Hasta ahora el poder
del Creador se había desplegado sobre la parte más alta del mundo visible; se
había encendido la luz del Cielo, y quedaba fijado el firmamento de los cielos;
ahora desciende a este mundo inferior, a la tierra, que fue designada para los
hijos de los hombres, designada tanto para su habitación como para su
sostenimiento; y aquí tenemos un relato de su adaptación para ambos objetivos,
la edificación de su casa y el ponerles la mesa.
I. Vemos primero cómo
fue preparada la tierra para que fuese mansión del hombre, mediante la reunión
de las aguas en un lugar y hacer que apareciese la tierra seca. 1. Se ordenó a
las aguas que habían cubierto la tierra que se retirasen y se reuniesen en un
lugar. A las aguas así reunidas las llamó mares. Las aguas y los mares
significan, a menudo en las Escrituras apuros y aflicciones (Sal. 42:7; Sal. 69:2;
Sal. 69:14-15). El pueblo mismo de Dios no está exento de ello en este mundo;
pero es un consuelo para ellos el que son sólo aguas bajo el cielo (ninguna en
el cielo), y que están todas en el lugar que Dios les ha fijado y dentro de los
límites que les ha puesto. 2. Se ordenó a la tierra seca aparecer y emerger de
las aguas, y fue llamada tierra, y dada a los hijos de los hombres. Parece ser
que la tierra existía ya antes, pero no servía para nada porque estaba debajo
del agua. Así pasa con muchos dones de Dios, que son recibidos en vano, porque
están enterrados; haced que emerjan y se volverán útiles para algún servicio.
II. Vemos después
cómo fue amueblada la tierra para mantenimiento y sostén del hombre (vv.
11-12). Hubo así provisiones a mano mediante la inmediata producción de la
recientemente emergida tierra. Se hizo fructífera, y produjo hierba para el
ganado y hortalizas para servicio del hombre. Igualmente se aseguró la
provisión para el futuro, al tener cada vegetal su semilla según su género,
para que, mientras perdurase en el mundo la especie humana, pudiese sacarse de
la tierra el alimento necesario para su uso y beneficio. Observa aquí: 1. Que
no sólo la tierra es del Señor, sino también lo que la llena, y que Él es el
dueño legal y el soberano que puede disponer de ella y de todo su mobiliario.
La tierra estaba vacía (v. 2), pero ahora, con una sola palabra, se ha vuelto
llena de las riquezas de Dios. 2. Que la providencia ordinaria es una continua
creación, y en ella nuestro Padre trabaja ahora. La tierra está todavía bajo la
eficacia de su mandato para que produzca hierba, hortalizas y sus productos
anuales. Ellos son ejemplo evidente del incansable poder y de la inexhausta
bondad del gran Hacedor y Dueño del mundo. 3. Que aunque Dios, ordinariamente,
emplea la agencia de las causas segundas de acuerdo con su naturaleza, no las
necesita sin embargo, y no está atado a ellas. 4. Que es bueno proveernos de
las cosas necesarias antes que tengamos ocasión de usarlas: antes que fuesen
hechos los animales y el hombre, ya había hierba y hortalizas preparadas para
ellos. 5. Que Dios debe tener la gloria por todo el beneficio que recibimos de
los productos de la tierra.