La sentencia
pronunciada contra Adán, precedida de un resumen de la causa.
I. Dios resalta su
desagrado sobre Adán en tres aspectos:
1. Queda maldita, con
esta sentencia, la morada terrenal de Adán. Maldito es el suelo de la tierra
por tu causa; y el efecto de esta maldición es: Espinos y cardos te producirá.
Los frutos buenos que la tierra pueda producir de aquí en adelante, habrán de
ser extraídos mediante el ingenio y el esfuerzo del hombre. Sin embargo, esta
sentencia alberga también su dosis de misericordia, porque: (A) Adán en persona
no es maldecido como lo fue la serpiente (v. 14). Dios tenía bendiciones
reservadas para él. (B) Adán queda aún por encima del suelo. La tierra no abre
su boca para tragárselo, a pesar de que se ha degradado de su primitiva belleza
y fructuosidad.
2. Todos sus
quehaceres y deleites le quedan amargados.
A) Su trabajo será
desde ahora fatigoso, pues habrá de comer su pan con el sudor de su rostro (v.
19). Su ocupación, antes de pecar, era para él un placer constante; el huerto
estaba entonces bien aderezado sin fatiga ni dificultad. Si Adán no hubiese
pecado, no habría sudado. El trabajo es un deber que debemos cumplir fielmente.
B) Su alimento será
de aquí en adelante (compárese con su estado anterior) difícil y desagradable
de conseguir. Con dolor (v. 17) y con el sudor de su rostro (v. 19), habrá de
comerlo. Todos, incluso los más felices de este mundo, tendrán algunas
mitigaciones para sus goces: ejércitos de enfermedades, desastres y
mortandades, de diversas formas, entraron en el mundo con el pecado, y siguen
saqueándolo. Pero, también en esta parte de la sentencia hay alguna dosis de
misericordia. Sudará, pero su fatiga hará más acogedor su descanso; cuando
vuelva a su tierra como a su lecho lo pasará mal, pero no se morirá de hambre;
tendrá dolores, pero con este dolor comerá su pan, lo cual fortalecerá su
corazón bajo sus penas.
3. Su vida también
será corta. Teniendo en cuenta lo llenos de problemas que estarán sus días, le
será un favor el que sean pocos. Pero, aunque la vida resulte desagradable, la
muerte, tan terrible para la naturaleza humana, será la culminación de su
sentencia: «Volverás a la tierra, porque de ella fuiste tomado»; tu cuerpo, esa
parte de ti que fue tomada de la arcilla del suelo, volverá a su lugar de
origen; porque eres polvo. «Tu cuerpo será abandonado por tu alma, y se
convertirá en un montón de escombros; y será alojado en la tumba, que es el
lugar que le corresponde, para que se mezcle con el polvo de la tierra» nuestro
polvo (Sal. 104:29). La tierra, a la tierra; el polvo, al polvo. Nótese aquí
que: (A) El hombre es una vil y frágil criatura, pequeña como polvo, el
insignificante polvo puesto en la balanza; ligera como polvo más leve que la
leve vanidad; y débil como polvo, sin consistencia alguna; (B) Es una criatura
mortal y moribunda. El hombre más grande no es más que una gran masa de polvo,
y debe volver a la tierra; (C) El pecado introdujo la muerte en el mundo. Si
Adán no hubiese pecado, no habría muerto (Ro. 5:12).
II. No debemos perder
de vista esta sentencia pronunciada sobre nuestros primeros padres, sin haber
antes considerado dos cosas: 1. Cuán aptamente están representadas las tristes
consecuencias del pecado sobre el alma de Adán y sobre su raza pecadora. Aunque
sólo se mencionan las miserias que afectan al cuerpo, sin embargo eran una
muestra de las miserias espirituales, y así la maldición entró en el alma. (A)
Los dolores de parto de una mujer representan los terrores y angustias de una
conciencia culpable, despertada al sentimiento del pecado. (B) El estado de
sujeción al que la mujer quedó reducida representa la pérdida de la libertad
espiritual y el deterioro del libre albedrío, que son efecto del pecado. (C) La
maldición de esterilidad pronunciada sobre la tierra y su consiguiente
producción de espinos y cardos son una representación adecuada de la
esterilidad para todo lo bueno y de la fertilidad para todo lo malo que son las
condiciones de un alma corrupta y pecadora. (D) La fatiga y el sudor nos hablan
de la dificultad que el hombre experimenta, a causa de la debilidad de la
carne, en el servicio de Dios y en el ejercicio de la piedad.
2. Cuán
admirablemente dio la réplica a esta sentencia pronunciada contra nuestros
primeros padres la satisfacción que el Señor Jesús realizó mediante sus
sufrimientos y su muerte. (A) ¿Entraron con el pecado dolores de parto? Leemos
en Isaías 53:11 de la aflicción del alma de Cristo. (B) ¿Vino con el pecado la
sujeción? Cristo fue puesto bajo la ley (Gá. 4:4). (C) ¿Llegó con el pecado la
maldición? Cristo fue hecho por nosotros maldición, murió de una muerte maldita
(Gá. 3.13). (D) ¿Entraron con el pecado las espinas? Él fue coronado de espinas
por nosotros. (E) ¿Entró con el pecado el sudor? Él sudó por nosotros como
grandes grumos de sangre. (F) ¿Vino con el pecado el dolor? Él fue varón de
dolores; su alma estaba, en su agonía, abrumada de una tristeza mortal. (G)
¿Entró con el pecado la muerte? Él se hizo obediente hasta la muerte. Así, el
vendaje curativo resulta más ancho todavía que la herida producida por el
pecado. ¡Bendito sea Dios por nuestro Señor Jesús!