Al constar el hombre
de cuerpo y alma, de un cuerpo formado de la tierra y de un alma racional e
inmortal que procede de un aliento celestial, vemos en estos versículos la
provisión preparada para la felicidad de ambos; el que los formó se cuidó de
hacerle feliz si el hombre se hubiese conservado así y lo hubiese reconocido
cuando lo era.
I. Primero vemos una
descripción del jardín del Edén, que estaba destinado a ser mansión y casa
solariega de este gran señor, el palacio de este príncipe. El inspirado
hagiógrafo, en esta historia, escribe en primer lugar para los judíos, y aplica
su narración al estado infantil de la Iglesia, describe las cosas por su
apariencia exterior y sensible, y deja que, por ulteriores descubrimientos,
merced a la luz divina seamos guiados a la comprensión de los misterios
encubiertos bajo ese exterior. Por eso no insiste en la felicidad de la mente
de Adán tanto como en la de su condición exterior.
1. El lugar destinado
para residencia de Adán era un jardín o huerto; no una casa de marfil ni un
palacio sobrecargado de oro, sino un huerto surtido y adornado por la
naturaleza, no por el arte. El cielo era el techo de la casa de Adán y nunca
hubo otro techo tan curiosamente cubierto y pintado. La tierra era su suelo, y
nunca hubo otro suelo tan ricamente pavimentado. La sombra de los árboles era
su cámara interior; debajo de ellos estaban sus comedores, sus aposentos, y
nunca hubo habitaciones tan finamente tapizadas como éstas; ni las de Salomón,
en el esplendor de su gloria estaban ataviadas así. La naturaleza se contenta
con poco y con lo más natural; la gracia, con menos; pero la concupiscencia,
con nada.
2. Los utensilios y
el mobiliario de esta mansión eran obra directa de la sabiduría y del poder de
Dios. El Señor Dios planeó este jardín. Ningún deleite puede ser agradable ni
satisfactorio para un alma, sino el que Dios mismo ha provisto y destinado para
ella; no hay verdadero paraíso que no sea plantación de Dios.
3. La situación de
este huerto era sobremanera excelente. Estaba en Edén, que significa deleite y
placer. El lugar está aquí particularmente indicado mediante las señales y
límites que resultaban suficientes. Preocupémonos de asegurarnos un lugar en el
paraíso celestial, y no necesitaremos atormentarnos en la laboriosa búsqueda
del lugar en que se encontraba el paraíso terrenal.
4. Los árboles
plantados en este huerto. (A) Tenía los árboles mejores y más escogidos. Dios,
como tierno Padre, no sólo miró por el provecho de Adán, sino también por su
deleite; pues hay un deleite compatible con la inocencia; es más, hay en la
inocencia un placer verdadero y trascendente. Pero (B) tenía dos árboles
extraordinarios y exclusivos; no los había iguales en la tierra. (a) Estaba el
árbol de la vida en medio del huerto, el cual estaba destinado a ser señal y
sello para Adán, asegurándole la continuidad de la vida y de la felicidad, para
vida inmortal y eterna beatitud, mediante la gracia y el favor de su Hacedor,
bajo condición de perseverar en este estado de inocencia y obediencia. De éste
podía comer y así vivir. Cristo es ahora para nosotros el árbol de la vida (Ap.
2:7; Ap. 22:2).4 (b) Estaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, así
llamado, no por tener en sí virtud alguna para engendrar o incrementar un
conocimiento útil, sino en primer lugar, porque había una expresa y positiva
revelación de la voluntad de Dios concerniente a este árbol, de manera que, por
medio de él, pudiese conocer el bien y el mal morales. ¿Qué es bueno? Es bueno
no comer de este árbol. ¿Qué es malo? Es malo comer de este árbol. La
distinción entre cualquier otro bien y mal morales fue escrita por la
naturaleza en el corazón del hombre; mas ésta, resultante de una ley positiva,
fue escrita sobre este árbol. En segundo lugar, porque en este caso, el hecho
fue que demostró dar a Adán un conocimiento experimental del bien por la
pérdida de él, y del mal al sentirlo dentro de sí. Como el pacto de gracia
comporta no sólo creer y ser salvo, sino también no creer y ser condenado (Mr.
16:16), así el pacto de inocencia comprendía no sólo «Haz esto y vivirás»,
sellado y confirmado por el árbol de la vida, sino también «Falta a esto y
morirás» de lo cual Adán estaba cierto por este otro árbol. Así que, mediante
estos dos árboles, Dios puso ante él el bien y el mal, la bendición y la
maldición (Dt. 30:19).