El emplazamiento de
estos desertores delante del justo Juez.
I. La alarmante
pregunta con que Dios acosó a Adán y le detuvo: ¿Dónde estás tú? No, en qué
lugar, sino en qué condición. «¿Es esto todo lo que has conseguido por comer
del fruto prohibido?»
Nota: 1. Esta demanda
hecha a Adán podría considerarse como una benévola persecución, como una
fineza, a fin de restaurarle.
Nota: 2. Si los
pecadores considerasen bien dónde se encuentran no descansarían hasta volverse
a Dios.
II. La temblorosa
respuesta que Adán dio a dicha pregunta: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo
(v. 10). No se responsabiliza de su culpa, pero, sin embargo, la confiesa de
algún modo al expresar su miedo y su vergüenza.