El proverbio es un
refrán o dicho común que es verdad en sí, pero que expresa una regla general en
forma concreta. Se usa el proverbio para señalar una situación parecida a la
que se expresa en el proverbio. Sin embargo, el libro de los Proverbios no
indica la manera en que se deben aplicar, sino como palabras de sabiduría
encapsuladas. Vienen a ser reglas prácticas para la vida diaria.
Pero los proverbios
no siempre se aplican tan fácilmente como pudiéramos creer. Charles Gore nos
advierte que “el proverbio jamás podría aceptarse como regla de acción
constante”, (porque) “expresa en forma absoluta y extremada algún principio de
acción común, pero no universal”
Los proverbios se
encuentran en muchas partes de la Biblia, y no solamente en el libro que lleva
este nombre. Eran usados en el habla común, como en nuestros tiempos. Mateo
15:26 es un caso que apoya este punto. Respondiendo a la mujer cananea que
pidió a Jesús que sanara a su hija, dijo:
No está bien tomar el
pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
El Señor no dijo esto
para ofenderla, ni para insinuar que ella era de los “perrillos”. Lo dijo más
bien para decirle que no era tiempo todavía de atender a los gentiles, antes de
que los judíos tuvieran su oportunidad de aceptar el evangelio. Pero lo dijo mediante
un proverbio común. Jesús fue enviado a su propia nación, y los judíos debían
recibir su ministerio antes que el evangelio fuera predicado en las otras
naciones. Si los gentiles fueran atendidos primero, sería como quitar el pan a
los niños para darlo a los perros.
La mujer no se sintió
ofendida porque entendió el proverbio. Sin embargo, lo usó para su propia
ventaja. Sabía que los niños dejaban caer pedazos del pan—migajas—y los perros,
debajo de la mesa, se las comían. Respondió:
Sí, Señor; pero aun
los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Ella reconocía la
verdad del proverbio, y aceptaba el derecho de los judíos para oír primero el
mensaje de salvación. Sin embargo, insistió en una excepción: que como los
perros comen las migajas, una mujer cananea bien podría recibir una pequeña
bendición mientras que los judíos siguieran oyendo el mensaje del Señor.
Si el intérprete no
reconoce la presencia del proverbio en esta conversación, las palabras del
Señor pueden causar ofensa a muchas personas. Porque si Jesús llamara a esta
mujer cananea “una perra”, sería una contradicción del espíritu benigno de todo
su ministerio.
PARA EL ESTUDIANTE
Examine los
siguientes enigmas y procure entender la verdad contenida en cada uno. Escriba
la enseñanza en una sola oración: Juan 14:12, 19, 23; 15:26; 16:16.
Examine cada uno de
los proverbios que siguen, y luego exprese la verdad contenida en cada uno: 1
Samuel 10:11, 12; 24:13; Isaías 37:3; Ezequiel 16:44; Lucas 4:23; 10:11, 12.