Tenemos aquí un
sencillo, pero completo, informe de la creación del mundo-en respuesta a
aquella antigua pregunta «¿Dónde está Dios, mi Hacedor?»-. Respecto a esto, los
filósofos paganos disparataron miserablemente, algunos afirmaron la eternidad
de un mundo existente por sí mismo, y otros atribuyeron su existencia al
concurso fortuito de los átomos; así, «el mundo no conoció a Dios mediante la
sabiduría» (1 Co. 1:21), pero se echó a cuestas un gran cúmulo de desgracias al
perderlo de vista.
La Sagrada Escritura,
la Divina Revelación escrita, establece, desde el comienzo, este principio: Que
este mundo fue creado, al par que el tiempo, por un Ser de sabiduría y poder
infinitos, el cual existía ya antes de todo tiempo y antes que todos los
mundos. El primer versículo de la Biblia nos da del origen del Universo un
conocimiento más seguro y mejor, más satisfactorio y útil, que todos los
volúmenes de los filósofos.
En este capítulo
podemos apreciar: I. Una idea general sobre la obra de la creación (vers. 1 y
2). II. Una referencia detallada de la obra de los distintos días registrada,
como en un Diario, de una manera clara y ordenada (vers. 3-30). III. El resumen
y la aprobación de toda la obra (v. 31).