comió, vencido
por la importunidad de su esposa. Al desdeñar el árbol de la vida, del cual le
estaba permitido comer, y comer del árbol del conocimiento que le estaba
prohibido, claramente mostró desprecio de los favores que Dios le había
otorgado, y una preferencia por lo que Dios sabía que no era adecuado para él.
Quería ser el escultor y dueño de sí mismo, tener y hacer lo que le pluguiese;
su pecado fue, en una palabra, de desobediencia (Ro. 5:19). Al estar la
naturaleza humana enteramente contenida en nuestros primeros padres, ya no
podía ser transmitida por ellos de ahí en adelante, sino bajo imputación de
culpabilidad, mancha de deshonra y enfermedad hereditaria de pecado y
corrupción. ¿Podemos, pues, decir que el pecado de Adán no entrañaba mucho
daño?