Relato de la obra del
segundo día, la creación del firmamento, en lo cual observa: 1. El mandato de
Dios acerca de él: Haya expansión, ya que ésta es la palabra hebrea para
firmamento, y significa una sábana extendida o una cortina corrida. Este
firmamento no es un muro de separación, sino un medio de comunión. (V. Job 26:7;
Job 36:18; Sal. 104:3; Am. 9:6)
2. Su creación. Para
que no parezca que Dios mandó hacerlo, pero que algún otro lo hizo, añade: E
hizo Dios la expansión. Lo que Dios demanda de nosotros, Él mismo lo produce en
nosotros, de lo contrario, no llega a hacerse. El que ordena tener fe, amor y
santidad, crea todo eso con el poder de su gracia al unísono de su palabra. 3.
Su uso y finalidad-y separe las aguas de las aguas, esto es, para distinguir
entre las aguas que están arropadas en las nubes y las que cubren el mar-. Dios
posee, en el firmamento de su poder cámaras y despensas desde las que riega la
tierra. ¡Oh, qué gran Dios es Él, que así provee para el bienestar de todos los
que le sirven!
4. Le puso nombre: Y
llamó Dios a la expansión Cielos. Es el Cielo que vemos, pavimento de la santa
ciudad; se nos dice que Dios tiene su trono encima del firmamento (Ez. 1:26).
Por la contemplación de los cielos que están a nuestra vista, deberíamos ser
guiados a considerar a nuestro Padre que está en los cielos. La altura de los
cielos debería recordarnos la supremacía de Dios y la infinita distancia que
hay entre nosotros y Él; el resplandor y la pureza de los cielos debería
recordarnos Su gloria, majestad y perfecta santidad; la extensión de los cielos
que envuelven a la tierra y la influencia que tienen sobre ella debería
recordarnos Su inmensidad y Su providencia universal.